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REGINA SOTORRÍO
Lunes, 2 de diciembre 2013, 09:10
Mar García está tan concentrada en la partitura que no se da cuenta de que hay varias cámaras enfocándola. «¡Qué ricura!», «¡Está para comérsela!», dicen a su alrededor mientras la fotografían una y otra vez. Pero ella sigue a lo suyo, como una profesional, interpretando con pasión una obra indescifrable con su violín en miniatura y frente a un atril que no levanta dos palmos del suelo. Tiene cinco años. La pequeña Mar es uno de los 80 instrumentistas de cuerda que ayer se hicieron oír en la plaza de la Constitución para defender la música, convocados por la Fundación Musical de Málaga. «No es una acción de protesta. Queremos que se sepa el valor y la importancia que tiene la música desde que somos chiquititos», indicó Manuel Sánchez Benedito, presidente de la fundación. Y ya, de paso, recordar a los poderes públicos que deben «seguir favoreciendo la potenciación de la música», como se reivindicaría después en un manifiesto leído por dos niños.
Pasado el mediodía, jóvenes violinistas y chelistas ocuparon parte de la plaza de la Constitución con sus instrumentos, sus estuches y sus atriles. Se colocaban donde podían, con un cierto orden dentro del caos de decenas de personas -entre padres de los músicos y viandantes- que se agolpaban alrededor. Tras unas breves instrucciones del maestro Javier Claudio, responsable del proyecto educativo y orquestal Promúsica, se escucharon los primeros acordes del 'Canon' de Pachelbel. Y pese al desorden, el vaivén de personas y la espontaneidad del acto, sonó precioso.
Tras demostrar que aquí hay talento, llegaba el turno de las reivindicaciones. En presencia del alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, dos niños leyeron el manifiesto de la Fundación Musical de Málaga, un decálogo que constató el potencial musical de la ciudad y llamó la atención sobre lo que todavía queda por hacer. El texto hacía así un llamamiento «al inconformismo»: «Una ciudad con 500.00 habitantes merece salas, locales escénicos y de música, auditorios, que estén en concordancia con la vida y el tejido musical de Málaga». Se pidió que la formación musical empiece en la propia escuela -«no siendo precisamente la LOMCE partidaria de reforzar la enseñanza musical en Primaria, ESO y Bachillerato»- y se exigió a las administraciones la incorporación de los conservatorios superiores a la universidad.
«Es una forma original de defender nuestros derechos como músicos y de que la gente sepa la situación en la que estamos», señaló la violinista Julia Arribere, de 21 años. «La realidad es desesperante, no tenemos ninguna opción, y hay que reivindicar que la música transmite muchos valores», añadió Enoc Montoya, de 24 años. Lo tiene difícil, pero ayer demostraron que ellos seguirán yendo con la música a todas partes.
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