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RAFAEL CORTÉS
Domingo, 19 de junio 2011, 03:56
«Han pasado unos días desde que se nos fue Roberto, el cantante de Tabletom. ¡Qué tío más grande!; ¡cómo sentía, cómo vivía, cómo escribía, qué ritmo tenía, cómo cantaba!; ¡cómo reía!... Adiós Roberto, estás en nuestro corazón». Son las palabras que le dedica Kiko Veneno al músico malagueño fallecido hace una semana en la web del grupo Tabletom en Myspace. Siete días difíciles para los que le admiraban, para los que se saben todas sus canciones y, sobre todo, para los que le conocían a fondo. Y es que, lejos de esa imagen que proyectaba de hippie algo trasnochado, se escondía un tipo ingenioso, culto, amante de los juegos de palabras, de la poesía, de la buena música, del séptimo arte... y de la marihuana. Tal vez esa pasión por el cine italiano desencadenó su denodado afán por disfrutar al máximo de la 'dolce vita'.
Así lo recuerda José Manuel Ramírez 'Pepillo', una de las tres 'patas' sobre la que se sustentaba este ya legendario grupo malagueño: «La gente se creía que era un tirao de la calle, pero Roberto siempre iba con un libro en la mano. Le gustaba Herman Hesse y se leía todo lo que caía en sus manos, lo mismo lo veías con 'El Quijote' que leyendo a Neruda». En este sentido, Pedro Ramírez 'Perico' añade que era un gran amante del cine italiano: «Le encantaba Fellini. Me acuerdo de cuando el Atlántida era un cine que ponía películas de arte y ensayo, y allí íbamos con él a ver cintas que no se podían ver en otra sala, como 'El satiricón', 'Roma' o 'Cuerno de cabra', de Andonov. Luego cuando lo convirtieron en cine X ya no fuimos más...», advierte con humor el guitarrista de Tabletom.
Por una madre se hace todo
La historia de esta banda se remonta al año 75, cuando coincidieron en un camping de Estepona para probar suerte en un grupo musical de 'llanitos' de Gibraltar Perico y Roberto González, un tipo nacido en 1951 en el barrio de la Trinidad que llegó a trabajar en un banco, tal y como rememora Perico: «Trabajó durante un año en una sucursal de Banesto en Torremolinos, realmente fue el único empleo que tuvo. Dicen que por una madre se hace lo que sea y Roberto lo hizo por ella, porque la mujer se empeñaba en que se labrara un buen futuro, pero duró poco tiempo y luego siempre decía que allí fue donde le cogió asco al dinero».
Y es que lo cierto es que a pesar de ser un hombre con buena situación económica, ya que la venta del inmueble que regentaba su madre (la pensión del Carmen en la explanada de Hoyo de Esparteros) le propició unos buenos ingresos, vivía prácticamente con lo puesto. «Rockberto vivía casi sin nada y nunca se quejaba», señala Pepillo, que añade que en alguna ocasión recibió la llamada del notario que gestionó el traspaso de ese edificio, para decirles que Roberto no había ido a recoger el dinero. Algo que les sucedía también con mucha frecuencia después de los bolos, ya que en la mayoría de los casos el cantante de Tabletom no aparecía para recoger su 'parte'. A modo anecdótico, Pepillo indica que en más de una ocasión los llamaban un familiar desde Unicaja para preguntarnos si le había pasado algo a Roberto, porque hacía meses que no tocaba la cuenta del banco. «A él no le hacía falta el dinero, vivía de una forma muy especial pero era feliz así», concluye.
Cuando dejó su trabajo en el banco, Roberto se fue a Holanda, y a la vuelta recaló en Estepona, donde pronto entabló amistad con Pedro Ramírez, que lo recuerda como una persona increíble. «Estaba en un momento de creatividad plena y se pasaba el día contando historias y disfrutando de la vida. Yo tenía quince años y estábamos todo el día riendo, tocando y fumando. Más no se podía pedir...», reconoce Perico. Le hicieron las pruebas para incorporarse como teclista y él se puso a cantar a Deep Purple. Genio y figura.
Marihuana y 'Mezclalina'
Después de esa experiencia, empezaron a trabajar en el proyecto de Tabletom, un nombre que tiene mucho que ver con su eterna reivindicación de la legalización de la marihuana y al que Rockberto le buscaría algún tiempo más tarde una nueva justificación. Así, Pedro relata una anécdota que les sucedió durante el tiempo que pasaron viviendo en una especie de 'comuna' en Campanillas, donde se gestarían trabajos emblemáticos de la banda como su 'Mezclalina'. Por allí pasaron artistas como Javier Denis, Paco Olis o un cantante llamado Luis Mauricio, que ahora -tal y como señala Pepillo- «es un pastor evangelista o algo así».
