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LEANDRO PAVÓN
Domingo, 27 de abril 2014, 03:10
La Costa del Sol tiene en la hostelería una de sus grandes bazas en el mercado laboral. De cara al verano, la Semana Santa es un buen termómetro para medir tanto la ocupación hotelera como la activación de este sector y conscientes de ello, la Escuela de Hostelería albergó un curso de camareros de 150 horas financiado por la Cruz Roja en el que participaron 15 personas. «Tuvimos que restringir los campos de admisión a personas de 20 a 30 años, porque nos habían llegado cerca de 200 solicitudes para hacer el curso», explicó Cristina Matos, profesora del taller.
El principal logro de esta iniciativa es que los alumnos tuvieron 100 horas de prácticas en bares, hoteles y restaurantes, lo que en muchos casos, supuso la contratación del joven para la Semana Santa. «Casi la mitad de los participantes estuvo trabajando en estas fiestas, y a muchos ya les dijeron que contaban con ellos para la temporada de verano», afirmó Matos.
Esta semana se hizo la entrega de los diplomas acreditativos del curso, en una pequeña ceremonia en donde las prisas por incorporarse al trabajo y la esperanza de abrirse una puerta laboral era patente entre los alumnos. «Ha sido una gran experiencia. Hemos aprendido a llevar la bandeja o los platos. Las prácticas me dieron la oportunidad de entrar en una empresa grande y me ha permitido encontrar un trabajo, aunque sea temporal. Me ha dado esperanzas para seguir hacia adelante», aseguró Eduardo Hernández, alumno del curso de camarero.
«A mi me gusta mucho el trato con la gente, por lo que esta profesión es perfecta para mí. Hay que saber tratar a las personas porque hay gente más o menos receptiva. Las prácticas me fueron muy bien y conseguí trabajo en otro sitio», manifestó la alumna Antonia Millán.
Durante el curso, los asistentes aprendieron a llevar tres platos a la vez, a marcar una mesa, a colocar los cubiertos correctamente o a elegir la copa que le corresponde a cada bebida, según relató Matos.
Formación de Cruz Roja
La técnico de la asamblea de Cruz Roja en Estepona Pilar Vázquez, se mostró sorprendida de la aceptación de este curso. «Es una pena que solo tuviéramos 15 plazas, ya que las 200 solicitudes que recibimos cumplían con las condiciones que pedíamos. Con la crisis que tenemos, nosotros damos muchísimas ayudas y prestaciones, pero también vimos que teníamos que ayudar a la gente a formarse para tener trabajo», explicó Vázquez.
Pese a que las labores que se le asimilan a la Cruz Roja van dirigidas a otras prestaciones, la organización empezó a apostar por la formación como método de ayudar a superar situaciones de pobreza, y a través de los fondos recaudados en actos como el Día de la Banderita o de subvenciones, reservan partidas para este tipo de cursos.
Aunque el departamento de formación se lleva desde la localidad vecina de Marbella, Vázquez explicó que en Estepona se organizan otro tipo de servicios. «Nosotros repartimos tarjetas de compra, usamos el vehículo de transporte adaptado, impartimos clases de español e incluso tenemos un servicio de ducha para quienes no puedan lavarse habitualmente», afirmó la técnico, quien está impaciente por repetir este tipo de cursos en la ciudad.
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