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PEDRO LUIS GÓMEZ plgomez@diariosur.es
Sábado, 27 de noviembre 2010, 02:32
Ha llegado el día: 27 de noviembre de 2010. Su protagonista principal es un malagueño que ejerce de tal y que vive en Barcelona llamado Félix Revello de Toro. Hoy se inaugura el museo que lleva su nombre, fraguado junto a unos amigos hace ya unos años, que ya es realidad. La colección de más de 100 obras, cedida por el artista al Ayuntamiento de Málaga, tendrá su morada al menos durante los próximos 15 años en la que fuera la casa de Pedro de Mena y Medrano, rehabilitada en una obra excepcional, en la calle Afligidos, al lado del Císter. A sus 84 años, en plena producción creativa, está «como un niño con zapatos nuevos, pero sin que te aprieten...».
Un día especial
-¿Es el día de hoy el más especial de su vida?
-Uno de los más especiales, porque no soy hombre de extremos... No me gusta decir, soy el mejor o éste es el mejor, o esto es lo mejor. Cada etapa tiene sus 'días especiales', y se puede usted imaginar cuántos 'días especiales' no habrá vivido un hombre como yo, con más de 80 años, agradecido a la vida por cómo lo ha tratado, aunque también me ha puesto a prueba. Pero sí, sin duda, estar hoy presenciando la inauguración de un museo con mi obra y mi nombres es algo que incluso me abruma, y que jamás sospeché. Me hace tremenda ilusión, y también reconozco que me tiene un pelín nervioso...
-Asombra su gran vitalidad.
-Un hombre no tiene que mirar su carné de identidad, sino sus fuerzas y su espíritu, y yo me sigo sintiendo joven porque tengo ganas de seguir trabajando, puedo hacerlo y tengo salud. Dios me ha dado salud y por tanto no es un mérito mío.
-¿Por qué el seguir trabajando?
-Porque es uno de los grandes alicientes de la vida de una persona: trabajar, sentirse útil, afrontar retos.
-¿Todavía tiene retos?
-Y que nunca me falten. Cada obra que afronto es como si fuese la primera. Cada obra lleva el reto de superar a la anterior, y eso es muy importante. Me aporta vitalidad, me ayuda en la ilusión diaria, en levantarme todos los días y en pensar qué voy a hacer. Me encanta sentir ese reto diario, es la propia vida. Mire, la vida es dura, muy dura, pero a la vez agradecida. Yo he tenido muchos sinsabores, pero también enormes alegrías. Creo que al final, a todos nos pasa igual: si ponemos en una balanza si esto merece la pena o no, la inmensa mayoría elegirá la respuesta afirmativa.
-Sin duda es una filosofía especial.
-Ni eso. Es la experiencia que dan los años. Muchos de mis amigos de la infancia, la inmensa mayoría, ya no están en este mundo, y eso, cuando lo pienso, me abruma; pero a la vez he tenido la suerte de volver a conocer a otra gente, más joven, que me ayuda en mis vivencias diarias. Además está mi mujer, María Rosa, que es un acicate tremendamente importante.
-La mujer en su obra es muy especial.
-La mujer es muy especial. Me encanta haber plasmado a cientos de mujeres en el lienzo, porque perdurarán para siempre. La belleza es primordial en esta vida. ¿Conoce usted a alguien que busque las cosas malas o feas? El que lo haga es que no está bien... La belleza es femenino, es sinónimo de mujer. María Rosa inspiró muchas de mis obras y ahora me ayuda 'pintar' en la vida.
-¿Le gusta su museo?
-Me encanta y no porque sea mío. He de agradecer a mucha gente su esfuerzo y dedicación. El primero de todos al alcalde, Francisco de la Torre, quien se volcó desde el primer momento, y también quiero dar las gracias a Elías de Mateo, el director, que ha captado desde siempre mis intenciones y mis objetivos. No puedo olvidar en este capítulo Carolina España, responsable de la Economía municipal, ya que de una reunión con ella surgió la idea y el germen del museo. Fue en Barcelona, hace años... Y después todo se fraguó en lo que yo en plan de broma definí como 'operación Adolfo', en una cena con, entre otros, Garrido Moraga, Salomón Castiel, España, Mariano Vergara, Miguel Echarri, Sánchez Domínguez, Beltrán... Fue una noche inolvidable y de allí salió, como un cohete, el proyecto que hoy día 27 de noviembre será realidad. Y cómo no, mi gratitud a María Rosa por lo mucho que me ha ayudado en esta historia.
