La Cueva de la Victoria se estudia, desde hace dos años y medio, por un amplio equipo científico internacional. En este yacimiento de Rincón trabajan María del Mar Espejo Herrerías, José Ramos Muñoz, Luis-Efrén Fernández Rodríguez, Cristina Liñán Baena, Yolanda del Rosal Padial, José ... Antonio Molina Muñoz, Antonio Aranda Cruces y Pedro Cantalejo Duarte. Se trata de un grupo vinculado con la Cueva de Nerja, la Cueva de Ardales y las universidades de Cádiz y Málaga.
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Su labor está dentro del Proyecto internacional First Art, dirigido por el español Hipólito Collado Giraldo, y el Proyecto internacional EVA sobre el ADN Neandertal del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.
Esta elite del estudio de la Prehistoria ha diseñado un complemento a la visita actual al yacimiento que ha sido denominado «Abierto por investigación arqueológica», tal y como explica Pedro Cantalejo, conservador de las cuevas de Ardales y Rincón. Se trata, como apunta, de un recorrido en el que hay, como mucho, treinta personas al día que, además, se dividen en conjuntos de diez.
«Los que se deciden a probar esta experiencia tienen la oportunidad de estar dentro de la cueva durante unas dos horas. El principal objetivo de esta propuesta es conocer directamente los vestigios prehistóricos, arqueológicos y humanos que se conservan», apunta Cantalejo. Es un modelo de visita espeleológica de baja intensidad, que, explica, «no entraña peligro y puede realizarse en familia, incluso, con menores, a partir de los ocho años. Una vez dentro, el visitante recibe información sobre los procedimientos científicos que permiten conocer los diferentes climas prehistóricos, la vegetación que existía en los exteriores de las cavidades, la fauna terrestre y marítima que consumían como alimento o la que vivía en su entorno, como, por ejemplo, uno de los camaleones más antiguo de la Península Ibérica, documentado en la zona. Con esta posibilidad, los miembros de cada uno de los equipos reciben también claves sobre los métodos que permiten conocer las cronologías, bien a través de la materia orgánica, como la famosa prueba del Carbono 14, o por medio de la cristalizaciones de carbonato cálcico, tan abundante en todas las cavidades rinconeras.
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La novedad de este formato, inaugurado en julio y que, en principio, estará disponible hasta diciembre, es que los participantes se convierten en «arqueólogos por un día», al conocer, sobre el terreno, los distintos hallazgos y los métodos de trabajo científicos.
Cantalejo recuerda que la Cueva del Tesoro y la de la Victoria, conocidas desde el siglo XVIII, son excepcionales y únicas en el mundo. Su atractivo está en hechos como el poder haberse demostrado la presencia de Neandertales y Homo Sapiens allí, gracias a sedimentos arqueológicos y pinturas rupestres, tanto paleolíticas como neolíticas.
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