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Juan García Alarcón: «Ser bueno es difícil; ser justo, mucho más»
A CORTA DISTANCIA

Juan García Alarcón: «Ser bueno es difícil; ser justo, mucho más»

Abogado (Málaga, 1941) Políticos y empresarios figuran en su cartera de clientes, atraídos por su prestigio Le reconforta que le recuerden los alumnos que durante 20 años pasaron por sus clases de Derecho Penal José María Stampa Braun le enseñó a respetar el Derecho y fue un buen amigo Cuarenta y seis años en los juzgados le han enseñado cómo es la vida

UNA ENTREVISTA DE M. EUGENIA MERELO

Domingo, 6 de febrero 2011, 02:45

En un inmueble notable, el edificio Taillefer, obra de los arquitectos Álvarez Baeza y García Mercadal de 1955, está el bufete. En el rellano, las pinturas murales de Hernández y Roquero Tovar dan la bienvenida. En el despacho, mármoles, maderas nobles, grabados y muchos libros, que han sido testigos discretos de muchos casos, algunos con ilustres nombres y apellidos. Su prestigio como penalista no se ciñe a las fronteras provinciales. Lo ha forjado en una carrera profesional que ya dura 46 años y que ha pilotado, por encima de todo, desde un absoluto respeto al Derecho. Ha cumplido los 70 años y la adrenalina le sigue subiendo en la pugna del juicio oral. No se arrepiente de haber llevado ningún caso. «La mala experiencia no la tengo nunca del asunto, del juicio o del cliente. También es cierto que en algunos asuntos, alguna hilacha, algún rasguño te vas dejando», apunta mientras se ajusta los puños de la camisa, que le gusta abotonar con gemelos.

-Su infancia no son recuerdos de un patio de Sevilla, sino de una calle de Málaga. La calle Nueva.

-Mi infancia son recuerdos de toda Málaga. Nací en la calle Nueva y estudié en el colegio de El Palo. Todas las mañanas y todas las tardes recorría de Málaga a El Palo y de El Palo a Málaga, durante muchos años, y con amigos que vivían en Pedregalejo, los Baños del Carmen, Bellavista, El Limonar, La Caleta, paseo de Reding o Málaga centro. Los días que teníamos libres íbamos a casa de unos y otros. He estado relacionado con toda la ciudad. Y con las cofradías, porque, desde esa infancia, pertenezco a la Cofradía de Zamarrilla.

-Hijo de abogado, el Derecho, ¿lo llevaba en la cabeza, en el corazón o en los genes?

-Creo que en todo. Desde que tengo uso de razón nunca he dudado que sería abogado. No me he tenido que esforzar nunca por mantener esa decisión.

-De niño, ¿leía 'El gato con botas' o el Derecho Romano?

- Leía el 'Tebeo' y las hazañas bélicas, leía el SUR y La Tarde. Recuerdo que en la calle Nueva pregonaban La Tarde sobre las seis, y bajaba a comprarla para la casa. No sabía ni leer, pero lo veía.

-Los cinco años que trabajó en el bufete en Granada de Stampa Braun, ¿dejaron marca?

-Con él lo aprendí todo. Aprendí a respetar el Derecho. A ejercer la abogacía, pero siempre respetando el Derecho. Siguiendo un sistema, un método. Entrando en el problema, no soslayándolo nunca. Escribiendo. Aprendí a escribir y a redactar en Derecho. A hablar. Él era un joya. Había veces que la gente le decía: «Don José María, no me entero de nada de lo que usted está diciendo, pero lo que quiero es que usted siga hablando, diga lo que diga». Era una maravilla. Hablaba sin apuntes, sin bocetos ni resúmenes ni nada.

-Desde entonces, cuarenta y seis años de profesión y en activo a los 70. La reforma de las pensiones de Zapatero no le quitará el sueño.

-Me da igual siempre que me deje, que ya sería bastante, trabajar y ejercer la profesión, libre e independiente. Es lo único que yo pido y exijo. Lo demás, me da igual.

-Tantos años en los juzgados, ¿dan para escribir un libro o una enciclopedia de anécdotas?

-Más que anécdotas, lo que dan es para conocer cómo es la vida. Pero no los juzgados. A mí los juzgados no me han enseñado prácticamente nada. Bueno, aprendes a estar. Pero cuando te desenvuelves en la sociedad sabes estar en los juzgados, en las clínicas o en el cine.

-¿Y el conocimiento de la vida?

