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Las velas son el principal reclamo de la Luna Mora de Guaro. Fernando Torres

Guaro enciende las últimas luces del verano

El XXII Festival de la Luna Mora vuelve a reunir a miles de personas rendidas ante el hechizo de las velas y el detalle de sus rincones

Domingo, 9 de septiembre 2018, 00:33

«Va a ser una experiencia increíble». Dos chicas con un inglés claramente británico caminan alegres desde un coche de alquiler hacia una cola que conduce a varios autobuses. Están en una explanada entre Guaro y Coín, que este fin de semana ha hecho las veces de aparcamiento –y primera parada– del XXII Festival de la Luna Mora de Guaro. Cientos de personas esperan pacientemente para ascender los escasos ocho kilómetros que separan al visitante de las últimas luces del verano, una cita artesanal, gastronómica y musical que cada septiembre convierte esta pequeña localidad de la Sierra de las Nieves en una gran villa dedicada a la cultura.

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En el autobús, María y Juan (de Ronda y Cádiz respectivamente) planifican la que será su primera incursión en el festival. «Nunca hemos venido aunque nos lo llevan recomendando muchos años; este nos hemos decidido». Van equipados con un móvil en el que ella consulta el programa del viernes, una oferta coronada por Niña Pastori la primera noche y Triana en la de ayer (actuación que se pospuso hasta el próximo viernes), dos apuestas musicales destinadas a empastar el cruce de culturas que quiere reflejar la Luna Mora.

Al bajar del autobús y poner los pies en Guaro, lo primero que llama la atención es la ausencia de luces eléctricas. El sello distintivo de la cita, las velas, alumbran desde el suelo y dibujan el camino del visitante, además de servir de reclamo. En el acceso al municipio, varias formas brillantes sorprenden por su tamaño y precisión: una mano de Fátima, círculos y un pentagrama invitan al recién llegado a inmortalizar la estampa. Desde ahí es sencillo disfrutar de la velada. Basta con seguir las luces que se dividen en dos caminos, uno más corto plagado de puestos gastronómicos, y otro que serpentea hacia lo alto de la villa, donde el auditorio de la Luna Mora espera a su público.

Arriba, puestos artesanales. Abajo, una de las calles de Guaro convertida en villa medieval y cocina tradicional en Guaro. Fernando Torres

Callejeando, las dos chicas inglesas que charlaban en la cola del autobús confirman que la odisea ha merecido la pena. «No conocíamos nada de esto, lo hemos visto por Facebook y hemos venido de aventura». Llevan un año viviendo en San Pedro de Alcántara y ya se sienten dos guareñas más. Comentan la calidad de detalles, cuidados de principio a fin: no hay puestecillo, esquina o edificio que no esté decorado al estilo medieval. Telas con medias lunas, estrellas, banderolas al estilo feudal y un vestuario extremadamente cuidado por parte de todos los participantes. Hasta el último tendero es consciente de la importancia del detalle si quiere formar parte de la ambientación.

Pero la Luna Mora no está pensada únicamente para los visitantes, y quizá ahí reside su éxito. En la puerta del número uno de la callejuela que conduce a la plaza de Abastos se sientan José Antonio, su cuñada Sofía, la pequeña María (de cinco años) y un perro pachón llamado Eñe. «La puerta siempre está abierta durante todo el año, pero esta noche es especial», explica él. Los oriundos de Guaro viven su luna con un cariño especial: «Las velas las preparamos entre todos, los niños participan y nos ayudamos entre los vecinos». Sofía, que no es malagueña, confiesa que es la primera vez que acude pese a ser pareja de un guareño. «Me parece una cosa preciosa, merece la pena». Muchos de los forasteros comentan con ellos, preguntan si «van bien» para llegar al auditorio y algunos de los niños se atreven a acariciar a Eñe, que parece acostumbrado a las multitudes. «Me han dejado encender las velas», comenta María, orgullosa, en representación del esmero y el tesón con el que la localidad organiza su fin de semana.

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Calle arriba, todos los comercios locales, además de los itinerantes, están abiertos y por lo general llenos. Desde el estanco a la confitería, con sus velas correspondientes y otros motivos que recuerdan que este fin de semana es de todos, una seña de identidad de la que el municipio se siente orgulloso y que, pese a la lluvia, volvió a ser un éxito. Cada Luna Mora, esta pequeña localidad demuestra que el turismo y las tradiciones pueden convivir si las cosas se hacen con buen gusto e implicando a toda la población.

Pastori encandila a los suyos y la lluvia obliga a los fans de Triana a esperar una semana

Niña Pastori decidió pasar por Guaro durante su gira 'Bajo tus alas', un recorrido que comparte nombre con su último disco de estudio. El pasado viernes protagonizó el momento álgido del fin de semana. «Buenas noches, ¿cómo estáis? Muchas gracias por estar aquí en este lugar mágico, en esta tierra que yo quiero tanto», dijo la gaditana tras entonar una canción de su nueva hornada, seguida del clásico 'Una moneda tiré yo al agua'. El segundo plato musical fuerte del festival eran los sevillanos de triana. Sin embargo, las lluvias de ayer impidieron que el concierto se pudiera celebrar y se haya tenido que posponer al próximo viernes.

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