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Yukio Mishima pronuncia un discurso ante miles de soldados nipones. / EFE
La Máscara tras la máscara
CULTURA

La Máscara tras la máscara

Yukio Mishima no era Yukio Mishima. Con esto no nos referimos a que se llamara realmente Kimitake Hiraoka. Nos acercamos más a la realidad cuando contemplamos qué significa Mishima ahora que se conmemora, el 38 aniversario de su muerte, el 26 de noviembre de 2008, en un acto que sigue siendo motivo de discusión y análisis. El famoso 'Incidente Mishima'.

MARIO VIRGILIO MONTAÑEZ

Viernes, 21 de noviembre 2008, 14:02

Yukio Mishima no era Yukio Mishima. Con esto no nos referimos a que se llamara realmente Kimitake Hiraoka. Nos acercamos más a la realidad cuando contemplamos qué significa Mishima ahora que se conmemora, el 38 aniversario de su muerte, el 26 de noviembre de 2008, en un acto que sigue siendo motivo de discusión y análisis. El famoso 'Incidente Mishima'. Sigue siendo el escritor loco, impulsivo hasta la exasperación, el masoquista patriótico, el exhibicionista supremo. Juan Antonio Vallejo-Nájera le dedicó en 1976 un perspicaz y minucioso análisis con su libro 'Mishima o el placer de morir' en el que ahonda en los factores psicológicos y biográficos que le llevaron a protagonizar ese incidente. Marguerite Yourcenar, un atinado estudio crítico, 'Mishima o la visión del vacío'.

Su biógrafo John Nathan, que tuvo un intenso trato con el escritor, determina que era casi irremediable ese desenlace sangriento. Pero más nos acercaremos a la realidad si tenemos en cuenta que Mishima fue un personaje absolutamente desdoblado, alguien que, en comparación con las letras españolas, fuera al mismo tiempo Carlos Ruiz Zafón y Francisco Umbral. O lo que es lo mismo, un autor de obras bien escritas pero que buscaban un éxito fácil e inmediato pero también un estilista único, un creador absoluto del idioma. Si se le suman las complejidades de su psicología, fruto de su biografía, olvidando si es necesario su muerte excesiva, nos encontramos con un personaje como no hubo otro en todo el siglo XX.

El niño prisionero

Hijo de una familia de orígenes modestos que había pasado en un siglo de ser campesinos hasta integrarse en la escala superior de la burocracia japonesa, con el añadido de una abuela perteneciente a una venerable familia de samurais y cortesanos, Kimitake Hiraoka nace en Tokio el 14 de enero de 1925. La abuela, Natsu, nada más nacer, llevó al niño a sus habitaciones y lo mantuvo secuestrado en ellas hasta que tuvo doce años. Natsu, celosa, irascible, violenta, propensa a la histeria, lo mantuvo en un mundo cerrado lleno de lecturas y de sensibilidad femenina. John Nathan señala la posibilidad de que en esos años desarrollara una inclinación homosexual que sería determinante. Yourcenar afirma que «aquella hada loca puso en él, probablemente, el grano de demencia que antaño se consideraba necesario para el genio». A ello habría que añadir que la dependencia obligatoria de la abuela sería sustituida por otra, voluntaria, de su madre, con la que fraguó una relación lindante con el complejo de Edipo y que le hacía confiar cada escrito suyo a la madre para que le diera su consejo. Esa dependencia se mantendría durante el resto de su breve e intensa vida.

Educado en la prestigiosa Escuela de Nobles de Tokio, a la que accedió gracias al puesto burocrático de su padre y los antecedentes nobiliarios de Natsu, fue en ese centro educativo de élite donde Kimitake Hiraoka se convertirá en Yukio Mishima. Admirado hasta grados superlativos por sus profesores y compañeros, publicó a los doce años sus primeros poemas en la revista bianual del club de escritura del Colegio. Animado a escribir una novela, 'Un bosque en plena floración' para ser publicada por entregas, decidió firmarla como Yukio Mishima. La razón de ese nombre es inocua: fue elegido por gustarle su sonoridad. El motivo de tener que elegir un seudónimo es el carácter intransigente de su padre, enemigo de que Kimitake se dedicara a algo como la literatura.

