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Hace diez años solo los amantes de la historia y los vecinos de Macharaviaya conocían la existencia de Bernardo de Gálvez. Muy pocos sabían de ... sus hazañas y del papel crucial que el político y militar malagueño desempeñó en la guerra de la independencia de los Estados Unidos. Una década después, él es uno de los siete únicos ciudadanos honoríficos de EE UU, su retrato cuelga del Capitolio en cumplimento de una resolución aprobada hace más de 200 años (1783) para agradecer su lucha y su figura es objeto de decenas de publicaciones a ambos lados del charco. Hay obras de teatro sobre él para adultos y también para niños, documentales y homenajes. Pero no todo lo que se dice es cierto o preciso.
Algunas leyendas y errores se han repetido a lo largo de la historia y se han incorporado con naturalidad a una biografía que sigue sumando hitos. El malagueño incorporará en unos días un nuevo reconocimiento a su lista de honores, esta vez en casa. La Diputación de Málaga hará oficial su nombramiento como Hijo Predilecto de la Provincia este sábado 23 de julio, justo el día de su cumpleaños. Y este sí es un dato correcto. Al hilo de ese acontecimiento, el investigador Manuel Olmedo, uno de los mayores estudiosos de su figura e impulsor de su recuperación histórica como vicepresidente de la Asociación Bernardo de Gálvez, destapa algunos de los fallos más frecuentes en el currículum del destacado héroe malagueño.
La madre de Bernardo de Gálvez fue Josefa Gallardo. Sin embargo, en numerosos archivos (incluido Wikipedia) se omite el apellido materno y aparece como de Gálvez y Madrid, a pesar de que él sí se hacía llamar Gallardo. ¿Por qué? Se trata de un error histórico no corregido, que ha llegado hasta nuestros días. Cuando le conceden el título de Conde de Gálvez se encarga la elaboración de un currículum oficial, una labor que asume el rey de armas de Carlos III Ramón Zazo. En la investigación de los antecedentes del hombre que iba a recibir la distinción de la Corona, Zazo reúne ocho apellidos, de los que selecciona primero cuatro y finalmente dos: Gálvez y Madrid. Y así quedará para la historia.
«Bernardo de Gálvez, el español que desfiló a la derecha de George Washington el 4 de julio», se lee en el titular de un reportaje de una revista de historia. Pero lo cierto es que el malagueño nunca participó en ninguna celebración con el 'padre de la Patria' ni tan siquiera tuvo ocasión de hablar cara a cara con él. Ningún documento prueba que alguna vez existiera un encuentro entre ellos. Es más: Bernardo de Gálvez luchaba por su misma causa, la independencia de EE UU del imperio británico, pero Washington «nunca se caracterizó por alabar sus victorias ni la ayuda que recibió de España». Y fue decisiva. Gálvez bloqueó el puerto de Nueva Orleans para que los navíos británicos no pudiesen utilizar el río Misisipi, facilitó el tránsito de los rebeldes por los territorios bajo su control y ayudó al envío de armas y municiones a las tropas de George Washington. Poco después, en 1781, lideraría la heróica toma de Pensacola, el punto de inflexión definitivo que aceleraría el fin de la batalla.
Pero el investigador malagueño va un paso más allá: «Tampoco existió ningún desfile de la victoria. Tras la guerra, Estados Unidos es un país absolutamente arruinado» sin dinero para festejos de ningún tipo.
Algunas crónicas mexicanas apuntan a que Bernardo de Gálvez falleció envenenado, un fatal desenlace más propio de la leyenda que de la realidad. En otros documentos, se dice que murió de una caída de un caballo. Ni una ni otra causa. Bernardo de Gálvez perdió la vida con apenas 40 años en 1786 como consecuencia de una enfermedad intestinal que contrajo al beber el agua del río Misisipi. Nueve años estuvo arrastrando ese mal crónico que le provocaba dolores estomacales y diarreas constantes. Su nombre médico es amebiasis y sus efectos se perciben en el físico de quien lo padece: uno de sus síntomas es la hinchazón de la barriga. Precisamente, ese es uno de los detalles más llamativos del retrato que le pinta en 1784 Mariano Salvador Maella, cuya réplica firmada por Carlos Monserrate cuelga ahora del Capitolio. Como indica Olmedo, en su diario y en sus cartas personales, es habitual encontrar alusiones a esos problemas. «En estos días pasados mi barriga ha estado muy mal, la de mi mujer va creciendo», se lee en una de ellas, en la que hace referencia al embarazo de su mujer.
Su boda con la joven criolla Felicitas de Saint-Maxent fue puesta en entredicho en la época y algunas crónicas se apropiaron con el tiempo de esos rumores. No se casó en secreto, sino 'in articulo mortis', es decir, a punto de morir, el 2 de noviembre de 1777. Lo cuenta en su acta de matrimonio el sacerdote que ofició la ceremonia, Fray Cirilo de Barcelona, que fue llamado de urgencia a la casa del entonces gobernador de Luisiana, «hallándose gravemente enfermo». Su salud remontaría después pero es probable que aquella crisis fuera el principio de la enfermedad crónica que acabó con su vida nueve años después.
De esa unión nacieron tres hijos: Matilde, Miguel y Guadalupe. Miguel vino al mundo en plena campaña de Guárico, donde las tropas francesas y españolas planeaban la conquista de Jamaica. Fue bautizado entre miles de soldados. Guadalupe nació solo doce días después del fallecimiento de su padre y recibió ese nombre tras ser apadrinada por el Ayuntamiento de México. Ella moriría pronto, con 13 años, ya en Málaga y en una epidemia de fiebre amarilla.
Algunos historiadores mexicanos, después de la independencia del país, extendieron la idea de que el virrey de Nueva España aspiraba a ser el rey de esas tierras. Olmedo desmiente esa creencia y apunta a que todo parte de la construcción que encargó hacer en un cerro de Chapultepec. Bernardo de Gálvez se hizo una residencia de verano para escapar del calor de la ciudad. «Pero en lugar de llamarlo palacete, se le puso el nombre de castillo cuando en realidad no tiene nada de fortaleza». Una denominación que levantó suspicacias.
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