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“Mañana me marcho de vacaciones a Noruega”, le dice un amigo a otro durante una conversación en un bar. Minutos después, en los anuncios de su móvil empiezan a aparecer ofertas y actividades ligadas a su viaje. ¿Cómo es posible si era una conversación privada?
El Gran Hermano te vigila. La visionaria obra de George Orwell '1984' sigue haciéndose cada día más real. Uno de los fragmentos del primer capítulo dice así: “La telepantalla recibía y transmitía al mismo tiempo. Era capaz de captar cualquier sonido que hiciera Winston por encima de un susurro muy bajo; es más, mientras estuviera en el campo de visión dominado por la placa metálica podían verle y oírle. Por supuesto, era imposible saber si te estaban observando o no en un momento dado”. De nuevo, el relato distópico toma visos de realidad.
Cámaras en la calle, en las carreteras, en los comercios, en las zonas privadas, etc. es el precio que pagamos por nuestra seguridad. También hay otro coste con el que abonamos algunos productos y aplicaciones: nuestros datos personales. Pero nada de esto es nuevo. Todos sabemos que nuestros datos e imágenes navegan por la red. Ahora bien, ¿qué pasa con lo que hablamos? ¿Mantendríamos las mismas conversaciones si supiéramos que nos están grabando a todas horas?
La noticia de que los televisores Samsung y dispositivos Roku se mantenían en escucha constante, con vulnerabilidades que podían ser utilizadas por hackers, ha puesto de nuevo el debate de los audios en la mesa. Por ello, es conveniente dar respuesta a varias preguntas que muchos usuarios se plantean. La primera y la más importante: ¿Pueden escuchar a través de nuestros móviles todo lo que decimos?
La NSA fue objetivo de críticas hace unos años por realizar escuchas ilegales. Pero no hace falta irse a una agencia gubernamental para que puedan escuchar lo que hablamos en cada momento. En 2016, la periodista de la BBC Zoe Kleinman tuvo la sensación de que una conversación que había mantenido había quedado reflejada en su móvil. Se puso a investigar y descubrió que había más casos similares, sobre todo ligados a publicidad. Esto le llevó a retar a dos expertos en ciberseguridad, Ken Munro y David Lodge, para ver si eran capaces de crear una aplicación que pudiera escuchar conversaciones de forma permanente. Dos días después, la app era funcional.
Para el experimento crearon un programa en Android que al darle permisos para utilizar el micrófono (los que se suelen aceptar sin mirar), registraba de forma remota en un servidor todo lo que se hablaba a su alrededor. Aunque al ser un prototipo la app no funcionaba de forma perfecta, sí que era capaz de anotar las principales palabras que se decían, con un consumo mínimo de batería y sin un excesivo uso de datos. Desde Kaspersky Labllevan un tiempo avisando de ello, cuando indican que dar permisos de micrófono a una app puede suponer que “la aplicación registre todo lo que sucede cerca del teléfono, no solo cuando hablamos por él, sino durante todo el día”.
Google, Facebook y otras empresas han explicado en más de una ocasión que no hacen uso de las escuchas para registrar datos y mostrar publicidad a sus usuarios. En el caso de Google, indican que su sistema solo registra aquello que se diga tras pronunciar ‘Ok Google’. De hecho, desde hace un tiempo la empresa permite revisar todos los datos que han registrado sobre nosotros. Para los audios, solo hay que entrar en Controles de la actividad de nuestra cuenta y pulsar en Administrar actividad de Voz y Audio. Allí encontraremos todos los audios que el sistema ha registrado. Asimismo, según sus condiciones, si una aplicación escucha al usuario sin que este sea notificado es eliminada de la Play Store. La pregunta que surge ahora es: ¿Quién se lee todas las condiciones de las aplicaciones que descarga?
En el caso de Facebook, en EE UU por ejemplo utiliza un sistema con el que la app se mantiene en continua escucha para saber qué canción está sonando alrededor y ayudar al usuario a compartirla en su muro. Aun así, uno de los responsables de la red social, Rob Goldman, ha explicado que “Facebook no usa ni ha usado el micrófono con fines publicitarios”. Pese a todo, el foro Reddit está lleno de usuarios que opinan lo contrario.
