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MARINA MARTÍNEZ mmartinez@diariosur.es
Lunes, 16 de agosto 2010, 03:43
Vive rodeado de libros. Siempre han sido su pasión, junto al cine y el teatro. A lo largo de su vida, las librerías se han convertido en un sitio de paso ineludible. Pero desde hace diez años, Francisco Ruiz ha añadido una parada más en la ruta: la biblioteca Emilio Prados. A apenas cincuenta metros de su casa, este malagueño de El Palo encuentra allí de todo, desde clásicos a las últimas novedades. Dedica varias horas al día a leer, prensa y libros. Y, aunque es verano, no cambia sus hábitos. Y, por lo que puede constatar, tampoco otros aficionados a la lectura que, como él, no destierran la biblioteca de sus planes estivales. «Abre a las nueve, y ya a partir de esa hora se llena», confirma este reconocido «lector empedernido y autodidacta».
No es mala opción. El tiempo libre ayuda. De hecho, el ritmo de visitas y de préstamos prácticamente se mantiene durante estos meses. Según datos de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), el uso de las bibliotecas y el porcentaje de lectores que acude a ellas se situó durante el tercer trimestre de 2009 en el 28,2 por ciento (dos puntos más que en el segundo trimestre). Preferentemente, lo hacen para tomar prestados libros, consultarlos, estudiar, leer periódicos o acceder a Internet. En las bibliotecas municipales, por ejemplo, los préstamos en julio y agosto se sitúan incluso algo por encima de la media anual (más de 22.000), llegando a alcanzar los 24.000. Eso sí, se reduce ligeramente el número global de visitantes respecto a la media anual (de 30.802 a aproximadamente 25.000), aunque no es en verano cuando se registra la cifra más baja del año.
Por ocio
Teniendo en cuenta que muchos de los visitantes durante el curso escolar son estudiantes, se puede considerar que prácticamente todo el público que se acerca a una biblioteca durante los meses de verano lo hacen por ocio y en ese caso la cifra «es bastante elevada», consideran sus responsables. Sin olvidar la reducción del horario (suelen abrir sólo por las mañanas), que hace que la afluencia se concentre.
En realidad, si hay descenso no se nota. Como advierte el director de la Biblioteca Provincial de Málaga, Manuel López, «abrimos menos horas, pero la gente tiene más tiempo libre y sigue haciendo uso de la biblioteca, no se percibe diferencia con otras épocas del año».
Aunque acuden muchos lectores habituales, buena parte de los usuarios estivales son personas que se encuentran de vacaciones, además de numerosos niños que acuden con sus padres para recoger libros o para participar en alguna de las actividades dirigidas al público familiar. Es el caso de las que organiza la Biblioteca Provincial. La próxima cita será el 25 de agosto. A las 11.00 horas, Salva Atienza ofrecerá el cuentacuentos 'Cuentos para dormir ratones'. Además, incluye la campaña 'Refréscate leyendo', que permite conseguir neveras portátiles en función de los préstamos gestionados.
Talleres y club de lectura
Un aliciente más para aficionarse a la lectura o, en su caso, para no perder el hilo. Como los talleres de escritura o el club de lectura de la biblioteca Cristóbal Cuevas, en el distrito Bailén-Miraflores. Allí coordina Juan Sedeño un taller de iniciación a la escritura creativa. Junto al club de lectura y el cuentacuentos, se han acogido «con un sorprendente entusiasmo». De hecho, sus miembros han solicitado que no se interrumpa en verano.
«Si vas con la idea de que en agosto todo el mundo pasa el tiempo al aire libre y la biblioteca es un desierto, compruebas lo contrario», asegura este escritor aficionado que afianzó su interés por los libros de pequeño, cuando el bibliobús aparcaba cerca de su casa. En su opinión, «si los fondos de la biblioteca aumentasen (hay más de mil peticiones de libros pendientes de que los traigan) y fuesen más puntuales con las novedades literarias, el trasiego sería aún mayor. Ahí, quien corresponda, debería ponerse un poco las pilas, que la gente demanda cultura, a ser posible, gratuita».
Atrás quedaron los años en los que muchas bibliotecas cerraban en verano. Lo recuerda José María Moncada, de la biblioteca Emilio Prados (El Palo), donde se han triplicado los préstamos en los últimos cinco años. Aunque en verano los gustos cambian un poco. Como advierte Moncada, por lo general «se demanda una lectura más liviana, novelas románticas, cómics, revistas, libros de viajes, cocina o cuidado del cuerpo». No obstante, también hay quien sigue buscando las últimas novedades. Y luego están los usuarios más acérrimos, como Francisco Ruiz, que no pierden interés por los clásicos. Incluso hay reservas de este tipo de literatura.
Aunque para clásicos, los estudiantes, que ya en estas fechas llenan las bibliotecas y se ponen las pilas cara a los exámenes. Sólo hay que visitar cualquiera de los centros para comprobarlo. Especialmente, después de feria. Ocurre también en la Biblioteca Cánovas del Castillo. Según su coordinador, Felipe Pajares, allí muchos jóvenes comparten espacio con otros más mayores que acuden al centro para ponerse al día de la actualidad a través de la prensa o con extranjeros en busca de wi-fi. Una curiosidad, de cara al fin de semana: «Se hacen bastantes préstamos de películas», un servicio que es gratuito con el carné de la biblioteca.
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