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Fijamos la cita. Después de estar cinco días escribiéndonos por WhatsApp con mensajes de todo tipo, nos ponemos cara de forma real. Ninguno ha engañado con sus fotos o descripción. Nos conocimos en Tinder, aplicación que se ha convertido en el nuevo bar de copas. En solo dos días he contactado con cuatro mujeres. No hace falta ser un experto en la app, ni Brad Pitt, para poder hacer ‘match’, que es como se denomina al momento en el que dos personas se dan ‘Me Gusta’ mutuamente.
Después de un par de frases genéricas, una de las mujeres con las que di fue directa: “¿Cuánto te mide? Una pregunta indiscreta”. Algunos usuarios solo buscan sexo inmediato, otros, conocer gente y que pase lo que tenga que pasar. También hay un tercer grupo, el de los que están allí porque no son de la zona y quieren conocer personas con gustos afines.
Antonio, de 49 años, empezó a usar Tinder poco después de divorciarse. No bebe alcohol, por lo que indica que le es difícil relacionarse en bares de copas. Empezó a usar la app y le ha ido muy bien: “El 95% de las experiencias han sido buenas, aunque no todas han sido sexuales. Sirve para conocer a gente con formas de pensar y criterios distintos”. Antonio ya no utiliza Tinder porque conoció en ella a su actual pareja, al igual que Francisco, de 40 años. Para este último Tinder es como un juego, un entretenimiento que utilizas cuando sales de trabajar y estás solo. En su caso iba con una perspectiva seria: “Si lo que se quiere es sexo, no hace falta ni Tinder ni nada, tal y como está el tema para la gente de mi edad, sales al Centro de copas y te hinchas”.
Una de las ventajas de Tinder frente al clásico bar, además de la comodidad, es que todo el mundo conoce las reglas del juego. “Todo el mundo sabe que está allí con la misma predisposición. No tienes el problema de encontrarte a una chica con novio o casada, como te puede ocurrir en el Centro cualquier noche. Por eso, como terreno de juego es más justo, más racional”, relata Francisco.
El uso de Tinder es como un juego, aunque no es novedoso. El origen de Facebook se encuentra en un sistema similar, una página llamada Facemash que nació en Harvard en 2003 y permitía valorar estudiantes entre dos fotos. Años después nació Hot or Not, que internacionalizaba el sistema e incluso tiene ahora un logo similar a Tinder: una llama blanca sobre fondo rosa.
“¿Te vas a crear un perfil con tus datos reales?”, me preguntaron varios compañeros en el periódico. La respuesta era sencilla: si quería saber cómo funcionaba realmente tenía que hacer un uso normal de la app. Es decir, dar a ‘Me Gusta’ a aquellos perfiles que me atrajeran y rechazar los que no me gustaran.
Me registré con mi cuenta de Facebook (prometen no publicar nada en ella), subí seis fotos y añadí una breve biografía. Marqué en ajustes el rango de edad, la distancia máxima (hasta 160km) y que buscaba mujeres (también pueden ser hombres o ambos sexos a la vez). Segundos después empezaron a salirme los primeros perfiles. Con solo deslizar su foto hacia la derecha o izquierda iba marcando si esa persona me gustaba o no me gustaba.
Si alguien a quien diera a ‘Me Gusta’ también lo hacía al ver mi perfil, se generaría un‘match’ y podría empezar a chatear con ella, como ocurrió al de pocos minutos de empezar. Salvo que se utilicen opciones de pago o un recurso llamado ‘Superlike’ (estrella azul que significa “Me encanta”), que destaca nuestro perfil cuando otro usuario lo ve, la otra persona no sabe si le hemos dado a ‘Me Gusta’.
Al principio era gracioso, como un juego, pero poco a poco se empezó a volver monótono: Sí, no, sí, no, no, sí… Si la primera foto no me convencía, desterraba a esa persona al limbo de los olvidados. También me ocurrió en más de una ocasión que al pasar fotos, di sin querer a ‘No Me Gusta’ a alguien que me atraía. Pero a menos que pagara, había perdido la oportunidad de poder conocerla. Como era de esperar, también aparecieron en pantalla perfiles de personas que conocía.
La sencillez, inmediatez y comodidad es lo que ha hecho que Tinder tenga ya 50 millones de usuarios que destinan una media de 90 minutos diarios a la app, según indica su CEO, Greg Blatt.
Sandra, de 24 años, empezó a usar Tinder hace tres años, cuando se mudó a Londres. Sus amigas lo utilizaban y se lo recomendaron para mejorar el idioma. Gracias a sus ‘Citas Tinder’ conoció gente y lugares nuevos, ya que según ella, “fuera de España se ve de otra manera porque casi todo el mundo tiene la app”.
Eso sí, entre los perfiles de sus usuarios se puede encontrar una tipología de fotos que se repite como un mantra. Las mujeres tienden a ponerse imágenes enseñando escote, en la playa, de viaje o practicando deportes de riesgo. Los hombres por su parte muestran pectorales, salen con motos, perros o haciendo deporte. Toda una declaración visual de versatilidad e intereses.
En Tinder hay personas de todas las edades, desde 18 hasta más de 55 (rango que aparece en Ajustes). Aunque eso sí, premia sobre todo a los menores de 30 años al cobrarles menos por el servicio Premium. Francisco, recién divorciado, acudió a Tinder porque después de tantos años de relación y con un círculo de amigos ya establecido, se sentía fuera del mercado.
