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PALOMA S. HERVA
Lunes, 1 de noviembre 2010, 02:42
Acaba de cerrar sus puertas la exposición en la que, junto al escultor Domingo Saura, Francisco Peinado ha mostrado una mínima parte de su ingente creación artística. Hombre formado a sí mismo, asegura que todavía son muchas las fotografías que tiene que tomar para, después, trasladarlo a un lienzo reconvertido, en este caso, en un panel de madera, para seguir los trazos que deja marcado el camino de un punzón. En una entrevista emitida en COPE, Francisco Peinado se reconoce un auténtico enamorado de su profesión
¿Por qué ha optado en este momento por conjugar la riqueza del pirograbado con la creación escultórica?
La participación de Domingo Saura en la exposición que se ha organizado en el Real Club Marítimo surge tras conocer el trabajo de este artista al que casi he obligado a que dé a conocer una creación de gran calidad. Me ha costado ocho meses convencerle para que dé este paso, una decisión que el público sabe apreciar.
¿Qué es por lo que ha optado en esta exposición que acaba de finalizar?
Ha sido una exposición caprichosa porque son imágenes de los años 50 y 60. Son imágenes que yo recordaba, imágenes que, en muchos casos, ya no existen porque se han eliminado o restaurado. Quería compartir con la gente de mi edad esos recuerdos, sin pasar por alto mi deseo de que las generaciones más jóvenes descubran lugares que han formado parte de la historia de la ciudad. A la gente le gusta recordar. Es cierto que, en ocasiones, esos recuerdos no son del todo buenos, pero eso también sirve para que rescaten del olvido determinados momentos de su vida. Los ciudadanos aprecian lo que ven y si algo es cierto es que tengo la suerte de ser profeta en mi tierra.
¿En qué consiste la técnica del pirograbado?
El pirograbado es quemar madera. Sobre una madera blanca o amarillenta que se pueda quemar, con un punzón se queman las formas que se dibujan en la tabla. Por lo que he podido observar en los cursos que he impartido en los últimos años, he podido comprobar que hay mucha gente que trabaja muy bien el pirograbado en Melilla. Hay que ser valiente y decidirse a entrar en este mundo porque hay veces en las que uno se siente solo.
¿Quién le enseñó esta técnica y cuándo comenzó en este mundo?
Comencé en el año 1986 en un curso de 12 horas que impartió la Fundación Sociocultural del Ayuntamiento. Mi maestro fue Vargas Iglesias. A partir de ese momento, mi tiempo se ha rendido ante el pirograbado.
¿En qué se centrarán sus próximos pirograbados?
Seguiré sacando a la luz más imágenes antiguas y, para eso, es fundamental contar con fotografías. Cuando viajo a la península me acerco a los rastrillos y, por ejemplo, recupero imágenes de época de aquellos soldados que estuvieron en Melilla haciendo la mili. Compro esas fotografías, las guardo y me baso en ellas cuando opto por una temática diferente.
¿Cuántos barrios o detalles de Melilla le quedan sin plasmar en un pirograbado?
Bastantes. Aunque sea pequeña, Melilla es una ciudad que tiene multitud de detalles. Un edificio te regala diferentes perspectivas y son muchos los rincones, los ángulos y los personajes que todavía quedan por pirograbar. A pesar de los 600 cuadros que, creo, ya he elaborado, queda mucho todavía. La rutina del día a día te obliga a ir con prisa y eso impide que nos fijemos en esos detalles que dan sentido a esta ciudad. Yo aconsejo a la gente que pasee y observe todo lo que tiene alrededor.
¿Existe algún cuadro al que tenga un especial cariño por lo que significa?
Por regla general, cariño le tienes a todas las creaciones, sólo que por algunos sientes un aprecio especial porque ha costado más trabajo.
¿A dónde llevará próximamente sus pirograbados?
A mediados de noviembre llegaré a Barcelona para montar una exposición con motivo de la Semana Cultural de la Casa de Melilla en Barcelona. Impartiré un curso de apenas tres días para que los socios conozcan la técnica y cómo se pirograba. Espero también que haya tiempo para presentar un libro que terminé en 2008.
¿Existe algún proyecto que sienta todavía que le queda pendiente?
Todos. Hay muchas ideas en la cabeza. Lo que intento es que el pirograbado sea un arte, porque está contemplado como actividad artesana. He luchado y lucho mucho para que la gente sea consciente de que también dentro de la artesanía hay arte. Quiero combinar la pintura con el quemado. Además, mi ilusión sería que alguien de la ciudad continuase con esta técnica porque, de este modo, podría volver al óleo.
¿Se puede vivir del pirograbado?
Sólo permite comprarse chucherías. Aquellos que pueden vivir del arte son unos elegidos, que salen a la luz cada quinientos o mil años, algo que, desde luego, no me ha tocado.
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