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DEFENSA PERSONAL

El tinglado

JUAN BONILLA

Domingo, 6 de noviembre 2011, 02:39

Desde que, a mediados de los ochenta, fue a mi Instituto para dar una conferencia, soy hincha de Agustín García Calvo. Ya sé que tiene fama de ácrata pirado, de sabio loco que enriquece el panorama intelectual del país siempre y cuando no se le haga ni caso. Y sé que lo que en una época ya lejana fue pensamiento corrosivo, ha ido quedando en mera cantinela que se repite una y otra vez con un estribillo ('Todo es mentira') al que, para que no nos dé miedo, le hemos arrancado el significado y nos hemos quedado con la mera melodía.

La conferencia que dio a mediados de los ochenta en mi Instituto versaba sobre los clásicos. García Calvo nos apasionó a los chavales que fuimos a verle poniendo de vuelta y media a todo el Siglo de Oro, del que salvaba sólo el Lazarillo y el Quijote -pero no a Cervantes-. Luego, quizá, Baroja, y desde luego Unamuno y Antonio Machado. El resto era literatura. Y para García Calvo la literatura, jerarquizada en manuales, no era sino otra de las ramas del poder, y el poder estaba representado en dos cabezas devoradoras: Estado y Capital. Y ambas cabezas tenían solo un propósito: construir la Realidad. Y para construir la Realidad habían inventado el método casi perfecto: el Dinero. Lo contaba como si fuera un cuento de hadas. Para cortarle las cabezas a esa serpiente monstruosa, sólo había un príncipe indomable: el Pueblo, y una espada mágica, el Lenguaje. Sólo abandonando toda esperanza de que en la Realidad creada por Estado y Capital a través del Dinero, que es quien dotaba de realidad a las cosas designándolas con un valor, podríamos salvarnos, volveríamos a la Vida, que era justo lo contrario de Realidad. Así que cualquier artefacto inventado por la serpiente, era tan mentira como la serpiente misma: Individuo, Amor, Cultura, Literatura, Progreso.Todo mentira, todo ficción encauzada para crear mera Realidad con la que apartarnos de la Vida. Lamento las mayúsculas, pero escuchando a García Calvo se veía claramente que pronunciaba esas palabras con mayúsculas. Era una especie de Matrix mucho antes de que se produjera la primera de las tres empanadas mentales que llevan ese título.

Salí de la conferencia hechizado y convencido. Y desde entonces sigo así, hechizado y convencido de que García Calvo es quien mejor nos desvela cómo está montado el tinglado: la Realidad que es su enemiga no hace sino darle la razón a cada mandoble de actualidades. Si su discurso puso de los nervios a la izquierda -que lo tenía por suyo allá por los sesenta, cuando lo echaron de la Universidad y se refugió en París- que para ubicarlo, y quitarle toda potencia, lo colocó en el enojoso puesto de 'viejo que quiere pasar por niño' y se lleva todo el día diciendo «el Rey está desnudo» sin que vengan a hacerle caso más que adolescentes rebeldes, los muchos y grandes discípulos que una vez tuvo -Savater, Azúa, etc.- se fueron borrando del club conscientes al fin y al cabo de que García Calvo no era un buen maestro si un buen maestro es aquel que consigue que sus discípulos vayan más lejos que él. Nadie puede ir más lejos que García Calvo, pues más lejos sólo está el abismo.

Desde entonces acá, hemos pasado ya por unas cuantas crisis económicas, aunque ninguna tan prolongada y brutal como ésta, y los hechos de la Realidad parecen haberse propuesto confirmar uno por uno todos los asertos de García Calvo, que ha estudiado con energía y suficiencia cómo el dinero, que es la pura mentira, la apoteosis de la ficción, crea un entramado de hilos que nos atrapa para hacernos reos absolutos de su voluntad. Esta crisis, en la que Estado y Capital, con euforia incluso, han vuelto a soltar todo su veneno corrosivo para hacer de sus nada provisorias mentiras las verdades absolutas entre las que vivimos emparedados, vienen a actualizar los magníficos textos panfletarios de García Calvo como 'Comunicado Urgente contra el Despilfarro', de la misma manera que el movimiento de los indignados parecen acogerse con entusiasta fidelidad al panfleto 'De los modos de pronunciación estudiantil'. Los panfletos, en la obra de García Calvo, no son literatura menor: ni siquiera son literatura, considerarlos literatura sería desactivarlos como herramientas de trabajo para entrar en guerra con esa Realidad que no nos deja vivir. Es evidente que mucha mayor enjundia tienen sus trabajos de filosofía en los que pacientemente estudia los artefactos mediante los cuales se monta el tinglado: Dios, o sea el Dinero, el Tiempo.También es evidente que donde con mayor potencia expresa García Calvo su modo de estar en el mundo y su guerra con la Realidad es en sus libros de poemas -su impresionante Sermón de Ser y no ser, sus Soliloquios y Canciones-. Pero si quieren enterarse de una vez cómo está montado el tinglado y de qué manera la autoridad competente que dice representarnos nos va sorbiendo el alma, si es que hay alma, y robándonos hasta el lenguaje, regalándonos la banal condición de individuos, con nombre propio, coche y muchas deudas, hay que asomarse a sus panfletos, o a un libro tan impresionante como Cartas de negocios de José Requejo, que leí allá a mediados de los ochenta, después de la conferencia de García Calvo en mi Instituto, y que si no debería ser de lectura obligatoria en los Institutos es sólo porque eso sería quitarle toda la fuerza, una fuerza que seguiría teniendo.si hubiera chavales que, por fuera de lo que les mandan que lean, se buscan la vida para encontrar alguna voz que, sí, orgullosa de seguir sonando a infantil, todavía sea capaz de enunciar las palabras sagradas: «el Rey está desnudo».

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