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Miles de malagueños abarrotan la calle Larios, cubierta de medusas gigantes.
Resaca por culpa de la cultura

Resaca por culpa de la cultura

Miles de malagueños se dejan llevar por la corriente de la octava edición de la Noche en Blanco

Antonio Javier López

Domingo, 17 de mayo 2015, 01:07

Es domingo de resaca, pero de una diferente a la de un fin de semana cualquiera. La de hoy quizá no da dolor de cabeza, duelen más los pies. Miles de malagueños se dejaron llevar por la corriente de la octava edición de la Noche en Blanco que ayer arrastraba más de 180 actividades con el mar como tema central. Y esta resaca de cultura con nocturnidad y todo gratis volvió a funcionar: colas y largas en el Pompidou, el Thyssen, el Teatro Romano, el Museo Ruso y hasta para coger el bus turístico; entradas para visitar la Alcazaba, el Parque, el Cementerio Inglés y el ensayo de una ópera en el Cervantes agotadas a las pocas horas de estar disponibles, hasta 500 reservas previas para conocer San Juan a la luz de las velas Y, junto a todo lo demás, una marea de gente cruzando la calle Larios bajo un techo de medusas gigantes, pidiendo información en la jábega varada en la entrada también de Larios «¿Qué se puede visitar aparte del Thyssen y el Picasso?», preguntaba un joven, fotografiándose con los bañistas antiguos del balneario de Félix Sáenz y navegando, a veces sin rumbo, por una ciudad que quería ser mar durante seis horas.

Porque el reto anoche era ese, sumergir Málaga bajo el agua. Era el efecto que buscaba la iluminación especial que convertía la Farola en un rompeolas, o la que hacía de la Casa Natal de Picasso una pecera. También era el objetivo de la prevista para la fachada del Museo del Patrimonio Municipal (MUPAM) que finalmente, por cuestiones de seguridad, no se realizó. Los sonidos marinos se escuchaban afinando el oído junto a una gran caracola en la calle Larios; y alrededor del Cubo del Pompidou, la bailarina Janet Rühl parecía por momentos una ola con los movimientos de su falda blanca de cinco metros de diámetro. Cada hora, la coreografía amenizaba la espera a los últimos en incorporarse a esa cola constante que desde las siete se formó frente a la filial del centro francés. Era el reclamo de la novedad, al que se sumaba además el aliciente de la exposición temporal de Miró. En la fila, guardaban su turno mayores y también muchos adolescentes. «Es el más innovador, dicen que tiene arte abstracto y una arquitectura diferente. Por eso hemos convencido a nuestra madre para dejar el cumpleaños en el que estábamos y venir aquí», decían los hermanos Javier y Fernando Chacón, de 10 y 13 años. Eran dos de las 1.830 personas que hasta las 23.30 de la noche cruzaron las puertas del Pompidou.

El otro recién llegado al circuito cultural, el Museo Ruso, no se quedó atrás.La distancia del Centro no fue impedimento para que 1.500 personas se desplazaran hasta Tabacalera. Allí, cuadros de la colección cobraban vida con actores caracterizados como Catalina II, Diaghilev y un marinero que aparece en una obra del realismo socialista. Si se quedó con las ganas, sepa que hoy y mañana, Día Internacional de los Museos, ambos serán gratis.

Pero el Pompidou y el Ruso no eclipsaron al resto de las propuestas. El CAC recibió hasta las 23.30 horas a 7.509 visitantes a sus exposiciones y a las diferentes actividades programadas. Unas 800 registró hasta esa hora el Episcopal. Además, unas 360 personas recorrieron en las primeras dos horas el Teatro Romano iluminado; y en ese mismo tiempo otras 500 participaban de las actividades del MUPAM.

En esta larga noche a la deriva, muchos pusieron Rumbo a la tempestad en los alrededores del Rectorado. La pieza superaba los 800 metros lineales y consistía en una suerte de laberinto que los visitantes debían surcar. Al principio, cada viajero recibía una pequeña botella vacía, a mitad de la travesía debía abrirla y, dentro, encontraba una nota explicativa sobre la relación del hombre con el agua, la pólvora, la piedra y la arena. «La pieza plantea el mar como aventura», detalló José Antonio Vigara, alumno de la escuela que forma parte del grupo ganador del concurso de ideas para desarrollar la propuesta de Arquitectura durante la Noche en Blanco. Más de 30 estudiantes estaban pendientes de que todo funcionara en una instalación desplegada hasta en tres calles distintas.

En esta singular noche, algunos se toparon con piratas en un recorrido diferente por El parque que fue mar. Cuatro bucaneros volvieron al lugar donde tuvieron la mala suerte de encallar su barco pirata hace más de 300 años. Mientras buscaban un preciado amuleto, explicaron algunas particularidades de este vergel urbano con más de 400 especies y descubrieron leyendas como la que cuenta que la fuente de Génova, ahora en la Constitución, fue robada por unos piratas capitaneados por Barbarroja en su traslado de Italia a España. Con su pañuelo rojo en la cabeza y el loro Yaco sobre el hombro, Juan parecía salido de aquella visita, pero no. «Vengo a sacar de paseo a mi loro, a los niños les encanta», decía a la entrada de la calle Larios.

Dicen que la noche confunde... Quizá por eso en días como el de ayer las reglas se trastornan. Si durante el año salvo contadas excepciones la música en vivo no suena en el metro de Málaga, anoche sí. Alumnos de coro del Conservatorio Martín Tenllado cantaron bajo el nivel del mar, en la estación El Perchel, canciones de películas; sonó un piano y un cuarteto de cuerda del mismo centro interpretó el aria de la Suite nº3 de Bach. Hasta 200 personas asistieron al primero de los dos pases. Y si durante el año la Orquesta Filarmónica de Málaga toca dentro del Teatro Cervantes, anoche lo hacía fuera, en la puerta. Arturo Díez Boscovich dirigió a 45 músicos de la OFM en la partitura de Los Miserables en una abarrotada plaza de Jerónimo Cuervo.

Se escuchaba música en las plazas, con Concerto Málaga en el Patio de los Naranjos y 50 niños en el piano de la Fundación Musical Málaga en la plaza del Obispo; también en la cripta del instituto Goana y en las alturas. Hasta 1.500 personas se subieron a la terraza de la Alianza Francesa de Málaga para asistir a algunos de sus cinco acústicos. Tanta actividad al aire libre animó a muchos músicos callejeros a sacar sus instrumentos. Ayer no se multaba.

Fuera del circuito más convencional, Poseidón daba la bienvenida a los visitantes al Centro Plaza Montaño, que un año más ganó la baza del público en su apuesta por las actividades para toda la familia durante la Noche en Blanco. Degustaciones de recetas ecológicas marinas competían con la hamburguesería instalada en la cuesta de la calle Dos Aceras, donde el escenario espera la actuación de Sótano Sur. Antes de la caída del sol, el Eduardo Ocón también rozaba el lleno en la representación del clásico de Andersen La sirenita.

Pero no solo del centro vive la Noche en Blanco. En la Casa de Gerald Brenan, en Churriana, jóvenes de 20 años y también mayores de 70 se atrevieron a hacerse un corte de pelo a lo Brenan. Y alrededor de 400 personas se acercaron a la Térmica, que realizó visitas guiadas por el centro y por sus exposiciones. Una verdadera oleada de gente, de una punta a otra de la ciudad.

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