Antonio P´ez, en Polonia.

Antonio Pérez: «Los polacos son fríos, te dan la mano, nunca un beso»

Este nerjeño, de 33 años, lleva seis meses en Varsovia, a donde se fue tras conseguir trabajo como arquitecto, «con un sueldo muy digno y buenas perspectivas»

Eugenio Cabezas

Domingo, 3 de abril 2016, 00:42

Antonio Carlos Pérez Medina es ingeniero técnico por la UMA y arquitecto por la Universidad de Granada. A sus 33 años, este nerjeño lleva seis meses viviendo en la capital de Polonia, Varsovia, tras conseguir un trabajo en una empresa inmobiliaria. «Estuve hace justo un año, unas semanas, y me gustó. Me volví porque no encontré nada, pero luego me tiré todo el verano echando currículos por internet hasta que me salió esto», explica.

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Pérez se confiesa «un enamorado» de los países de la Europa del Este, que empezó a conocer tras completar un año con una beca Erasmus en Praga, la capital de la República Checa. «Son países que están creciendo mucho desde que entraron en la Unión Europea, en Polonia no hay crisis, se está construyendo mucho, se hacen muchas infraestructuras, y aunque el nivel de vida es más bajo que en España, los sueldos son muy dignos y aceptables», cuenta el joven.

De hecho, según explica, otra de las motivaciones que le llevó a emprender esta aventura era que en Nerja «tenía trabajos, pero muy intermitentes, y sin estabilidad», dice, por lo que cuando le surgió la oportunidad de vivir en la capital polaca no se lo pensó. «De entrada los polacos son fríos y serios, por ejemplo, cuando te presentan a una mujer nunca te dan dos besos, siempre la mano, pero conforme cogen confianza, son gente muy amable, divertida y abierta», detalla.

Entre las cosas que peor lleva de vivir en la capital polaca está el clima, ya que la temperatura media en invierno apenas ha superado los cinco grados. «No llueve demasiado, pero sí hace mucho frío, aunque la gente me dice que ya hace un par de años que no hace tanto frío, que antes estaba nevando desde noviembre a mayo», describe. Pérez asegura que aunque no se lo exigen en el trabajo, está aprendiendo polaco, «una de las lenguas más difíciles del mundo», apostilla.

De cara al futuro, el joven arquitecto dice que «por ahora me quedo aquí». «Estoy contento, vivo en un piso del centro, pago apenas 300 euros al mes al cambio del esloti la moneda oficial polaca, y en la empresa estoy muy bien», añade. Eso sí, cada tres meses le gusta coger un vuelo y ver a la familia en Nerja.

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