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M. MARTÍNEZ
Jueves, 29 de enero 2009, 02:57
El salón de actos de la Asociación de Prensa de Madrid (APM) estaba a rebosar. Se presentaba el libro 'El artículo literario: Manuel Alcántara', editado por la Universidad de Málaga a iniciativa de la Fundación del autor malagueño. En él, cerca de una veintena de especialistas en este género -profesores y periodistas- desmenuzan los valores humanos y literarios del poeta y articulista de SUR.
Tras los elogios de los intervinientes (el cineasta José Luis Garci y el columnista Ignacio Camacho entre ellos), en un acto presentado por el presidente de la APM, Fernando González Urbaneja, tomó la palabra el protagonista. «Agradezco mucho que me hagan necrológicas en vida», dijo. «Uno, en estos casos, no puede leerlas y así se hace una idea de cómo suenan». En dos frases resumió su ironía, su escepticismo y su ternura.
Comentó que era una persona humilde, «aunque no tan humilde como aquel párroco que proclamaba: '¡A mí, en cuanto a humildad, no me gana nadie!'». Luego habló de Azorín, y no se sabía bien si hablaba en serio o lo que decía tenía un punto de guasa. «Una vez me acerqué a Azorín con respeto y le pregunté: ¿qué debo leer? Tras pensarlo detenidamente, el maestro me respondió: 'Lea usted el diccionario'. Hizo otra pausa y agregó: 'El diccionario etimológico'. Le hice caso y he aprendido el origen de muchas palabras. Si tuviera que dar un consejo, daría el mismo que él: abra el diccionario por cualquier página y léalo».
Invitación pendiente
Como explicó el vicepresidente de la Fundación Manuel Alcántara y director del libro, Teodoro León Gross, se trataba de saldar una deuda con el autor. «Es una invitación a grandes expertos a poner en valor la obra de Alcántara desde el punto de vista académico porque, pese a su prestigio y las innumerables citas a sus textos, le faltaba el soporte de la investigación universitaria», aclaró León Gross, que situó a Alcántara en ese Olimpo que comparten Pla, Camba, Larra, González Ruano y Umbral. El volumen se divide en dos bloques. El primero se acerca a la tradición de la columna literaria en España, con los ensayos de María Cruz Seoane, Jorge Rodríguez, Fernando López Pan y Félix Rebollo. Mientras, en la segunda parte, otros tantos especialistas ahondan en la singularidad de un estilo, según León Gross, marcado por un «fuerte carácter poético y humorístico en una combinación sin parangón». En esta habilidad para el lenguaje se fija César Coca, que profundiza en los juegos de palabras del malagueño.
Por su parte, Juan Cantavella contrasta la amenidad de Alcántara con la monotonía de las columnas políticas; mientras que Agustín Rivera y Emy Armañanzas se centran en sus excelentes crónicas de boxeo. La influencia de su Málaga natal es el eje de otro de los ensayos, concretamente, el de Pilar Bellido, y Jean-Pierre Castellani explica el sentido que adquieren las citas en sus columnas.
Completan el libro los trabajos de Bernardo Gómez, María Jesús Casals, Javier Mayoral, Antonio López Hidalgo, Francisco Morales Lomas, Jesús Nieto, Alejandro Fernández Pombo y el propio León Gross. Todos fueron protagonistas el pasado mes de noviembre del I Congreso Internacional de Periodismo: el artículo literario, que en esta primera edición estuvo dedicado a la figura y la obra de Manuel Alcántara con motivo del cincuenta aniversario de su carrera.
Serenidad y tolerancia
Eso sí, ni son todos los que están ni están todos los que son. Ayer, por ejemplo, no quiso faltar a la cita Ignacio Camacho, que no firma en el libro, pero que sí había estado presente en el congreso. En su intervención, dijo que las columnas del escritor malagueño «nos enseñan a pactar con nuestras imperfecciones». «Frente al sectarismo y la propaganda de muchos artículos, Alcántara propone serenidad, tolerancia e indulgencia», subrayó Camacho, quien incidió en que al leerle se puede esbozar una sonrisa, pero para lograrlo «nunca recurre al ensañamiento ni al encono».
En su opinión, hay una palabra sobre la que pivota todo su pensamiento y sentimiento: la piedad. «Si ha escrito miles de artículos y un público fiel le ha seguido durante cincuenta años es porque ese público encuentra a un hombre bondadoso detrás de sus aceradas críticas, encuentra un portillo de piedad y esperanza por la que escapar de la amargura contemporánea».
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