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Los actores, durante la representación de ayer. :: CARLOS MORET
Un paso atrás y dos a la derecha
CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Un paso atrás y dos a la derecha

Memorizan el guión y cada milímetro del escenario. Así hacen teatro un grupo de intérpretes invidentes de Málaga

R. SOTORRÍO

Viernes, 3 de diciembre 2010, 02:34

Su reto no es solo memorizar el guión y aportar teatralidad a cada frase, también deben aprenderse milímetro a milímetro el espacio por el que se mueven. Tienen sus trucos -un marca con un color claro sobre otro oscuro en un determinado punto, contar los pasos...-, pero la clave está en el ensayo concienzudo y en la experiencia. Así consiguen que el espectador que se sienta en las butacas olvide que quienes representan la obra, aquellos que se mueven con naturalidad de un lado a otro, son invidentes (con un pequeño resto visual que les permite intuir formas o luces). El grupo de teatro El Malecón, de la Fundación ONCE, volvió a subirse ayer al escenario en la víspera del día internacional de las personas con discapacidad para demostrar una vez más que ellos también pueden.

Esther Ruiz, Maché Hidalgo, Filo Barbero, Francisco Javier Navarro y Paky García, bajo la dirección de José Manuel Muñoz Pérez, pusieron en escena en la sala de usos múltiples de la Fundación ONCE en Málaga la 'Farsa del cornudo apaleado', de Alejandro Casona. Lo que comenzó siendo un taller, se ha convertido ya en una compañía amateur estable que en el último año ha representado hasta tres títulos diferentes (siempre con funciones gratuitas).

«Ensayamos en el lugar en el que se representa el montaje, conocemos las distancias y cómo movernos. Ya estamos habituados», explica Esther Ruiz. Para estudiar el texto, cada cual tiene su técnica: unos lo graban, otros lo leen en braille y algunos como Esther lo retienen mientras su madre o su pareja se lo repiten en voz alta una y otra vez. Una retinopatía diabética le provocó la pérdida de la visión a los 24 años. Ahora tiene 34. Antes de que eso pasara, Esther siempre quiso dedicarse a la interpretación, «pero por una cosa o por otra» nunca pudo. Paradojas de la vida, fue en esos momentos difíciles cuando recibió «el aire fresco» del teatro. «Encontrarte con algo que piensas que ya no podrás hacer y lograrlo es una satisfacción», concluye Ruiz.

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