Verónica, de 31 años, lo utilizó como medio para conocer personas porque debido al trabajo no podía conocer gente nueva en su día a día. Álex, de 33, explica que se encontró sobre todo a muchas extranjeras que venían a España y querían aprender castellano: “Yo les enseñaba la ciudad y me venía muy bien para practicar inglés y otros idiomas. De hecho, aunque luego no haya seguido quedando con ellas, sí que hemos seguido hablando como amigos”.
En el caso de Tinder, las mujeres lo tienen más fácil. Un estudio de la Universidad Queen Mary (Reino Unido) estableció que ellas lograba ‘match’ en un 10,5% mientras que los hombres lo hacían en un 0,6%.
El entorno virtual permite que muchas personas se sientan más abiertas y sean más directas en sus mensajes. Javier, de 25 años, indica que lo empezó a utilizar para buscar encuentros esporádicos: “Cuando alguien se abre Tinder es para buscar sexo, si te pones con Facebook, en plan conócela, queda con ella y en realidad lo único que buscas es un polvo rápido, pues es preferible Tinder a otras redes sociales. También es más explicita a la hora de elegir a la gente, ‘Me Gusta’ o ‘No Me Gusta’, punto”.
Añade que en ese sentido ha tenido experiencias positivas, aunque una vez dio con una chica a la que podría definir como ‘intensa’. “Era en plan máscaras de cuero, látex, cuerdas y cosas así, tipo sado, aunque no llegamos a tener nada. Fue todo hablando y de primeras me lo soltó”.
El sexólogo Fernando Gálligo explica que la búsqueda de sexo inmediato no es ni positivo ni negativo, todo depende del uso que se haga de ello: “Es como cualquier tecnología de comunicación, depende del uso. Un buen uso siempre es una ventaja en cuanto a romper barreras de espacio y tiempo, y un mal uso puede hacer que se caiga en una compulsión, una banalización o en una excesiva cosificación de las personas. El problema es que muchas veces lo que no hay que preparar tanto, o no cuesta tanto, se valora menos y se hace un uso peor”. No hay que olvidar en este aspecto que Tinder no deja de ser un ‘escaparate’ de personas. Un escaparate que encima se repite, porque como pude probar, las conversaciones que se entablaban copiaban la misma estructura una y otra vez: gustos, profesión y conversaciones bastante vagas. “¿Qué tipo de música te gusta?”, “¿cuál es tu color preferido?” o “¿qué te gusta hacer en tu tiempo libre?”, son solo algunos ejemplos.
Para Francisco, que lleva ya más de un año con la pareja que conoció en Tinder, es como todas las redes sociales: “La herramienta nunca es mala, si se utiliza bien no hay problema. Una escopeta si la usa un cazador para conseguir comida no es mala, pero si se utiliza para acribillar a gente sí”.
Aunque el chat de la aplicación no permite enviar fotografías, por norma general en cuanto dos personas se sienten cómodas hablando dan el salto a WhatsApp para mantener una conversación más fluida. E incluso enviarse fotos y audios de todo tipo, como pude constatar en mi experiencia.
Tinder permite buscar ambos sexos, pero el público homosexual suele hacer uso de otras aplicaciones ‘menos limitadas’, como Grindr. Rafael, de 44 años, explica que le han llegado a enviar una foto en slip con una máscara de caballo o que le han preguntado a ver si tenía alguna parte del cuerpo escayolada, ya que si no, no quedaban con él. Jaime, de 39, que también hace uso de Grindr, lleva ya un año apagando el móvil cuando queda con gente porque ha llegado a abandonar hasta a tres o cuatro hombres en un mismo día por otros que le salían en la app durante la cita.
En Tinder no es oro todo lo que reluce. La app está repleta de perfiles falsos y anónimos. Algunos que me encontré tenían una o dos fotos donde no habían borrado ni la marca de agua. Otros, mostraban la imagen genérica de Facebook, un perro o un paisaje. Pero incluso la seguridad de la app ha sido puesta en jaque. El año pasado un grupo de hackers españoles consiguieron engañar a la aplicación para situar en tiempo real a sus usuarios sobre un mapa. Un peligro que puede ser usado por acosadores y del que Tinder ya tiene constancia.
Pero más allá de los hackeos, el problema también está en sus usuarios. Una de sus partes negativas es el anonimato. Puedes poner una foto falsa y espiar a otros. Verónica habla sobre una mala experiencia que tuvo: “Hablando después de unos días, el chico empezó a poner fotos raras y cuando deje de contestar me puteó y me insultó, así que lo eliminé. Después se hizo otro perfil con fotos falsas, pero era él de nuevo. Cuando me di cuenta me asustó bastante la verdad”.
Otras historias en cambio son más anecdóticas, como la que cuenta Sandra: “Una vez quedé con un chico y no era para nada el de las fotos y tampoco tenía la edad que pretendía, no sabía dónde meterme y por vergüenza tuve la cita con él. Me llevó a tomar café y me enseñó sitios de la ciudad en su coche. Al irme me di cuenta de que me había olvidado la chaqueta en su coche y como no quería volver a verlo salí corriendo detrás de él hasta que paró”.
Sea como sea, hay que tener presente que la persona con la que estamos hablando puede no ser la que creemos. Si se envían fotografías subidas de tono, como las que me llegaron, y nuestro interés es otro, podemos hacer mucho daño a esa persona. En un bar, al menos, tenemos una cara real, pero aquí no.
El tiempo se ha convertido en una moneda de gran valor y no queremos malgastarlo. Sencillez e inmediatez, la clave del éxito de Tinder. Por cierto, la cita fue bien.
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Aclaración: Los nombres que aparecen en este reportaje son ficticios para preservar la identidad de los usuarios.
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