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La puerta de 'The Door' se abre y se cierra para aislar a los personajes. Fernando Torres
'The Door', un desafío intelectual sobre las tablas del Teatro del Soho

'The Door', un desafío intelectual sobre las tablas del Teatro del Soho

Málaga recibe al coreógrafo y director escandinavo Jo Strømgren, que propone un complejo análisis social mediante la danza y las emociones

Sábado, 8 de febrero 2020, 01:11

Suena un 'swing' que se cuela por la ventanas de lo que parece ser una sala de baile. No hay telón: los espectadores van tomando asiento mientras que en el escenario se ve, tras los cristales, a uno personajes difuminados bailar y patinar al ritmo de la música . Conforme las luces se apagan una voz anuncia a través de los altavoces que la obra va a dar comienzo, la melodía sube, los que antes bailaban tras la fachada ahora comienzan a discutir, o celebrar, no está muy claro. Son los primeros compases de 'The Door', la obra que ha tomado este viernes el relevo de 'A chorus line' en el cartel del Teatro del Soho CaixaBank, el proyecto de Antonio Banderas.

'The Door' (la puerta en inglés), es obra del aclamado y premiado coreógrafo escandinavo Jo Strømgren, que propone un juego constante a dos planos. Al fondo, el interior de la sala, cuyo interior el espectador no alcanza a distinguir. Fuera, tras la puerta, un banco en el que aparentemente nadie quiere sentarse. Ocho personajes se disputan a quién le toca salir (algo que parece un auténtico castigo), y las acciones se van produciendo a base de confusión. Cuesta entender, desde las butacas, lo que está ocurriendo: de la fiesta se da paso a los gritos, y la violencia ejercida entre los protagonistas no tarda en llegar. Todo ello con un reto añadido: no hablan español. Ni inglés, porque el texto no está diseñado para entenderse, más bien para interpretarse, por complejo que parezca.

¿Están aislados? ¿Compiten por algún recurso o privilegio? La expresión corporal, la danza y unos ingeniosos y bien traídos juegos visuales van dejando entrever –de formas a veces demasiado sutiles– una alegoría sobre los movimientos migratorios, sobre el conflicto y el dolor.

Con las interacciones de los personajes, 'The Door' va poniendo sobre el escenario las contradicciones de la Europa actual, aunque sin referencias claras, dejando una gran parte del trabajo al espectador, que debe asociar la nieve que cae sobre los protagonistas como algo más que el invierno, pero sin ayuda. La puerta de la habitación misteriosa se abre, se cierra. A veces el aislamiento está fuera, otras veces dentro: ahí reside la moraleja de la historia. El espectador puede pensar que cada uno de los integrantes del extraño grupo representa una actitud vital o la parte de un conflicto global, por eso se atacan, se quieren y odian, unos aplauden mientras otros se revuelcan por el suelo y los demás observan, impasibles.

En lo técnico, la pieza es más que consistente: la factura de los componentes escénicos es sobresaliente y la calidad de los intérpretes (y bailarines) sobresale por encima de todos los elementos de la obra, ayudando a mantener la atención sobre las tablas cuando las metáforas, los símiles y las alegorías dejan demasiado margen de error en la interpretación de los espectadores.

'The Door' convence por lo innovador de la propuesta y las coreografías que le dan vida, aunque la modernidad del planteamiento tal vez sea demasiado arriesgada, más disruptiva de la cuenta. El Teatro del Soho CaixaBank tiene por delante todo un desafío para convencer a los malagueños de las bondades de esta nueva apuesta.

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