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Autorretrato de Horrocks.
La biblioteca de Babel de la historieta
TERRITORIOS. RECUPERACIÓN

La biblioteca de Babel de la historieta

El neozelandés Dylan Horrocks dibujó en 'Hicksville' una compleja fantasía acerca de los cómics posibles e imposibles. Ahora aparece una edición revisada y ampliada

JUAN MANUEL DÍAZ DE GUEREÑU

Sábado, 19 de junio 2010, 04:02

En 1998, Dylan Horrocks (Auckland, 1966) publicó 'Hicksville. La sorpresa de lectores y críticos fue proporcional a lo desconocido que era el autor, que lo era mucho. Había publicado casi exclusivamente en su país, Nueva Zelanda, que queda bastante apartado de los principales centros de producción del cómic, y era conocido allá sobre todo por sus tiras de humor político. Su mayor éxito -cuenta- había sido que una de ellas irritó tanto a un ministro de Economía del Gobierno neozelandés que canceló la entrevista que tenía comprometida con el diario que publicó los dibujos. Aparte de eso, entre 1993 y 1997 editó su propia revista de historietas, 'Pickle', en la que publicó de forma seriada buena parte de 'Hicksville'. La edición de la historia en libro causó sensación. Fue aclamado por la crítica y ampliamente difundido.

Diez años después, Horrocks vuelve a preparar 'Hicksville' para edición y le añade una introducción dibujada que tiene bastante de confesión personal. Reconoce en ella que la fama ganada con la obra le permitió trabajar para las grandes compañías del cómic americano, pero que eso ni ha mejorado su trabajo ni potenciado su creatividad. Al escribir historias que no puede respetar, por simplonas y comerciales, su labor perdió sentido. Horrocks ha revivido, a su modo, la historia de sus propios personajes. Reeditar aquel primer experimento narrativo significa volver la mirada a las pasiones e inquietudes que guiaron su creación hace una década.

Al lector, la reedición de 'Hicksville' (la publica en español Astiberri) le permite releer, o acaso descubrir, un título singular, que le propone un mundo imaginario único. Pues si el planteamiento argumental de 'Hicksville' se deja resumir sin mayor dificultad, su desarrollo es cualquier cosa menos esperable.

Leonard Batts, un crítico de cómic, viaja al pueblecito neozelandés de Hicksville buscando información para escribir la biografía de Dick Burger, un famoso autor de cómic de superhéroes, considerado el sucesor de Jack Kirby. Burger se negó a hablar de su pueblo natal y Batts, biógrafo concienzudo, ha resuelto buscar allá los orígenes del dibujante. Pero al entrar en Hicksville, como si entrara en un sueño, descubre otra dimensión de la realidad, en la que no sirven café y fracasan los emails y los fax; descubre, de hecho, otra dimensión del cómic.

Otro mundo

Allá la tetería se llama 'The Rarebit Fiend', como la serie del pionero Winsor McCay a comienzos del siglo XX, y el garaje, 'Gasoline Alley', como el clásico de Frank King. Allá todos leen cómics, pero no los tebeíllos comerciales que sirve cualquier kiosco, sino rarezas de autor procedentes de todos los rumbos de la rosa de los vientos. Varios vecinos los dibujan a su aire, inventando formas de dar salida a sus preocupaciones y sus querencias. La biblioteca municipal de Hicksville guarda -y presta- ejemplares del primer número de 'Action Comics' de 1938, aquel en que apareció Superman y que en subasta alcanza una cotización de un millón de dólares.

Horrocks, en suma, dota a ese lugar perdido y casi inaccesible de la capacidad de encarnar los sueños imposibles de cualquier aficionado a los cómics. Hicksville representa un ámbito excepcional en que la gente valora el cómic por su capacidad de expresión, lo respeta y lo discute como testimonio personal y logro artístico. El lector, acompañando a un desconcertado Leonard Batts, va desvelando sucesivas maravillas, hasta dar con la biblioteca fantástica que contiene las grandes obras que nunca se publicaron porque la historia del medio y las constricciones comerciales lo impidieron, los cómics nunca dibujados de Harvey Kurtzman y también los de Picasso.

El ingreso en un lugar ajeno a nuestra realidad es un tópico del relato de aventuras que el cómic de género ha explotado hasta la saciedad, pero Dylan Horrocks lo adopta para un propósito distinto de la habitual relación de grandes hazañas. En su cuento 'La biblioteca de Babel', Jorge Luis Borges imaginó un universo en forma de biblioteca que contuviera todos los libros posibles e imposibles, los realmente escritos y los compuestos por la simple combinación arbitraria de los signos. Tal fantasía de un amante de los libros, llevada hasta la pesadilla, encuentra su paralelo en el pueblo de los cómics que debieran haber existido que es el Hicksville de Horrocks. Pero sus dimensiones son más modestas, las de una alternativa soñada, de modo que apenas la perturban sombras de pesadilla.

La obra se despliega en formas que participan del universo soñado que propone, y de ahí probablemente su eficacia y su fuerza de convicción, intacta diez años después. En sus páginas leemos las vidas de los personajes y también los cómics que ellos han escrito y dibujado para representarse o disfrazarse. Así, 'Pickle', la revista en que apareció por entregas 'Hicksville', figura en sus páginas como obra de Sam Zabel, vecino del pueblo, en un laberíntico juego de ficciones dentro de la ficción. Horrocks usa la puesta en página, los estilos de dibujo y los tópicos de género para dar consistencia a esos niveles de realidad en que despliega su historia. Pero ninguna de sus páginas olvida que lo que importa es la densidad dramática y la intriga de seguir el curso de unas vidas, las de seres que aman, odian y compadecen, tienen fe o carecen de ella, buscan y acaso encuentran, por mucho que dichas vidas se trencen en torno al cómic y sus posibilidades aún incumplidas.

Una metáfora

Como dice uno de los personajes, autor de cómics maltratado por la industria, 'Hicksville' parece una metáfora. Pero se lee como una buena historia, la mayor parte de cuyos protagonistas son también historietistas, como una reflexión acerca de las diversas maneras de concebir y vivir el cómic, y hasta como una historia alternativa del medio. El famoso Dick Burger ha triunfado, ha hecho las Américas, y para Sam Zabel, que fuera su amigo de infancia y sólo ha dibujado historietas personales sin ningún éxito, representa la tentación de la vacuidad y del dinero fácil a cambio de vender su alma de creador a una corporación. La elección está entre el sueño que representa su pueblo de origen y el letargo del producto sin alma.

'Hicksville' dramatizó y anticipó, en muchos sentidos, lo que iba a ser la evolución del mejor cómic durante la década transcurrida desde su primera edición; participó formalmente en ella, diseñando una ficción conforme con sus principios; y la convirtió en nudo argumental de una historia de grandes triunfos y grandes fracasos, aunque los unos y los otros no siempre son lo que parecen.

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