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Javier Adán.
El embrujo de Estambul
LAS VACACIONES SOÑADAS DE JAVIER ADÁN, FUNCIONARIO

El embrujo de Estambul

Cayó en la trampa de las 'delicias turcas'. No acertó con el 'kebab'. «Pero sólo por el Gran Bazar, ya merece la pena ir»

LUISA IDOATE

Martes, 24 de agosto 2010, 03:46

Lo tenía metido en la cabeza. Javier Adán quería perderse por las calles de Estambul. Lo hizo en 2007. «Me parecía interesante su mezcla cultural. Quería pasear entre las cúpulas de las mezquitas. La ciudad tiene mucho que contar por la historia que arrastra». Y él estaba dispuesto a escucharla. Despacio. «No me gusta andar corriendo de un lado para otro porque, al final, lo confundes todo y ya no sabes ni dónde has estado». Tuvo una semana para escudriñar la antigua Bizancio. Y lo hizo.

Tenía grandes expectativas sobre el Gran Bazar. No le defraudó. «El regateo le resultará curioso a un novato; a mí no, porque conozco Marruecos». Le desarma el parsimonioso tira y afloja de las compras en el que ellos, dice, son auténticos maestros. «Son comerciantes natos. Tienen una capacidad especial para analizarte, y saber de dónde eres y qué quieres». No puedes entrar en todos los puestos, defiende, porque hacer una sola compra ya es un auténtico trabajo. Que él zanja con rapidez, para husmear por las callejuelas y disfrutar de una vieja tetería. «Sólo por el Gran Bazar, ya merece la pena ir a Estambul». Más aún si subes a los restaurantes asentados en sus tejados, insiste. «Y cenas viendo el zoco y las mezquitas iluminadas. Es un recuerdo imperecedero».

Sitios imprescindibles

Le impresiona la llamada a la oración de los muecines. «Te produce curiosidad y respeto. Suena a través de los altavoces y todo el mundo se dirige a las mezquitas. Es vigorosa. Te sobrecoge. Retumba en toda la ciudad». A su mujer le pone nerviosa; a él, le impacta. Su barrio favorito es Sultanahmet. «Allí está Santa Sofía y la Mezquita Azul. Aunque prefiero la de Saladino, que está más alta y tiene más vistas». Ése es uno de los sitios imprescindibles de su querida Estambul. Junto a los atardeceres en el Bósforo. «Cruzas a la zona asiática para verlos». Ahí se mezcla todo, la luz dorada, el olor a Oriente, el 'skyline' de las mezquitas...

Le fascinó el Palacio de Topkapi, con la Daga Esmeralda, el Mapa Piri Reis, las vistas del Cuerno de Oro y el antiguo harén. «Todo es muy bonito». Y rezuma un lujo que le hizo reflexionar sobre el esplendor de la antigua Constantinopla. «Dices: 'Aquello era vivir y no lo de ahora'. Impresionante». Hay que ver también la Mezquita Azul, el Pozo de Agua y el Hipódromo, cuenta este funcionario leonés de 51 años. «La Torre Galata de noche es preciosa. Puedes subir en ascensor o a pie, pero son la pera de escaleras». Al caer el Sol, la ciudad gana embrujo. «El encanto de Estambul es la noche».

Cayó en la trampa de las 'delicias turcas', «visualmente muy atractivas, pero muy empalagosas». Tampoco acertó con el 'kebab', «con un cordero de sabor demasiado fuerte». Pero volverá. «Conoces mejor las ciudades la segunda vez. La primera eres turista; la segunda, viajero y te fijas en más cosas». ¿Vivir en Estambul? «No sé yo. Tal vez no. Al final no serás nunca del país, sino extranjero. Preferiría Venecia, Roma, París. Algo más europeo». La pasión viajera de Javier Adán puede con su fobia a los aviones. «Los odio. Durante mucho tiempo no volé, pero lo he superado». Es como dejar el tabaco, dice, siempre serás ex fumador. «Era una castración, una cruz. Ahora vuelo con respeto, pero vuelo».

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