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Torremolinos tuvo desde 2002 y hasta hace una década una avenida dedicada a Sandokán, pero no al pirata aventurero de las novelas de Emilio Salgari. ... Esta vía, uno de los principales ejes del municipio, estaba bautizada así en homenaje al constructor cordobés Rafael Gómez Sánchez, uno de los condenados por el caso Malaya, que comparte apodo con el personaje de ficción. En 2015, con la salida de la Alcaldía de Pedro Fernández Montes, del PP, que fue el que llevó al promotor al callejero, la avenida renovó su denominación. Aquella Corporación, cuya vara de mando estaba en manos del socialista José Ortiz, operó el cambio, descubrimiento de placa incluido.
El exalcalde recuerda aquel momento y deja claro que la decisión estuvo motivada, sobre todo, por una cuestión de peso, como que el titular de la avenida nada tenía que ver con Torremolinos, más allá de representar «un modelo de depredación urbanística» con el que no comulgaban los nuevos responsables de la Administración local y que, juzga, ha dejado consecuencias negativas en Torremolinos, un destino de viajeros de todo el mundo que, opina, de estar asociado a la calidad, comenzó a tener un aire un tanto casposo; un sambenito, estima Ortiz, que, desde hace años, trata de sacudirse.
De hecho, los planes que barajaba Ortiz, que logró ser alcalde con el respaldo de Izquierda Unida, Costa del Sol Sí Puede y Ciudadanos, eran más ambiciosos. Estaba convencido de que era preciso no solo cambiar el nombre de la avenida, que pasó a ser la de la Libertad, a propuesta de IU y con el apoyo de todos los partidos del arco municipal, salvo el PP, que se abstuvo en el debate. La idea era también terminar con el Monumento al Turista que, por obra y gracia de Sandokán, el empresario, recibió Torremolinos.
Finalmente, no prosperó el intento, como puntualiza, por dar prioridad a proyectos como la peatonalización de la plaza Costa del Sol, en un contexto delicado para las arcas municipales. Tampoco Ciudadanos estaba muy por la labor, ya que optó por una solución intermedia: rebautizar la pieza como Triunfo de la Libertad, tal y como recogió SUR.
La obra, al final, sigue donde estaba, en la rotonda de la confluencia de la avenida de la Libertad con Los Manantiales y calle México, uno de los puntos de mayor intensidad diaria de vehículos de Torremolinos. Todo el que pase puede decidir si la Academia de San Telmo llevaba razón al definir el obsequio de Sandokán como «una terrible y ridícula parodia de las columnas conmemorativas del barroco». Y es que ese es el problema, como aclara Ortiz, más allá de la tremenda pilastra, de 20 metros, que está en el centro de la glorieta, lo «horrendo» está en la base, formada por esfinges egipcias.
La mezcla da un resultado que, considera José Ortiz, desmerece a la figura que corona el conjunto, una mujer, obra del escultor cordobés, Marco Augusto Dueñas, que, argumenta, tiene valor y es un potente símbolo.
Dueñas relata que atendió el encargo de realizar esta escultura en los 90 del siglo XX, en una época en la que trabajaba para Rafael Gómez Sánchez y elaboró trabajos similares, casi de forma industrial, que hay en otros municipios.
Con el paso del tiempo y una fructífera etapa en Italia, este autor logró hacerse un nombre y, prueba de ello, son las tres obras que tiene en el Vaticano, algo de lo que solo él puede presumir. «La mujer, elaborada en bronce, que se colocó sobre la columna representa la libertad, quitarse las ataduras. Se desnuda y deja caer ropas pesadas», explica.
La colocación sobre una columna, que está tallada en granito y, aclara, «costó un dineral», obedece a la tradición de asociar este elemento al triunfo, en este caso, el de poder disfrutar sin ataduras del sol, de Torremolinos. Eso sí, el problema, también lo ve cristalino el escultor, estuvo en incluir la tradición de Egipto, algo en lo que él no intervino.
Dueñas, que recuerda conversaciones con Ortiz en busca de alternativas respetuosas con la estatua femenina, sugiere claves que hay que tener en cuenta ante hipotéticos cambios en la controvertida obra, algo que, eso sí, en el Gobierno municipal actual ni ha llegado a comentarse. Por un lado, el artista precisa que la creación es suya, sin género de dudas, en el caso de la escultura de la mujer, por lo que habría que contar con su visto bueno ante cualquier modificación. Por otro, aduce cuestiones puramente crematísticas, como el coste de desmantelar el Monumento al Turista y las molestias que generaría esta tarea.
Ante esta evidencia, y convencido de que tampoco haría mal a nadie acabar con las esfinges, propone o bien dejar solo la columna y la mujer, al estilo de una obra que también firma en Benalmádena, en una rotonda ubicada cerca de los hospitales de esta ciudad, o sustituir a los seres fantásticos egipcios por alegorías que aludan a la idiosincrasia de Torremolinos, como la libertad sexual u otros motivos. «Algo rompedor», propone.
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