Una especie de retiro espiritual a finales de los 70 en el que llegaron a recibir la visita del mismísimo Camarón y también... la de la Policía, que en cierta ocasión hizo una redada en busca de un supuesto laboratorio para fabricar drogas. «Iban buscando un laboratorio de 'tripies', pero no encontraron nada. No sé lo que buscaban pero empezaron a preguntar por el nombre del grupo y Rockberto les explicó: 'Un momento, que Tabletom tiene un significado, TAB-LET-OM, que quiere decir deja la oreja en el nirvana'. Y se quedaron pasmaos», 'añade' Perico.
Como ésta, los hermanos Ramírez tienen mil anécdotas para contar de su experiencia de más de 35 junto al singular personaje malagueño, que le cantó al Guadalmedina, a su tierra, a su barrio, a la marihuana... Ahí quedan para la memoria estribillos como «Málaga bonita, quien te pudiera cantar en el Café de Chinitas», «Málaga te quiero y nunca te podré olvidar y aunque me vaya a Hollywood conmigo siempre estarás» o su himno inspirado en Camarón «Me estoy quitando, solamente me pongo en vez en cuando».
Pepillo, saxofonista y flauta de Tabletom, tiene frescas en la memoria todavía sus primeras actuaciones en la Feria de Málaga, allá por el año 78, cuando los contrataron para actuar en la caseta del Partido de los Trabajadores de España (PTE). «Nos contrataron como un grupo de baile cuando éramos Hamelin, con Lito y otros músicos. Nos subimos al escenario y nos pusimos a tocar a Leño, Stevie Wonder y Cream y la gente flipaba, la caseta se ponía hasta arriba hasta las siete de la mañana y creo que fue la primera vez que un grupo de rock actuaba en la feria». Luego Tabletom fue invitado habitual a la Caseta de la Juventud durante muchos años, aunque los hermanos Ramírez consideran que las autoridades locales los han tratado muy mal y los han «ninguneado» al colocarlos en los carteles de la feria como teloneros de los grupos de moda. «Solo contrataban a Tabletom porque era un grupo que llenaba la caseta y les salía barato, pero nunca hemos recibido ningún apoyo ni reconocimiento», se quejan.
Siempre llegaba tarde
Perico todavía recuerda aquel día en que Rockberto fue a dar una conferencia en la Facultad de Derecho con Kiko Veneno para hablar de la marihuana. «Nosotros estábamos esperándolo en casa, porque teníamos un concierto en Jimena de la Frontera y no sabíamos si le daría tiempo a llegar. Al final sí que llegamos a tiempo, pero eso era algo habitual con Rockberto, porque siempre llegaba tarde y había que estar pendiente de él y perseguirlo para que no se le olvidaran las cosas».
Pepillo, por su parte, revive aquellos viajes en la furgoneta para dar conciertos en Madrid o en Barcelona, trayectos que Roberto animaba con sus disertaciones: «No paraba de hablar y de contar cosas, estábamos todo el viaje riéndonos, desde que salíamos, pero luego se subía al escenario y se quedaba callado, y nos preguntaba: '¿Esta qué canción es?' Había que recordarle la letra y él se ponía a cantar y a improvisar», relata. El aspecto desaliñado del siempre genial Roberto también les causó algún que otro contratiempo, cuando llegaban a los hoteles y les decían que ese que estaba todo el rato fumando no podía entrar: «Le teníamos que decir que era el cantante del grupo y que no podía quedarse fuera», añade.
Un espíritu libre, un artista singular, amante de la buena vida, de la música, de la cultura y de su Málaga natal, que tras una corta pero intensa vida dejó este mundo pidiendo «un cigarrito» y queriendo llevar su 'bolsita de hierba' a la UCI del hospital Clínico, en el que pasó sus últimas horas. Los hermanos Ramírez quieren impulsar un homenaje a Rockberto en forma de concierto, algo puntual, ya que ambos ven difícil la vuelta a los escenarios de la banda al faltar su líder. Además, van a impulsar su proyecto de Ramírez Brothers Band, que se presentarán en concierto el 2 de julio en Elementus (frente a los Baños del Carmen).
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