-Un museo que está en la casa de Pedro de Mena, con lo que significa éste para usted y su familia.
-Sí, porque mi padre, mis hermanos y yo siempre fuimos devotos del Cristo de la Buena Muerte. Aún recuerdo la mañana del 11 de mayo del 31, cuando mi padre entró en la casa y se abrazó llorando a mi madre diciendo que habían destruido al Cristo de Pedro de Mena. Yo estaba tan asustado que me escondí debajo de un sofá, pero aquella estampa permanecerá para siempre en mis entrañas. Además, no olvide que mi primer dibujo fue un retrato del referido Crucificado de Pedro de Mena, regalo que le hice a mi padre.
-¿Echará hoy de menos a alguien?
-¡Uf...! Por mi edad, amigo, echaré de menos a muchísima gente, y muy importante para mí, pero como soy creyente estoy convencido de que desde el cielo aplaudirán, se emocionarán y me ayudarán, pues... Estoy nervioso. No sé cómo me saldrán las palabras, pero al fin y al cabo lo que quiero decir es un ¡gracias Málaga!, porque Málaga me ha dado muchísimo más que yo a ella. Además, algo que se suele decir pero que no es un tópico: se aprende a querer más a tu tierra cuando no vives en ella.
-Es encomiable leer eso de que su mejor cuadro está por llegar, cuando es usted uno de los artistas vivos más cotizados del panorama artístico nacional...
-Lo digo porque lo pienso. Todo es susceptible de mejorar, y en ello hay que estar y pensar, porque si no lo haces ocurre al contrario, pues todo, también es susceptible de empeorar y eso hay que tenerlo en cuenta. ¿Cotizado? Mire, no soy el más indicado para decirlo. Me agrada, no se lo discuto, pero no soy nada vanidoso, no va en mi forma de ser.
-¿Su obra preferida?
-Es como si a un padre le preguntan por sus hijos... Todos son especiales, unos por una cosa y otros por otra.
-Alguna vez he leído que probó con otras técnicas para salir de su línea clásica y...
-... Y nada. Sí, no ha sido una sola vez. Siempre, al respecto, sucedía lo mismo: lo he intentado, claro que lo he intentado, pero nunca me ha salido, no he estado a gusto, y si creas y no estás a gusto con lo que haces, mejor es que apagues la luz y te vayas a dar un paseo. He tenido la inmensa suerte en mi vida de hacer lo que me gustaba, pero además, dentro de ese lujo, elegir cómo lo hacía, y eso es un privilegio, sin duda.
-¿Nunca se molesta usted por nada? ¿Nunca se 'cabreó' y pensó en jubilarse?
-Déjeme que lo piense...No, porque si puedes trabajar y tienes ganas, retirarse sería una cobardía, pero ojo que lo digo por mí, que cada uno es libre de hacer lo quiera y desee. Personalmente, si me jubilara sería un reconocimiento a una impotencia... Tengo rebeldías a veces, pero lo que hago es dejar reposar los pinceles. Más que tirar la toalla, dejar la toalla un poquito a un lado y cogerla, si no por la tarde, al día siguiente a ver si ese enfado se me pasa porque siempre me reconcilio con mi otro yo, que es la pintura.
-Inaugurar un museo propio en vida es un lujo.
-Lo sé y también sé que no está al alcance de muchos. Es un privilegio que agradezco al Cielo y a la tierra, porque en este caso influyen 'propios' de un sitio y de otro. Le brindo a Málaga mi obra, porque mi alma y mi corazón siempre los ha tenido.
-Bonita frase...
-... Sincera diría yo.
-¿Qué me dice de su regalo a Málaga a través de SUR, su tríptico 'Los ojos de un museo'?
-Pues que fue idea de SUR. Al César lo que es del César, y me pareció ideal y magnífica. Sé el esfuerzo que se ha hecho, porque se han repartido las láminas y la carpeta gratis, y que no se han escatimado esfuerzos al contar con Urania, uno de los mejores talleres de artes gráficas de cuantos existen en España. Es un regalo mío a Málaga a través de SUR que me llena de orgullo. No sabe cuánta gente me aborda y me dice, «oiga, Revello, que yo tengo una lámina suya colgada en mi casa». A eso es lo que aspira cualquier pintor; nada más y nada menos...
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