Hoy la investigación espacial nos muestra la importancia crucial que tiene el descubrimiento del agua para hallar nuevos planetas habitables. Es un hecho bien conocido, ... ya que el propio desarrollo humano siempre ha venido precedido de la búsqueda de fuentes suficientes y permanentes de ese agua que lo pudiera consolidar. Tanto es así que el origen de las grandes migraciones humanas y animales podemos encontrarlo en aquellos momentos donde se produjo la escasez del líquido elemento. Por ello, en el pasado el control del cauce de nuestros ríos, la búsqueda de fuentes subterráneas y el almacenamiento de las tormentas fueron estratégicos para lograr la estabilidad de este recurso. Pero en la actualidad las técnicas de desalación, para el consumo de las ciudades, o de los sistemas de regeneración, para el riego de nuestros campos, son nuevas aliadas, siempre que se tenga asegurado un suministro de energía adecuado.
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En Andalucía la escasez de agua siempre fue nuestra espada de Damocles. Ya en la época de Al-Andalus, durante el califato de Abderramán II, cronistas como el cordobés Ibn Hayyan relataban la escasez de lluvias sufridas en su ciudad durante el año 941. Por tanto, no es un problema nuevo ni desconocido. Los sucesivos planes hidrológicos del siglo XX han permitido una mayor y mejor regulación para el consumo, la industria y la agricultura. Pero en los años del COVID hemos descubierto la importancia que nuestra comunidad ha tenido en el suministro de alimentos al resto de Europa. La necesidad de aportar recursos hídricos a nuestra tierra, para la producción de grano, frutas u hortalizas es hoy perentoria, especialmente en unos momentos donde las reservas centroeuropeas y ucranianas pueden quedar condicionadas durante años.
Por otra parte, el propio crecimiento que experimentan nuestras ciudades, dado su atractivo clima y su relativa estabilidad política, requieren de un esfuerzo especial para cubrir sus necesidades de suministros básicos. Pensar en resolver una situación tan acuciante como la falta de vivienda, sin asociarlo al incremento lógico de la demanda de agua y energía, solo trataría de dar soluciones cortoplacistas para generar un problema de dimensiones mayúsculas. Por tanto, en este sentido debemos trabajar en paralelo, ya que el principio del desarrollo sostenible está precisamente en buscar soluciones parciales que aúnen su solución global.
Es curioso pensar que un fenómeno como la DANA podía llegar a cubrir nuestras necesidades hídricas durante un prolongado periodo de tiempo. La realidad ha demostrado que todo lo llovido en un día puede ser consumido en apenas una semana turística, tan habituales en nuestra región. Y vuelve a planear sobre nuestras cabezas el horizonte de restricciones veraniegas, que tanto daño hacen a nuestra principal riqueza industrial. En este sentido cuesta entender que aún no existan medidas que compatibilicen el uso de agua de mar con el llenado de piscinas con filtro salino. Seguimos combinando agua para el consumo humano con enormes cantidades de sal, cuando ese recurso lo tenemos ya mezclado y disponible ante nuestras narices. Pero seguimos ignorando una legislación adecuada que permita la captación desde el mar y su uso en el llenado de piscinas, mientras otras regiones españolas e infinidad de países ya lo hacen. Si la mayor potencia turística mundial sigue empecinada en este error, gastando recursos innecesarios para después andar generando incertidumbre entre particulares y hosteleros durante el verano, debería hacérselo mirar.
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Y en este campo del desarrollo de estrategias para hacer frente a las sequías y estabilizar la producción de agua potable nació el principio de la desalación sostenible. Presentada por la Universidad de Málaga, ha supuesto un hito en la resolución de nuestro principal problema. Sus investigadores han colaborado firmemente tanto en la búsqueda de fuentes subterráneas que incrementen sus reservas, como en sistemas de aprovechamiento de nuestros mares como recurso natural para la generación del agua para consumo humano. En esta última línea, el ciclo de agua y energía planteado ha sido estratégico. Por una parte, la colocación de plantas de desalación por osmosis inversa, que vuelcan su producción en la distribución de las ciudades y en los pantanos cercanos.
Por otra, la ubicación en la superficie de dichos embalses de plantas fotovoltaicas flotantes, que generen la energía necesaria para lograr dicha desalación. Una combinación virtuosa, que rebaja el precio del agua resultante a pocos céntimos de euros, y logra hacer estable, rentable y sostenible tanto el consumo de las ciudades como nuestra agricultura, ganadería, turismo e industria en general.
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Pero aún tenemos en el horizonte decisiones políticas que siguen abogando por soluciones tradicionales altamente costosas para la ciudadanía, por temor a innovar en la utilización de tecnologías combinadas sobradamente maduras. Pero quizás quepa recordar a nuestros líderes ese famoso principio de Albert Einstein, cuando indicaba que: «La locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes».
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