«Querido Blair, Gamel murió esta mañana a las 10.40 a.m.» Era el 18 de enero de 1968. Gerald Brenan escribía a su ... hermano desde Churriana para comunicarle el fatal desenlace y desahogar la tensión acumulada tras ocho largos días de agonía. En ese momento no habla el autor de éxitos como 'El laberinto español' y 'Al sur de Granada', quien firma es un hombre agotado y destrozado por la pérdida de la que había sido su compañera durante más de 30 años. Esa carta y muchas otras regresan ahora al lugar de donde salieron hace medio siglo junto a fotos personales donadas por la familia de Blair Brenan. Un legado íntimo que descubre la cara privada del hispanista y que este miércoles se entregará al alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, para que sea custodiado en la Casa Gerald Brenan.
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«Recuerdo que mi madre y mis abuelos, Blair y Rhoda, se sentían impactados por sus noticias», cuenta William Piper, sobrino nieto del escritor e impulsor de la donación. En cada carta a su familia, Brenan narraba un acontecimiento destacado de su vida sin escatimar en detalles. El hispanista se interesaba por el estado de los suyos y se alegraba de sus novedades, pero él era el principal protagonista en su correspondencia. Contaba cómo estaba, cómo se sentía, lo que escribía en esos momentos, quién le acompañaba… Por eso estas 20 cartas construyen un interesante relato en primera persona de su estancia en Churriana.
Los documentos salen a la luz tras la muerte de Lydia Brenan y Roger Piper, los padres de William Piper, nieto de Blair. «Las encontré en el proceso de clasificación de documentos familiares y quise preservarlas», relata. Contactó entonces con el Aldbourne Heritage Group, del pueblo donde Brenan vivió tras la Guerra Civil, y uno de sus miembros le llevó hacia Lola Ortega Muñoz, filóloga y estudiosa del hispanista británico en Málaga, y quien ha mediado en la donación. Reconoce William que no sabe bien qué pensaría su tío abuelo sobre la revelación de estos textos, pero le mueve «un espíritu de apertura y verdad, un espíritu que él aprobaría».
Y además tienen «un valor extraordinario» para los investigadores, apunta Ortega. «Habla de personas, lugares y hechos que aparecen en sus obras y que son especialmente citados en su autobiografía y en la biografía de Jonathan Gathorne-Hardy», señala. Si bien es cierto que su finalidad última no era la publicación, Brenan era ya un hispanista reconocido y era consciente de que todo lo que llevara su firma tenía cierta importancia. Él mismo vendería sus cartas con Dora Carrington a la sección de manuscritos literarios de la biblioteca de la Universidad de Austin.
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Es más, algunos pasajes de su autobiografía en inglés son muy similares a las cartas a su hermano. «Es decir, que usaba la correspondencia como un boceto para sus obras, y para ver la reacción que producía en los demás». Después matizaría los textos, los haría más políticamente correctos, pero la esencia está en estos manuscritos. «Aquí vamos a encontrar al Brenan más auténtico», concluye Lola Ortega. Sucede en la carta que envía el mismo día de la muerte de Gamel Woolsey víctima de un cáncer. En ella, tras informar de que su entierro sería al día siguiente en el Cementerio Inglés de Málaga, Brenan describe la terrible agonía de su esposa, asistida por el personal de servicio, su amiga Honor Tracy y él mismo durante ocho días complicados. Explica que el médico local se opuso a prescribir morfina ante la debilidad del corazón de Gamel para soportarla, lo que alargó el sufrimiento de la poeta. Lola Ortega pone el acento en un detalle: «A pesar de la tristeza, en estos duros momentos, el pensamiento de su familia le ayuda y Gerald termina diciendo en el margen de la página: 'Me alegro de que Lydia haya encontrado una nueva casa'».
Para William Piper, «las cartas revelan el contraste de la personalidad de Gerald». «Por un lado, su conexión afectiva con los miembros de la familia», algo que heredó de su «amorosa madre y bastante opuesto a su estricto padre». Y, por otro lado, delatan su «necesidad de escribir mayoritariamente sobre su propia vida, sus relaciones, sus amigos, sus obras…». Además, le sorprende su capacidad para transmitir «sentimientos profundos como el dolor por la muerte de su esposa Gamel» y demostrar en la siguiente carta «su falta de sensibilidad» al hablar de Lynda pocos meses después de la pérdida.
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El nombre de Lynda, quien sería su asistente personal, su amiga durante la última etapa de su vida y la depositaria de su legado, aparece por primera vez en una misiva del 12 de mayo de 1968. Allí le comunica a su hermano que una chica llamada Lynda Price se ha mudado con él a primeros de marzo. Tenía 24 años y había estudiado en Chelsea Art School, aunque finalmente se había decidido por la literatura, especialmente por la poesía: le apasionaba San Juan de la Cruz. El texto está lleno de elogios hacia Lynda: le dice que sabe ganarse la vida, que trabaja duro, que es bonita… Su llegada supone «un nuevo estímulo para seguir con la carrera literaria del escritor», analiza Lola Ortega. La especialista recuerda que en ese momento Gerald Brenan está trabajando en la segunda parte de su autobiografía, 'Personal Record', y cuando termine retomará la poesía, «que es lo que siempre le había gustado».
«El éxito de Brenan es de las mujeres que lo acompañan, Gamel primero y Lynda después», explica Lola Ortega. Son ellas quienes mecanografían y corrigen sus escritos, quienes le imprimen cierta disciplina a su trabajo. «Para él lo más importante es su carrera de escritor. Y Lynda representa la posibilidad de continuar», aporta la filóloga. En otra carta fechada el 28 de octubre de 1968, Gerald le pide a Blair que agradezca a su esposa Rhoda por mediar entre Lynda Price y Miranda. La hija de Gerald (fruto de su relación con Juliana, su sirvienta durante su estancia en Yegen, en la Alpujarra) estaba celosa y le reclamaba el dinero de la herencia de su madre.
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A finales de ese mismo año, el 14 de diciembre de 1968, anuncia a su hermano otro cambio importante en su vida. Ha decidido vender la casa de Churriana, es demasiado grande para él y necesita el dinero para continuar escribiendo. Antes tendrá que hablar con su hija Miranda, había prometido dejársela en herencia. Algo más de un año después de esa carta, se mudaría a la Cañada de las Palomas en Alhaurín el Grande, su residencia hasta su muerte en 1987, una casa que ya compra a nombre de Lynda Nicholson-Price.
Estas 20 cartas y fotos originales del álbum familiar (entre ellas, una muy tierna de cuando era pequeño junto a su hermano y otra significativa en la que aparece su hija Miranda con la familia de Blair en agosto del 1936 en Inglaterra, donde se refugió de la Guerra Civil) son solo el comienzo de una relación con Málaga que William Piper quiere consolidar. Su familia conserva cartas escritas en su última etapa en Alhaurín, una agenda del escritor, un diario de su madre… Decenas de recuerdos y testimonios directos de un escritor y de su tiempo que ahora cobran un nuevo sentido.
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Lee aquí tres de las cartas:
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