Jane y Andrew Price, los trotamundos que pararon en Moclinejo
Con mucho acento ·
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Canadá, Italia o Francia han sido algunos de los países por donde han pasado e incluso vivido Andrew y Jane, dos ingleses que ya suman ... más de dos décadas viviendo en Moclinejo, uno de los pueblos que conforman la denominada Ruta de la Pasa.
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«Fue por casualidad», explica Jane, que ha dedicado su vida a ser enfermera, pero también a ayudar a su marido, que inició en la pintura artística hace ya más de medio siglo.
En el año 1999 llegaron hasta la costa de la Axarquía. En concreto, recuerdan que fue en la finca El Niño de Benajarafe, donde estuvieron alojados más de un mes para dar clases de pintura a los residentes extranjeros de la zona.
Pronto, se quedaron hechizados de la luz y del color de la comarca más oriental de Málaga, que frecuentaron bastante. En el año 2000 comenzaron a buscar una casa para comprar. Al principio, lo hicieron por Benajarafe y el entorno más inmediato, aunque no encontraron lo que andaban buscando hasta más tarde. «Por suerte», vieron un inmueble vetusto y degradado en el corazón de Moclinejo, frente a la iglesia de Nuestra Señora de Gracia.
Por aquel entonces Andrew acaba de entrar en la sesentena, pero junto a Jane, nueve años más joven que él, decidió acometer tantas obras como fueran necesarias para convertir aquel inmueble en su residencia temporal en la zona.
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La idea era alternar los dos semestres del año entre Moclinejo y Londres. «Gradualmente, fuimos quedándonos más tiempo hasta que nos vinimos a vivir de forma definitiva», apunta Jane.
Allí, Andrew instaló su particular estudio, junto a un amplio patio andaluz. Empezaba su particular periplo en la Axarquía, una tierra que les ha cautivado por el azul del cielo.
Con el tiempo también aprovecharon la oportunidad de adquirir dos inmuebles colindantes para reformarlos y convertirlos en alojamientos rurales.
Así, entre las fuentes de ingresos de este matrimonio británico, esta este alojamiento continuo, con el que se comunican a través de un patio interior.
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En las tres viviendas, han creado un ambiente acogedor y afable, donde han respetado el estilo más tradicional y lo han salpicado de muchos cuadros de Andrew. Gracias a ello, en su conjunto es como estar en una galería de arte.
Además de los patios, donde hay una fuente que pone banda sonora, sus estancias están ordenadas y puestas a su gusto, pero respetando el tipismo andaluz.
Cuentan con terrazas que se elevan lo justo para tener espectaculares vistas panorámicas. Incluso disponen de un telescopio que les acerca más a las estrellas, ya que, en Moclinejo la contaminación lumínica es inferior a otros puntos de la geografía malagueña.
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Aunque el idioma no lo dominan completamente, dicen que desde el principio notan el calor de sus vecinos y hacen todo lo posible para integrarse en la vida cotidiana de este pueblo de la Axarquía.
«Nos sorprendió que a los pocos días de instalarnos, unos vecinos nos obsequiaron con un pan de San Marcos, lo que se conoce popularmente en el pueblo como 'Palomita' y que es algo típico de la zona. Esta masa con un huevo cocido interior fue un regalo simple, pero hecho con cariño para una pareja que hoy se ha hecho querer mucho en este entrañable pueblo, situado en una segunda línea de playa. El acento británico y el axárquico han conseguido entenderse a pesar de las diferencias.
A sus 83 años, Andrew Price sigue con vitalidad, aunque ya no pinta tanto como hace unos años. Eso sí, en la medida de lo posible sigue impartiendo clases e incluso participa de exposiciones. Pero mucho antes que artista, este británico, nacido en a ciudad de Eastbourne, en el sur de Inglaterra, ejerció como geofísico. De hecho, llegó a estar cinco años en Canadá, a la que sobrevolaba pilotando un hidroavión en sus desplazamientos para encontrar enclaves donde extraer minerales.
Esa misma profesión le hizo cambiar de destino en Riotinto (Huelva) ya en e 1968.
En esos años, en los que entraba en la treintena, Andrew notó la llamada del arte. Empezó con la acuarela, una técnica que comenzó a dominar con el tiempo hasta convertirse en un artista consolidado. Hoy incluso se le puede seguir en Instagram, donde tiene un perfil.
Gran parte del éxito de este pintor inglés reside, sin duda, en Jane, fiel compañera y colaboradora en su particular aventura.
A esta pareja le gusta participar de la vida social de este pueblo, ya sea en su feria, en su semana cultural u otras actividades. No suelen fallar en su compromiso con un refugio de animales, que se nutre de las donaciones de particulares.
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Cada mes prácticamente, se suele ver a Jane y Andrew departiendo con otros vecinos, entre los que hay muchos de origen extranjero, en la terraza del Bar Reyes en las comidas que sirven para recaudar fondos para esta asociación.
Con esa vida, tienen claro que no se moverán de Moclinejo. Sólo lo hacen de forma puntual para visitar unos días su país de origen, donde se suelen alojar en un barco de su propiedad.
De su país no paran de venir, salvo en la pandemia, sus familiares y amigos, que, como ellos, se dejan cautivar por los encantos de la Ruta de la Pasa. «Les gusta mucho nuestra casa y todo lo que nos rodea», afirma Jane.
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El primer año de la pandemia les confirmó que Moclinejo era el mejor sitio donde podían venir en un período en el que buena parte de Europa estaba encerrada en pequeños pisos: «Además, los vecinos, las tiendas y el Ayuntamiento nos ayudó en todo momento».
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