-Eso y el enriquecimiento lo he encontrado en la dirección de un asunto, la presentación, la pugna con las tesis contrarias, la ilusión porque el juez se decante al final por la tesis tuya y no por la contraria, el reto personal de explicar la sentencia favorable o desfavorable a tu cliente, el empezar de nuevo al día siguiente con otro asunto completamente distinto. Y el ver que hay asuntos que te gustaría llevar pero que pasan por delante y no se quedan en el despacho. Y después, el haber aplicado siempre el Derecho. Eso es lo que enriquece. Creo que el abogado es el profesional que mejor conoce al ser humano. Muchas veces se lo comento a los médicos.

-¿A los médicos?

-Ellos conocen a la persona humana enferma. Enferma no se presenta la persona como es, se presenta con la enfermedad. Nosotros vemos a la persona con el conflicto, que le puede embargar más o menos, pero vemos cómo se comporta mientras tiene que resolver el conflicto, cómo digiere la solución del conflicto, cómo interpreta sus derechos, cómo oculta también sus miserias a veces. Ese es un aprendizaje que te van dando los años.

-En un juicio oral, ¿cuánto le sube la adrenalina?

-El estado perfecto del abogado es en el juicio oral, es donde el abogado se desarrolla y se muestra en público. Donde se la juega. En el ejercicio de la abogacía para mí, todo va dirigido a la posibilidad de un juicio oral solemne, donde puedas expresarte oralmente, con tiempo, intervenir en las pruebas, interrogar, captar todos los detalles. Captar todas las preguntas que hacen, porque a veces se defiende muy bien únicamente con las preguntas que ha hecho la parte contraria, sin necesidad de saber qué ha contestado. Efectivamente, sube la adrenalina.

-¿Es más difícil demostrar la inocencia o la culpabilidad?

-Debía ser más difícil demostrar la culpabilidad. Desgraciadamente, es a veces más difícil demostrar la inocencia.

- «Ser bueno es fácil, lo difícil es ser justo». ¿Tenía razón Víctor Hugo?

-Ser justo debe ser muy difícil. Porque para ser justo tendrías que ver siempre con total objetividad dónde está la Justicia. Si ser justo es atribuir a cada uno lo que es suyo, lo que le corresponde, pues tendrías que decir en este momento qué le corresponde a cada uno. Tampoco lo sabemos. Ser bueno es difícil; ser justo, mucho más.

-Lo tenemos complicado.

-Lo que no hay es dedicación a lo que se hace. Muchas veces la maldad radica en que no se presta la atención obligada a aquello que se hace. La corrupción, por ejemplo. ¿Dónde está la corrupción? Pues en las personas que tienen que actuar de una forma determinada porque están obligados por ley y por haber asumido esa función y no actúan así. Y posiblemente, fuera de ese ámbito, crean que como actúan bien en el resto de su entorno, pues que todo es perfecto. Pero lo que se les pide es que actúen en esa esfera.

- ¿Y por qué la corrupción está tan generalizada?

-La corrupción para mí es la falta de atención, de cuidado y de cumplimiento de las obligaciones públicas que se contraen. La corrupción está en la vida pública, no en la privada, que están las estafas o los engaños. La corrupción en la vida pública es consecuencia de una degeneración de la exigencia. La sociedad ha dejado de exigir a la persona que desarrolla una labor pública, ha dejado de exigir que lo haga cumpliendo lo que se espera de ellos y lo que ellos se han comprometido a hacer. La humanidad ha ido realizándose gracias a genios. Y Santo Tomás decía que la política es la actividad humana. Hacer, pero hacer como hombre, con la inteligencia, la voluntad y la decisión humana, encaminada al bien común. Todo lo que no vaya encaminado al bien común no es actividad política.

- Defiende a cuatro acusados en la 'operación Malaya'. El juicio, ¿pondrá alguna cosa en su sitio?

-Puede poner algunas cosas en su sitio. No quisiera entrar en un juicio en el que estoy interviniendo y que se está desarrollando ahora. Pero el haber creado este procedimiento con 95 acusados a la vez es un dato, como mínimo, perturbador para poner las cosas en su sitio.

-Tener entre sus clientes a tantos políticos y empresarios, ¿quita sueño o suma autoestima?

-La autoestima la sube la confianza, te la dé quien te la dé. La autoestima es para mí la confianza. Y es lo que agradezco siempre. Lo que no hay ninguna duda es que compromete mucho, porque es una actuación pública. Y yo prefiero estar en el ejercicio de mi profesión en la esfera privada. Estoy convencido de que el despacho es una cuestión privada. La actividad pertenece a los clientes. Cuanto más desapercibido y escondido estés en ese sentido, mejor.

- ¿Qué le ha dado a los jueces para que le respeten tanto?

-Respetarlos a ellos. Comportarte como un profesional. Siempre he creído que la forma de trabajar para obtener una sentencia favorable es comportarme como después voy a intentar que se comporte el juez en la sentencia. Con una gran claridad y transparencia.

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