Elvira Sastre es un verso suelto. Huye del purismo, porque para ella es poesía tanto un recital como la frase que decora una 'tote bag'. ... Y ha logrado lo que a muchos parece imposible: que la palabra recitada, con música en directo, llene teatros. Pero aún hay quienes piensan que la poesía no funciona, que no interesa. «¿Qué más tenemos que hacer?». De momento, seguir. La joven de 31 años recorre Latinoamérica y parte de España con sus shows poéticos y, al mismo tiempo, vuelca su voz en la narrativa. Elvira Sastre presenta este jueves en Málaga su segunda novela, 'Las vulnerabilidades', de la mano del CAL, a las 19.00 horas en el Museo de Málaga.
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–Está recién llegada de México. Las imágenes del teatro lleno impresionan.
–Sí, fue una locura. Es una pasada lo que conseguimos. Muy bonito y el público maravilloso.
–¿Le sigue sorprendiendo que esto suceda, que un espectáculo basado en la palabra y en las emociones llene un teatro?
–No me sorprende tanto por el contenido del show en sí, porque yo le tengo mucha fe a la poesía y por supuesto que creo que puede llenar teatros grandes y que vayan miles de personas. Eso lo tengo ya comprobado que funciona. Es más a título personal, que haya tanta gente que confíe en mi trabajo. A nivel particular me emociona. No me dejo de sorprender. Tampoco quisiera dejar de hacerlo.
–Y si funciona, ¿por qué no se hace más? ¿por qué persiste la idea de la poesía como un género minoritario que no conecta con la gente joven?
–Luchamos contra eso. De hecho, al tour lo titulamos 'Imposible' un poco por esa idea y por todas las puertas que también se nos han cerrado. Me da pena porque yo quisiera, de alguna manera, servir de referente a gente que escriba y que quiera hacer lo mismo, que pueda ver que también por ahí puede ganarse la vida. Y para eso, obvio, necesitamos cambiar un poco el discurso. Seguiremos haciendo cosas, pero ya llega un momento en el que dices qué más tenemos que hacer para demostrar que esto interesa y que hay un público.
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–Dice que no todo ha sido todo un camino de rosas, pero desde fuera parece que ha ido rodado. ¿Hay puertas que se han cerrado por hacer poesía?
–Sí, sí. De hecho, si te soy honesta, nosotras hacemos la gira por Latinoamérica porque allí nos abren las puertas con muchísima más facilidad que aquí en España. Aquí en España hemos hecho giras pero, por ejemplo, Málaga es una de las ciudades en las que nos han dicho que no en teatros por ser un espectáculo de poesía. Y sabemos que hay público. En Málaga he estado en sitios más pequeños, pero una vez que llamamos a puertas más grandes, de teatros, nos han dicho que no. Y eso también hay que contarlo porque hacia afuera parece que es todo un éxito, pero podría ser mayor si tuviéramos más confianza.
–¿La poesía cobra sentido cuando se recita?
–Son distintos formatos. Yo soy muy entusiasta de la poesía, creo que la poesía hace muchísimo bien y soy consciente de que hay una parte del público al que le gusta la poesía leída en la intimidad en un libro, con silencio. Pero hay gente a la que le gusta leerla con música de fondo sonando en un altavoz. Hay gente a la que le gusta escucharla recitada. Hay gente a la que le entra mejor con música en directo y hay gente que entra a la poesía de repente por un verso en una camiseta. Entonces, como para eso soy muy poco purista, porque creo que el purismo hace mucho mal a la literatura y a la poesía, porque al final la aleja de la gente, pues me intento inventar todos los formatos que existen para hacerla accesible, para que quien no vaya voluntariamente a abrir un libro o a una librería, de pronto se la encuentre en un show.
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–Porque todo es poesía, aunque vaya en una 'tote bag'.
–Claro. Esto se ha hecho toda la vida, que tampoco me he inventado yo nada. Al final es seguir la estela de la música. Y en la música al final hay letras que son puros poemas, y funcionan. Entonces, ¿por qué la poesía recitada no iba a hacerlo?