En SUR quisimos hacer la prueba. Tres periodistas establecimos un tipo de ropa y varias marcas ligadas a ella que no habíamos buscado ninguno en las últimas semanas. Cada uno abrió la aplicación de Facebook y mantuvimos una conversación de cinco minutos en voz alta donde las diferentes marcas y tipos de ropa eran mencionados una y otra vez. Tras consultar Facebook e Instagram (ambas pertenecen a la misma empresa), ninguna aplicación mostraba anuncios sobre los temas tratados. Ni siquiera al día siguiente aparecían en ellas.
Los asistentes virtuales como Siri de Apple, Cortana de Microsoft o Echo de Amazon se han convertido en un complemento indispensable en muchos hogares, pero si son vulnerados, pueden comprometer la privacidad de sus usuarios. Según el Kaspersky Lab, “los asistentes pueden revelar datos personales y corporativos, además de ser utilizados por ciberdelincuentes para poner en jaque nuestra seguridad”.
En una entrevista a Digital Trends, Michelle De Mooy, Directora del Proyecto de Privacidad y Datos del Centro para la Democracia y la Tecnología, mencionaba que “los teléfonos inteligentes son pequeños dispositivos de rastreo”. Viajan con nosotros, duermen junto a nosotros y se dedican a coleccionar toda nuestra información, desde la agenda hasta nuestro estado físico.
Muchas aplicaciones son gratuitas y ni siquiera ofrecen anuncios con los que costearse. ¿Dónde está el beneficio? En los datos. Es el precio que pagamos por hacer uso de ellas, que nuestros datos se conviertan en una moneda de cambio entre empresas. En el caso de los audios, volviendo al ejemplo inicial, si un sistema fuera capaz de captar palabras clave de nuestras conversaciones y generar publicidad en base a ellas, nos ocurriría lo mismo que nos pasa con las conocidas cookies. Los anuncios que veríamos al navegar estarían personalizados en base a nuestras conversaciones.
Aunque para muchos no es un problema porque ya ocurre con otros formatos, para otros sí lo es por la fragilidad de esas bases de datos que almacenan y transcriben todo lo que decimos. Solo habría que conseguir acceder a una de esas plataformas para saber qué es lo que ha dicho alguien en determinado momento o cuales son sus principales temas de conversación. Una vulneración de la privacidad que muchos no están dispuestos a asumir.
Volviendo al artículo de Zoe Kleinman, en él la periodista indica que el profesor de Matemáticas del Imperial College de Londres, David Hand, publicó un libro llamado ‘El principio de improbabilidad’. En sus páginas se explica que tendemos siempre, por naturaleza, a buscar explicaciones para todo, obviando que a cada momento ocurren cosas aparentemente extraordinarias.
“La gente suele estar más alerta a las cosas que ocupan su atención en la actualidad, como conversaciones recientes o decisiones como comprar un coche o elegir unas vacaciones, por lo que al verlas plasmadas les llama más la atención, pero pueden haber estado allí siempre”.
Tomando la explicación de Hand como base, aunque a veces veamos un anuncio y lo asociemos a una reciente conversación o suceso, puede que ese anuncio nos haya saltado antes muchas más veces, aunque no le hayamos prestado atención.
Pese a todo, si queremos estar algo más seguros de que nuestro móvil no capta todo lo que decimos, podemos optar por desactivar el asistente virtual y denegar los permisos de micrófono a las aplicaciones que utilizamos.
Conocido también como ‘Ilusión de frecuencia’, explica que el cerebro humano tiende a establecer patrones y a ignorar aquellos elementos que no se repiten o que no considera válidos para crear una secuencia. El término fue acuñado por Terry Mullen en 1886 cuando leyó por primera vez el nombre de una organización terrorista llamada Baader-Meinhof y luego comenzó a verla escrita en varios lugares. Se suele explicar de forma sencilla haciendo alusión a que cuando uno busca comprar un coche de determinada marca o está pensando en tener un hijo, empieza a ver ese coche o embarazadas de forma masiva. Pero siempre han estado ahí, solo que el cerebro no les prestaba la misma atención.
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