Cruel, Azusa Hiraoka era un padre aterrador, que no vacilaba en irrumpir en la habitación de su primogénito para destruir cualquier manuscrito entre gritos e insultos. En estos momentos, según uno de sus compañeros que fuera su guía literario y al que daría de lado al constatar que era un mediocre en comparación suya (ese rasgo de displicente ingratitud sería una constante en Mishima), constataría que «la madre de Mishima le había enseñado a comportarse como una niña». A la vez, el destino de Mishima estaba ya marcado según Nathan: «Cuando escribió 'Un bosque en plena floración', Mishima estaba ya en camino de desarrollar una fórmula estética en la que Belleza, Éxtasis y Muerte eran equivalentes, y juntos constituían para él su santo grial particular».

El sendero del triunfador

Una vez derrotado Japón en el verano de 1945, Mishima, que había disfrutado morbosamente de la sensación de peligro e inminencia de los bombardeos de los últimos meses, emprende la redacción de la novela autobiográfica 'Confesiones de una máscara' (1948), ajuste de cuentas consigo mismo en el que expone su inclinación homoerótica y que le proporciona un éxito instantáneo.

A partir de ahí, su vida serán viajes que le llevan a destinos tan divergentes como Grecia, Río de Janeiro, Nueva York, Madrid, República Dominicana o París. A la vez, convertido en la figura más prometedora, y exitosa, de las letras japonesas, se acoge a la tutela del gran maestro Yasunari Kawabata, que terminará en cierto modo arrebatándole el Premio Nobel de Literatura en 1968, cuando Mishima era candidato y se le daba por muy posible ganador también en 1964 y 1965. Desde su primer éxito, vivirá con una disciplina extrema, trabajando en la escritura a partir de medianoche y hasta las seis de la madrugada, levantándose pasado medio día para tras el almuerzo/desayuno acudir a un gimnasio por dos horas.

Este culto al cuerpo, relacionado con el narcisismo, le llevará a tener un torso de Hércules, piernas enclenques y un rostro que dará lugar a que en 1958, cuando se conoció las inminentes bodas tanto del príncipe heredero Akihito como de Mishima, una revista femenina japonesa publicó una encuesta con la maliciosa pregunta «Si se tratara de los únicos hombres en la Tierra, ¿con quién preferiría casarse, con el príncipe Akihito o con el escritor Yukio Mishima?». La mitad de las encuestadas optó por señalar su preferencia por el suicidio.

Activismo

Un texto de 1966, un escueto relato titulado 'Patriotismo' (recogido por editorial Siruela en el volumen de narraciones de Mishima titulado 'La perla'), es una de las claves para comprender el viraje extremo de nuestro autor. Narra el suicidio por honor, y por amor a la patria, de un teniente y su esposa en 1936 en el contexto de una insurrección militar. Llevado al cine por su autor, que interpreta al protagonista, es un fascinante canto a la muerte, pleno de imágenes perturbadoras, sin diálogos y con música de Wagner. Viviendo Japón, desprovisto de un verdadero ejército desde la derrota de 1945, un periodo de gran agitación política, con la izquierda reclamando un definitivo alejamiento de Estados Unidos y cuestionando la figura del emperador convertido sólo en un testimonio de otras épocas, Mishima veía en el emperador el símbolo, la personificación, de la identidad nacional. Por ello, en su ensayo 'En defensa de la cultura' exponía abstrusamente su doctrina patriótica que le valió la enemistad de la izquierda japonesa y que le llevó a la creación de un ejército privado, llamado 'Sociedad del Escudo' destinado no a matar sino a morir: en caso de peligro debían servir de escudo humano (de ahí el nombre) protegiendo al emperador. La prensa, pendiente siempre de las ocurrencias del escritor, lo llamó 'el ejército de juguete del capitán Mishima'. En noviembre de 1970, hace ahora 38 años, la Sociedad del Escudo entraría por única vez en acción. Es el conocido como 'El Incidente Mishima'.

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