–¿Hay incluso un fenómeno fan?
–Sí, hay algo muy ferviente. Al final ten en cuenta que la poesía se mueve con las emociones y es de las pocas cosas en común que tenemos todas las personas. Es fácil sentirse identificado con un poema. Yo puedo llegar a entender como lectora que cuando alguien escribe un poema y explica algo que te pasa, aunque ni siquiera conozcas a esa persona, te entra como un agradecimiento increíble. Es un momento de colectividad muy bonito.
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–Publica su segunda novela, 'Las vulnerabilidades'. Es narrativa, pero no puede desvincularse de su voz poética.
–Sí, yo creo que forma parte de mi escritura. Para mí la poesía es mi lenguaje, en el que me siento cómoda. Y en la narrativa de alguna manera también se cuela. Pero utilizan herramientas y trucos bien diferentes. Y el proceso creativo, además, es radicalmente distinto.
–Imagino que le resulta más difícil la narrativa.
–La poesía me requiere menos esfuerzo de preparación, digamos. Por ejemplo, si un poema no me sale, por lo que sea, no insisto. Pero con la narrativa sí, me siento y hasta que no sale algo no me levanto, porque llevan otras dinámicas diferentes.
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–Y la historia de la novela está inspirada en algo que le pasó.
–Sí, hay una parte de una experiencia real que luego con ciertos tintes de ficción se ha convertido en una novela. Pero sí, todo parte de una experiencia real, como casi todo lo que escribo. Quería ahondar en esa red de cuidados extremos, en el olvido que a veces tenemos hacia nosotros. Tenemos como muy marcados el bien y el mal, por la educación que hemos tenido todos y el catolicismo que lo atraviesa. Y siento que nadie nos ha hablado nunca de los grises y de los caminos intermedios, de qué pasa cuando sabes que algo es lo que debes hacer porque es lo correcto pero tu mente te pide otra cosa. Tengo la certeza de que nadie nos ha enseñado bien cómo gestionar eso.
–Todo parte de usted, como decía. ¿Cómo supera ese pudor de exponerse tanto?
–Hay elementos de ficción y una parte de misterio que el lector no sabrá bien qué pasa de verdad y que no. Al final el ejercicio que he hecho es un poco el que propongo en el libro y es ese reconocimiento de nuestras partes más profundas: coger nuestras partes más frágiles y exponerlas o verbalizarlas. Es bastante liberador. Es cierto que hay que hacer un ejercicio de confianza y saber que cuando tú cuentas las cosas que te hacen más vulnerable, también puedes estar dando herramientas al contrario para que te haga daño. Pero he aprendido que en el proceso de hacerlo, desactivas un poco ese peligro porque al contarlo es como que ya no te daña tanto. Es una cosa rara que pasa cuando uno se desahoga.
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–Deberíamos mostrarnos más vulnerables y no hacernos siempre los fuertes.
–Creo que sobre todo nos relajaríamos más. Mostrar esa fortaleza constante, que además yo creo que todos sabemos que no es real en ningún caso, hace que estemos muy cansados y que vivamos con un estrés permanente de intentar fingir algo que no somos o tapar cosas que sí que somos.
–¿Le gustaría que se diera ya por superada esa etiqueta de 'mujer joven fenómeno de la poesía'?
–Por una parte da pena, porque si sigue sorprendiendo es porque todavía queda camino en todo eso. Ojalá vivir en un mundo en el que esto no hiciera falta destacarlo. Pero luego es verdad que una vez que estás dentro, entiendes la importancia de hacerlo, sobre todo pensando en la posibilidad de ser referente para alguien. A mí me ha pasado con este libro, yo no me he atrevido a escribirlo hasta que he leído otras mujeres escribiendo cosas de su vida y me ha servido de referente. Entonces saber que puedo ser referente para alguien, que puedo llegar a gente que lo necesita igual que yo lo necesité en su momento, es poderoso.
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