Mery Carmona
Jueves, 27 de febrero 2025, 13:23
Las nuevas tecnologías son un dilema que no acompañan a los profesores y al alumnado desde hace precisamente poco, pero, ¿cómo se integran en las aulas? ¿Son aliadas o motivo de discordia dentro de la Universidad de Málaga? Si bien podría parecer que son el «enemigo» de los docentes, hay grados que requieren de una mayor presencia de estas pequeñas ventanas al mundo para hacer reales las salidas laborales y posible el aprendizaje de sus sesiones.
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Desde un kahoot, un juego interactivo en el que los alumnos van respondiendo a preguntas y que luego desprende unos gráficos con las respuestas, hasta crear un proyecto de podcast desde el propio teléfono. No obstante, hay quienes se muestran reticentes a su llegada. Rafael Aguilera, profesor de Ciencia Política, lo tiene claro: «El problema es que no incentivan la reflexión crítica, autónoma y personal del alumno».
«Las nuevas tecnologías realmente absorben a los sujetos y no ayudan a procesar», algo que Aguilera dice de forma contundente que de forma instrumental se podrían permitir, si eso llevase en todo caso a la formación de un estudiante mucho más crítico y reflexivo. «Las tecnologías nunca van a suplir lo que es la cultura del libro», asociando la falta de presencia en las bibliotecas con la llegada de los dispositivos que acompañan a los estudiantes. «Se está perdiendo el hábito de lectura, se está perdiendo la lectura comprensiva y significativa, la escritura…» entona su preocupación al dirigir la mirada crítica a la pérdida de las destrezas y de las capacidades que antes sí que se tenían.
Los estudiantes han manifestado sus opiniones respecto al uso de móvil en clase. Álvaro Suárez, alumno de Publicidad y Relaciones Públicas, asume que la mayor parte del tiempo no usa el teléfono «como debe» y que la mayor parte del tiempo le ofrece un uso inadecuado, ya sea en un juego o en redes sociales. En cuanto al ordenador, sucede lo mismo para él, aunque intenta concederle el mayor uso al mundo académico, siempre acaba desviando su atención a otro tema. Aun así, reconoce junto a sus amigos que aún no le han echado de ninguna clase por su conducta. «El mundial de fútbol de 2022 lo vimos entero prácticamente», le comenta a Pablo Ruiz y a otro de sus compañeros sentados en la mesa con él. Pablo, por su parte, lo usa para redes sociales y WhatsApp.
María Gálvez, estudiante de la Universidad de Málaga
«Hemos jugado a 'Slither.io', a 'Football Fantasy' y a otros juegos de deporte…», pero no recalca ninguna anécdota remarcable porque a Pablo tampoco le han tenido que pedir que abandonase la clase. Considera que es algo personal, y que la forma de cada uno de invertir el tiempo en el aula no depende siquiera de estar sentados más próximos al profesor o en una de las últimas filas. Natalia Navas, estudiante del doble grado de Turismo y Traducción e Interpretación, admite que el único uso que le da a su móvil es si tiene que consultar algo rápido o si el profesor así lo indica. Natalia se mantiene en la misma postura de Pablo pues ella sostiene que no se fija en si los demás atienden o no, solo reconoce saber que ella misma lo hace.
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Un poco más al centro del campus universitario, en El Ejido, se encuentran Laura Castro, Ana Merino y María Gálvez. Las tres son estudiantes del doble grado de Finanzas, Contabilidad y Administración de Empresas (aunque los alumnos la conocen como 'FICO y ADE'). Mientras se miran las unas a las otras, tanto Laura como Ana tardan en reconocer que, en su segundo año de carrera, el uso de sus dispositivos se desvía en ocasiones hacia las compras online. Por otro lado, sí que creen que sería algo raro ver a sus profesores llevar a cabo la misma práctica en el aula. Laura explica que invierte tiempo en casa para ponerse al día con las asignaturas en las que no ha podido prestar atención, pero que es algo que ella misma decide cuando considera que no va a ser capaz de afrontar la hora lectiva con escucha activa.
María discrepa de sus amigas, aunque no por ello les ofrece los apuntes de las asignaturas. Las tres concuerdan en que son bastante aplicadas y que, en caso de desconectar momentáneamente en alguna clase, siempre suelen volver a engancharse con el ritmo de sus asignaturas. En su caso, la alumna prefiere no recurrir al móvil como hacía Natalia, reduciendo su uso a lo importante. «A lo mejor se me va la mente, pero no voy a por el móvil», puntualiza María, esclareciendo que sí que le cuesta a veces mantener sus ideas alineadas con el contenido, pero que no por ello extiende su mano al dispositivo.
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