Boris Izaguirre no es una persona que se suela meter en muchos charcos, pero da la sensación de que ha encontrado su némesis en Facebook, ... una empresa a la que culpa de todos los males del mundo actual. Responde a SUR coincidiendo con su visita a Málaga este viernes, cuando moderará una mesa de debate en La Térmica a las 18 horas bajo el título de 'Transformadoras: nuevas identidades, sexualidad y feminismo
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-El ciclo que usted va a moderar -'Transformadoras'- tiene la intención de «revisar» los discursos sobre diversidad sexual, identidades y feminismo.
Es un abanico bastante amplio.
-Eso parece. ¿Estamos en un momento de revisar estos conceptos?
Es correcto estar siempre en un momento de revisión. No hay evolución sin revisión. Lamento haber hecho un emparedado, pero creo muchísimo en ello porque así me han educado. Pertenezco a una generación que abrazó el posmodernismo precisamente porque era una manera de revisar de dónde venías y hasta dónde habías llegado en los años 80. Creo que es un discurso que nos ha permitido tener unas vistas más amplias, estar siempre como en pleno proceso de adaptación. El empoderamiento, el cambiar tu vida, reinventarte... Eso no existe sin la revisión.
-Estamos en un momento en el que, por ejemplo, se habla más que nunca de las identidades trans. Al mismo tiempo, los discursos de odio no paran de crecer. Parece que vamos de un extremo a otro.
En mi opinión muy personal, los discursos de odio están fomentados en las redes sociales, y ya podemos decir que por una red social: Facebook. Lo estamos descubriendo en este momento, se muestra a través de documentos, de papeles y de juicios. Facebook manipula los datos de sus clientes para incentivar su crecimiento económico. Esta es la razón del discurso de odio, y no otra. Y la manera de luchar contra este poder económico es ajustarse a las reglas de monopolio. No puede ser que una empresa sea dueña de la opinión del mundo. Eso tiene que tener otro tipo de legislación. Más control.
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-Pero más allá de Facebook también ha hecho aparición la extrema derecha, cuyos discursos son especialmente lesivos para el colectivo LGTB.
Bueno, pero es que para ese tipo de ideologías, Facebook es su mejor herramienta. Preferiría señalar y legislar a la red social que a sus clientes.
-Es evidente que hay un conflicto entre una parte del feminismo con otra parte del colectivo LGTB.
Pero es mejor que lo responda Mili (Hernández), que afortunadamente estará con nosotros en el debate. Ella es una militante que es una referencia para todos nosotros, y que tiene una respuesta muy exacta y concreta en este supuesto debate, que por otra parte creo que está más alimentado por factores externos.
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-Ya, pero hace unos días hubo una manifestación en Madrid para protestar contra la 'ley Trans'. Por eso le insisto. ¿Usted cree que esta ley favorece el borrado de las mujeres?
Creo que no soy lo suficientemente ducho aún en la ley para hablar sobre ella. Pero sí estoy muy de acuerdo en que lo comentemos con gente que sí sabe.
-Hay ahora un debate sobre la nostalgia. Se trata de algo que comenzó cuando la escritora Ana Iris Simón dio un discurso en la Moncloa que parece haber abierto la polémica sobre si antes se vivía mejor.
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Eso nunca es verdad.
-Por eso le pregunto. ¿Dónde se coloca usted?
Evidentemente hay que revisar el pasado para entender mejor el presente. Pero uno no debe vivir ni en el pasado, ni en el futuro.
Se lo decía porque parece una evidencia que antes el colectivo LGTB vivía peor.
¿Sí? A mí lo que me parece importante es el crecimiento del colectivo. Es verdad que avanzamos mucho cada día, pero seguimos teniendo mucho que avanzar.
-Lo que pasa que es indudable que las personas del colectivo tenían menos derechos.
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Sí. Yo lo que le puedo decir es que estoy agradecido de un país que me ha acogido en todos los sentidos, y que me ha enseñado mucho la importancia de la libertad porque durante mucho tiempo no la tuvo. Es una opción fantástica en la vida buscar, anhelar y disfrutar de la libertad. Son cosas que han demostrado ser una fuerza extraordinaria para los transformadores.
-¿No le parece que se está manoseando un poco la palabra libertad?
No, creo que no. De hecho si algo permite la libertad es poder manosearla. ¿Que se vuelve un eslógan? No sé, yo siempre he sentido la influencia de la palabra libertad. Yo no quiero estar atado más allá de aquello a lo que yo quiera atarme.
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-Por terminar con el tema de la nostalgia...
Es como cuando todo el mundo dice que todo tiempo pasado fue mejor. Nunca es una buena idea decir eso. Es como los que dicen que antes éramos más glamurosos. El glamour es democrático. Se adapta, se moldea, se parece a lo que tú quieres conseguir.
-Volviendo al tema de las redes sociales, parece que ahora todo es blanco o negro. Y en el debate de la nostalgia hay mucho de eso.
A mi me parece muy importante votar, pero elegir solo entre dos opciones... Y le recuerdo que yo no hablo de redes sociales, hablo de Facebook. Encuentro que Facebook es un enemigo.
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-Cuando me refería a las redes sociales, apuntaba ese lenguaje en el que no caben los grises.
Porque es totalitarismo, claro.
-No puedo evitar preguntarle por Latinoamérica en cuanto a lo que implica el tema de la diversidad y las identidades. ¿Hay evolución?
Lo primero que le agradezco es que use la palabra Latinoamérica y no Iberoamérica. Es un gran error y hay que subsanarlo.
-Entiendo. ¿Y cómo ve al colectivo LGTB allí?
Hay muchos avances, y siempre está el tema sobre la mesa. Pese a todo, hemos conseguido reducir el nivel de importancia de la mala educación machista.
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-¿Diría que las sociedades latinoamericanas son más machistas que la española?
Yo creo que no, están haciendo un proceso de revisión. No es una buena idea comparar ambas sociedades, porque es un poco la idea de sembrar el miedo al fantasma del comunismo que empezó primero a avanzar en Europa y luego al resto del mundo.
-¿Qué le parece que haya quien criminalice a Colón y al Descubrimiento, mientras otros lo tratan como si aquello hubiera sido un cuento de hadas?
Forma parte de una revisión importante que hay que hacer.
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-En Estados Unidos se ha criminalizado la figura de Colón, hasta el punto de tirar estatuas abajo. No sé si la revisión es un poco extrema...
El extremismo es un arma de Facebook. Insisto en ello. Uno sabe bien cómo mantenerse alejado de esos discursos e irse un poco hacia el centro.
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