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Trabajo. Rando Soto, en plena elaboración del cuadro que realizó en la edición de Fitur de este año. :: EDUARDO NIETO
José rando Soto, pintor: «Para pintar el Cristo de Mena en 18 horas me metí mentalmente en una burbuja»
SEMANA SANTA DE MÁLAGA. EL PERSONAJE

José rando Soto, pintor: «Para pintar el Cristo de Mena en 18 horas me metí mentalmente en una burbuja»

Este artista malagueño asegura que le encanta abordar los motivos religiosos. «Mi fe hace que plasmé esos temas con muchas ganas y un gran respeto»

ÁNGEL ESCALERA aescalera@diariosur.es

Jueves, 21 de abril 2011, 04:13

José Rando Soto (Málaga, 1949) no se asusta ante los retos. Le propusieron pintar al Cristo de Mena en la Feria Internacional de Turismo (Fitur), ante la mirada del público, y no dudó en aceptar. La obra la hizo en dieciocho horas reales de trabajo. Para el año que viene está dispuesto a repetir la experiencia en la feria de turismo de Berlín (ITB). Allí quiere pintar otra imagen cofrade malagueña y asombrar a los alemanes.

-¿La Semana Santa le gustaba antes de ser pintor o se ha metido en ella a través de la pintura?

-A mí me gustaba antes de comenzar a pintar. De niño, fui cabo corneta en la banda del Ave María. Salíamos desfilando en muchas cofradías. Terminábamos en un trono y nos íbamos a otro. No se me olvida el Jueves Santo en que mi madre apareció en la Alameda Principal con un vaso de leche para que me lo tomará en medio de la procesión. Decía que necesitaba la leche para que no enfermara de los pulmones del esfuerzo que suponía tocar la corneta.

-¿Ha participado en una procesión de nazareno o sacando un trono?

-He sido nazareno y hombre de trono del Santo Sepulcro. He tenido ambas experiencias. Fueron muy bonitas. Saqué el trono ya tarde. Hace pocos años. Me gustó mucho, pero acabé muy cansado. El médico me recomendó que no saliese más.

-¿Cómo empezó a vincularse artísticamente con las cofradías?

-Fue mediante un encargo que me hizo la Archicofradía de la Esperanza, cuando su hermano mayor era Manuel Narváez. La Agrupación de Cofradías la presidía Francisco Toledo. A partir de ahí empecé a conocer a las cofradías y a pintar para ellas. Es algo que me entusiasma. Nunca me he negado a regalar un cuadro cuando una hermandad me lo ha pedido, porque son para cosas de la necesidad humana.

-¿Se considera un hombre de fe?

-Sí. Yo tengo una fe tremenda. Eso es algo mío que nunca voy a negar. Eso me permitió acercarme a la belleza artística, humana y religiosa.

-La Semana Santa es una suma de elementos que la hacen singular. Supongo que reúne los requisitos para ser pintada, ¿no?

-Por supuesto. A mí me encantan los motivos religiosos. Es un estilo dentro de mi carrera. Mi fe hace que pinte esos temas con muchas ganas. Siempre lo hago con ese respeto invisible que no se nota. Yo soy creyente, lo que me facilita, como ocurrió cuando pinté al Señor de la Humillación en el cartel oficial el año pasado, un diálogo con Cristo. Eso me emociona y me llena como ser humano.

-¿Cree que ha alcanzado ya el reconocimiento de las cofradías una vez que le encargaron el cartel oficial?

-Antes de ese trabajo ya tenía el reconocimiento de muchas cofradías. Cuando me preguntaban cuándo iba a hacer el cartel, mi respuesta era la misma: que ya llegaría el momento oportuno. Como no paraba de pintar, más experiencia fui cogiendo. Nunca hay que tener prisa. Lo que hay que hacer es trabajar. El encargo me llegó cuando tenía que llegarme. Ese cuadro fue un gran orgullo.

-En la feria de turismo (Fitur) celebrada este año en Madrid pintó en menos de tres días un gran cuadro del Cristo de la Buena Muerte (Mena). ¿Cómo lo consiguió?

-No había hecho nunca una cosa así. Eso solo se lleva a cabo teniendo al lado a una persona como Pedro Luis Gómez. Me lo propuso con una fe tan grande en mí que no dudé en aceptar. Ese cuadro lo pinté en dieciocho horas reales de trabajo.

-No solo logró pintar el cuadro, sino que le salió redondo el trabajo. ¿Cómo logró aislarse de la gente que lo miraba?

-Conseguí no ponerme nervioso cuando la gente me miraba. Incluso llegaban las cámaras de televisión y me grababan. Yo estaba mentalizado. Sabía que no podía estar en una urna de cristal. Lo tomé como un reto. Para aislarme y poder pintar el cuadro en dieciocho horas me metí mentalmente en mi burbuja, como si no hubiese nadie alrededor, sin dejar de atender el entusiasmo de las personas que me miraban.

-¿Es necesario ser creyente para realizar pintura religiosa?

-No, no. El arte no tiene nada que ver con las creencias religiosas. Un ateo salido del infierno pinta tan extraordinariamente como puedo hacerlo yo con mi fe. Eso es un bulo, como decir que se pinta cuando llega la inspiración. La única inspiración que existe es el trabajo diario. Hay gente que se pasa el día en la taberna en vez de pintado. Yo, como soy abstemio, me mantengo a base de leche y trabajo ocho horas diarias.

-¿Qué es lo que más le llama la atención y con qué se queda de la Semana Santa?

-Pues estoy de acuerdo plenamente con lo que dijo Antonio Banderas en su magnífico pregón. Me quedo con el pueblo llano que la hace posible. Eso se vive en cada esquina y en cada calle.

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