
Adiós al último impresor artesano
Edición en Málaga ·
Francisco Cumpián cierra su taller después de tres décadas y media creando selectos libros de poesía. Un documental repasa la vida del autor que enfila el retiro al otro lado del EstrechoSecciones
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Francisco Cumpián cierra su taller después de tres décadas y media creando selectos libros de poesía. Un documental repasa la vida del autor que enfila el retiro al otro lado del Estrecho«La casa donde vivía se ha vendido; la imprenta, también. Me he jubilado, entre comillas». Habla Francisco Cumpián y pocos como él conocen el valor de unas comillas, de una capitular, de cualquier signo de puntuación, de cada letra fundida en plomo que ha ido colocando, una a una, durante más de tres décadas y media, sobre los cajetines de la imprenta Monopol de la que han ido brotando algunos de los libros de poesía más hermosos que nadie pueda imaginar. Cada palabra, cada verso, cada hoja cosida luego, también a mano, por María Isabel Ruiz hasta cuajar un volumen único, en el sentido más cabal de la palabra.
Ahora Cumpián se despide, se jubila entre comillas, otea el horizonte a la otra orilla del Estrecho y por el camino deja huérfana la larga tradición de impresores malagueños artesanales que comenzaran Manuel Altolaguirre y Emilio Prados, que siguieron Bernabé Fernández-Canivell, Ángel Caffarena y Rafael Pérez Estrada y que encuentra en Cumpián al último de una estirpe. Porque él mismo matiza: «Yo no soy editor, soy impresor».
Cumpián empezó a serlo cuando el oficio ya estaba en vías de extinción. Despuntaba el Madrid de la Movida, Chicho Sánchez Ferlosio y Carmen Martín Gaite organizaban recitales poéticos y Cumpián se cruzó con un libro hecho por Altolaguirre. Entonces supo su destino, aunque el poeta e impresor malagueño siempre defiende que la vida le ha ido llevando. Lo repite a cada poco en '(A)plomo', el delicioso documental realizado por Pablo Macías y Soledad Villalba que narra la travesía vital de este autor. '(A)plomo' acaba de estrenarse en el Contenedor Cultural de la Universidad de Málaga, después de haber sido seleccionado en la convocatoria de ayudas a la producción artística lanzada por el Vicerrectorado de Cultura en lo más duro de la pandemia.
«El título del documental plantea un juego de palabras, tanto referido a la técnica de impresión desarrollada por Paco con tipos de plomo, como por el momento vital en el que está ahora, cuando ha tomado una decisión difícil con entereza y aplomo», detalla Macías, cuyo primer largometraje, 'La vida perra' (2019) fue distinguido como mejor película de no ficción en los últimos Premios del Cine Andaluz, en los que también estuvo nominado en las categorías de mejor música, dirección novel y fotografía.
«Retratamos la vida y el trabajo del impresor, pero también del poeta, reducto de alguien auténtico. Cumpián destila para nosotros la esencia de ese 'hazlo tú mismo', desde la música hasta los fanzines, para llegar hasta la impresión. Paco siempre ha querido hacer lo que le ha venido en gana, siempre cosas minoritarias y para un público minoritario», sostiene el realizador malagueño.
Una audiencia reducida pero fiel que ha ido desfilando, primero, por la librería El Árbol de Poe y, después, por el taller donde Cumpián alumbraba sus libros. «Nunca he querido hacer colecciones largas. Pueden ser cuatro o cinco números, me aburro y cambio. He preferido hacer colecciones muy dispersas», ofrece Cumpián. Y a la hora de elegir algunos títulos predilectos, se queda con los reunidos en 'El bocado de Bárbara', desde 'El cuervo' de Edgar Allan Poe ilustrado con linóleos de Chema Cobo, hasta 'Benarés' de Chantal Maillard, pasando por aquella delicada rareza que es 'Me gusta cómo montas en bicicleta' de Jesús Aguado y su formato apaisado imposible.
«Cuando lo conocí, comprobé que era puro, que su actitud ante la vida era sincera y que la llevaba hasta el límite», sigue de nuevo Macías antes de añadir: «Hemos querido que no fuera un documental autobiográfico, sino centrarnos en un momento presente: cuando decide dejar el taller, vender su casa y se plantea una mudanza». Y desde ahí, el realizador ha buscado un documental «intimista»sin caer en lo hagiográfico.
Macías y Villalba rodaron en la casa y el taller de Cumpián a lo largo de meses, después de haber madurado el proyecto durante casi dos años. «La idea me rondaba la cabeza desde hace mucho. Entonces, durante el confinamiento surgieron las ayudas del vicerrectorado y ahí prendió la mecha», detalla Macías, quien ha visto confirmado durante el rodaje ese «halo de poeta maldito» que acompaña a Cumpián desde su juventud.
Un poeta, impresor y viajero que «ha vivido como ha pensado, sin buscar un reconocimiento», en palabras del realizador y que ahora se despide de su vieja Monopol porque, como se titulaba aquel otro documental sobre su obra, dirigido por Alberto Jiménez, 'Ya no se fabrican letras'.
Porque ya no se hacen tipos de plomo para tipos como Cumpián. Ni siquiera la tinta es la misma, como explica él mismo en uno de los pasajes de '(A)plomo'. Y así, en la despedida, el poeta que decidió vivir «como un pajarito» para volar libre, el impresor que ahora pone rumbo a la otra orilla del Mediterráneo sin saber muy bien cómo, brinda sus dos últimos libros aún cálidos: 'Aullido' de Allen Ginsberg y el poema corto de Charles Baudelaire llamado 'El extranjero'. Y en esos dos títulos casi cabe la vida entera de Cumpián.
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