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VICENTE FERNÁNDEZ
Viernes, 21 de abril 2006, 02:00
HACE poco más de un mes se cumplían diez años de la muerte, el 18 de marzo de 1996, del poeta griego Odiseas Elitis. Había nacido en 1911 en Creta. Sus padres eran originarios, sin embargo, de Lesbos. Entre las dos islas, el Egeo, el mar que, más que asunto o fuente de inspiración, se convirtió en su obra en toda una poética, casi una mística:
[ ] el Egeo comenzó poco a poco a adquirir para mí un peso más considerable. Era el ombligo de aquello que llamamos el espíritu helénico, era el portador de la quintaesencia de todos nuestros valores. Existen lugares que son bellos, simplemente. Existen otros que adquieren un significado especial, porque en su suelo se desarrollado una determinada civilización. El Egeo reúne, sin embargo, esas dos características. Es único porque creo que no existe en ningún otro sitio esta continua interrelación del mar y de la tierra y esta pureza. Por consiguiente, es lo que da, por un lado, ese carácter único a nuestra fisonomía y sustenta, por el otro, una inmensa civilización, a fondo, sin ruptura alguna. ('Autorretrato', p. 63)
Elitis era uno de los más jóvenes componentes de la promoción de 1930, la generación griega a la que se adscriben poetas tan diversos como Yorgos Seferis, Andreas Embiricos, Yanis Ritsos, Nicolas Calas, y que viene a corresponder en el ámbito griego a nuestra Generación del 27, y ello no sólo por la proximidad en el tiempo, sino por la comunidad de problemas y soluciones, por la ubicación en la modernidad y el tratamiento de la tradición, por la similitud del papel histórico desempeñado.
Curiosamente, 1996, el año de la muerte del poeta fue el último en que se editaron en España nuevas traducciones de su obra: 'Orientaciones' (Madrid, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), del que sólo disponíamos hasta entones de fragmentos, en brillante traducción de Ramón Irigoyen, y 'Camino privado' (Granada, Comares), un hermoso librito de reflexiones de la última etapa creativa del poeta, en versión del mexicano Francisco Torres Córdova, una de las personas que el ámbito hispánico más atención han dedicado la última década a Odiseas Elitis. Ahora, a finales de 2005, el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz publicó 'Autorretrato en lenguaje oral', en traducción de Nina Anghelidis, con un prólogo de José Guillermo Montes Cala. Se trata, y cito a Montes Cala, de la «transcripción de las palabras de presentación pronunciadas por el propio poeta en el documental titulado 'Odiseas Elytis', una producción de 1980 del archivo G. Sgurakis de Creta emitida por el Canal ET1 de la televisión griega la noche de San Silvestre de 1999, a las puertas, por tanto, del año 2000».
Frutos de madurez
Rescato mis propias palabras de la reseña que sobre 'Orientaciones' escribí para la tercera entrega de la revista 'El laberinto de Zinc': «'Orientaciones' -obra fundacional y fundamental del corpus elitiano, obra de juventud que contiene ya, sin embargo, frutos de madurez- ve la luz los primeros días de 1940 y recoge toda su obra publicada hasta entonces (desde noviembre de 1935) en pequeños cuadernos independientes o en 'Ta Nea Grámata', la revista fundada en 1935 por Yorgos Catsímbalis, Yorgos Seferis, Yorgos Ceotocás y Andreas Carandonis, en torno a la cual se vertebra lo que se ha dado en llamar Generación de 1930. Son los años en que el surrealismo, al que se aproxima de la mano de Andreas Embiricos, brinda a Elitis la libertad de la que sus confesadas inhibiciones le privan. Elitis no escribirá nada comparable a 'Alto Horno', la obra más automática de Embiricos, pero encontrará en su diálogo con el surrealismo la senda de la palabra que se enseñorea de la sintaxis, del flujo onírico, de la imaginería, de la sinestesia.» A los surrealistas los frecuentaría algunos años más tarde Odiseas Elitis en París:
En París tuve la oportunidad de conocer personalmente a la mayoría de los poetas que había leído y admirado de lejos: a André Breton, fundador del surrealismo, a Tristan Tzara, del grupo de los dadaístas, a René Char y, ante todo a Pierre Reverdy y a Paul Éluard, con los cuales tenía una amistad más estrecha -teníamos temperamentos parecidos. Pero lo más importante fue que tuve allí la posibilidad de acercarme y de frecuentar a los grandes pintores de la escuela parisina: a Matisse, a Picasso, a Chagall a Giacometti [ ] Tuve esa oportunidad gracias a mi amigo Tériade. ('Autorretrato', p. 85).
Tériade (Stratís Elefceriadis), el galerista, crítico, editor (Cahiers d'Art, Verve, Grands Livres), griego, de la isla de Lesbos, amigo y colaborador de Picasso y de otros artistas españoles, que introdujo también a Luis Buñuel en el círculo surrealista. Elitis era también un artista plástico, cultivó el collage toda su vida, y la trayectoria artística de Picasso, al que dedicó una oda, dejó una profunda huella en sus concepciones estéticas:
Con el cubismo la idea de representatividad como concepción se había desplazado, por no decir elevado, a un nivel paralelo al de los egipcios o los cretenses de Minos en los que el llamado 'modelo' no tenía la importancia que hoy le damos. Picasso -por recurrir a 'Las Señoritas de Avignon'- no sólo había eliminado con esta obra la descripción psicológica y el claroscuro. Esencialmente había anulado el 'modelo' o, si se prefiere, lo había rebajado a simple pretexto. Ya no importaba tal guitarra o tal mesa, sino la guitarra, la mesa, y así sucesivamente. La botella, y no «la botella de Banyuls», los caracteres tipográficos de un periódico y no el 'Journal' o 'L'Independent'; un paisaje con casas y no el «paisaje de Horta de Ebro». Esto tenía importancia. ('Camino privado', p. 17)
Relación de calado
De más calado, sin embargo, se me antoja la relación intelectual de Picasso con Elitis en lo que respecta a la comprensión en profundidad de la experiencia de la vida y de la creación artística:
Un día le pregunté a Picasso cómo nunca hizo grandes viajes en su vida, me contestó: «En lugar de correr tras el mundo, no es mejor hacerlo venir a Usted?» Y antes de que pudiera abrir la boca continuó: «¿Sabe Usted cómo? Es muy simple. Depende de la manera en que uno vive, trabaja, se enamora. Bref, yo los cinco continentes los tengo en mi taller.» A pesar de su cierta jactancia, sus palabras me llegaron, daban importancia no tanto a la movilidad misma, como a la capacidad de nuestra mente para instalarse en ella. Y ponían el acento en la sílaba correcta cuando a mi alrededor abundaban las faltas de ortografía. ('Camino privado', pp. 45-46)
Diez años de la muerte de Odiseas Elitis. Un buen momento para leer 'Orientaciones', 'Camino privado' y 'Autorretrato' en lenguaje oral. Por el Egeo, por Picasso, por la poesía.
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