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MERCEDES PERIÁÑEZ
Lunes, 15 de marzo 2010, 02:43
Es uno de los entornos naturales únicos en Europa donde por el momento el hombre no ha fijado sus objetivos de expansión. Sierra Bermeja posee una singular cubierta vegetal y unas características geofísicas que la hacen única. Los ecologistas quieren preservar este valor y para ello la Federación Malagueña de Ecologistas en Acción puso en marcha hace poco más de un mes -junto con otros colectivos asociados- una campaña de recogida de firmas para lograr la declaración de Sierra Bermeja como Parque Nacional. Hasta el momento, han recopilado más de 3.500 rúbricas. Cuando tengan 5.000 las trasladarán a la Subdelegación del Gobierno en Málaga y a la Junta de Andalucía (responsable de la gestión de estos espacios).
Los promotores de la iniciativa se acogen a la Ley sobre los Parques Nacionales, que establece que éstos deben representar grandes ecosistemas típicos del Estado español sin reiteración y con buen grado de conservación. Para ello, los ecologistas argumentan que Sierra Bermeja es única, no solo en España sino en toda Europa y el Mediterráneo. Además, aseguran que se encuentra bien conservada debido al efecto rechazo que las peridotitas (un tipo de roca) vienen ejerciendo sobre los usos humanos, siendo este macizo peridotítico un auténtico desierto poblacional compuesta por formaciones naturales sin explotaciones agrícolas, forestales o hidráulicas.
Características únicas
Este tipo de roca es una de las más escasas a nivel mundial y presenta unas características mineralógicas y geofísicas que las hacen únicas, según los ecologistas. De esta forma, se trata de la mayor masa peridotítica del país y una de las mayores del mundo. Las peridotitas producen la aparición de especies vegetales exclusivas de este macizo; entre ellas destaca la gran joya de la botánica en la provincia de Málaga: el famoso pinsapar de Los Reales. El único del planeta sobre el sustrato de serpentinas.
Este macizo se encuentra poblado por una cubierta vegetal adaptada a las exigentes condiciones del roquedo, con extensos y nutridos bosques de pinos negrales, con coscoja, madroños y jarales, entre otras especies.
Los ecologistas destacan que se trata de un territorio repulsivo para la presencia humana, al menos en lo que respecta a una presencia constante, y para la mayoría de los cultivos. Estas dificultades han sido precisamente las garantes de una conservación más que notable. El aislamiento, la inaccesibilidad y la pobreza de los suelos han sido las tres premisas para preservar esta montaña que de forma «milagrosa» ha escapado a la expansión del ladrillo.
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