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TEODORO LEÓN GROSS
Martes, 11 de febrero 2014, 02:57
En víspera del 'dedazo divino', con las baterías de los teléfonos al ciento por ciento, ha irrumpido el nombre de Esperanza Oña espoleado por su gente desde Twitter. La hipótesis de Oña en el ticket electoral ha suscitado más que nada sarcasmos, sobre todo en el aparato de su propio partido. La cuestión es ¿por qué? Un nombre que lleva veinte años ganando elecciones, arrasando en las urnas estilo Atila, y fajada en el ring del Parlamento quizá sin la cintura de Clay pero sí con la pegada de Joe Louis, no parece para tacharlo sin más. Pero esto da una idea de cómo se gestiona el partido. El test es simple: pidan a los supporters de Sanz un argumento para anteponer su candidatura a Oña. Tic-tac-tic-tac-tic-tac. Sí, ya pueden sentarse a esperar como Penélope bordando teorías. Salvo la bendición de la pomada, no hay ninguno.
Sanz no ha salido de Sevilla, uno de los peores caladeros del PP. Oña es sevillana pero gobierna una de las grandes localidades de la Costa del Sol en Málaga, un vivero de veraneantes de la región. Sanz ha demostrado en Tomares que puede ganar elecciones -por la mínima en 2007, sobradamente en 2011 cuando la crisis ya había quemado a los socialistas- pero lo de Oña es abrumador, dominando los noventa y arrollando en la última década, lo mismo en el crepúsculo terminal del aznarismo que en el despegue de Rajoy frisando la cota brutal del 65% tras veinte años así. Los dos han estado en el aparato de Arenas, Sanz siempre en la cocina, Oña a cuerpo en el Parlamento como portavoz donde ha sido un pit bull con los Eres aunque se peinase como un fox terrier de Regent Street. A diferencia de ella, Sanz no tiene carisma alguno; es un sucedáneo de Arenas, perfil ya fracasado en cinco elecciones, y sin el poderío del auténtico. En una comparativa one-to-one a la americana, Oña puntúa más en casi todo. Pero el aparato es el aparato.
No parece el momento de Oña, aun en su madurez a los cincuenta y tantos. Descartada su candidatura incluso por ella misma, lo que acojona es un partido gestionado así, tachando nombres sin criterio en el monopoly de cargos. A Oña le han puesto la proa desde la taifa de Málaga al cogollo sevillita. Los barones acomodaticios solo mueven hilos bajo cuerda, pero guardan sus culos; y ella les resulta incómoda. A finales de los ochenta, según la leyenda, dejó una nota por debajo de la puerta de la sede del PP: «He venido tres veces y nunca hay nadie. Así no ganaremos nunca. Me llamo Esperanza Oña». En tres años era alcaldesa. Transmite coquetería, pero cruza guantes, en la tribuna o en sus videominutos en Facebook, y con pegada. «Andalucía tiene más parados que Gaza». El susanismo necesita eso. Pero está tachada de la lista. Esto, queda claro, no va de poner al mejor candidato, sino a 'mi' candidato. Después, eso sí, se sorprenden de llevar treinta años kaputt.
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