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Francisco Gutiérrez
Domingo, 19 de marzo 2017, 01:31
Informes de la Unión Europea, de la OCDE, de organismos públicos y privados y los propios datos sobre inserción laboral del INE lo dicen con toda claridad: el empleo, actual y futuro, está en las áreas de las tecnologías y las ingenierías. Pero este hecho contrasta con la realidad que se vive en los institutos, con las clases de tecnología casi vacías o incluso sin el mínimo de alumnos para montar un grupo. Esta falta de cantera se traslada a las escuelas universitarias, que han vivido su particular travesía del desierto por el descenso en el número de alumnos. Málaga como potencia en la industria tecnológica tiene los pies de barro, y si no se fomentan las vocaciones científicas entre los jóvenes las empresas sufrirán la falta de profesionales cualificados, que tendrán que buscar fuera de Málaga.
Es difícil de entender que estudios con empleo casi asegurado no sean demandados. De hecho, según el último informe del Ministerio de Educación, las carreras universitarias denominadas STEM (que engloban, en la terminología inglesa, a Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) han sufrido una caída en matrículas de un 25% en los últimos 10 años.
La otra cara de la moneda es el empleo, actual y futuro, relacionado con las ingenierías y tecnologías. La Encuesta de Inserción Laboral de Titulados Universitarios 2014 del INE indica que los graduados con mayores tasas de empleo habían estudiado Ingeniería en Electrónica, Medicina, Automática y Electrónica Industrial, Aeronáutica e Ingeniería Naval y Oceánica. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico ha advertido a España del grave déficit que va a tener en cuanto a perfiles técnicos en los próximos años. De hecho, la UEestima en casi un millón los puestos de trabajo relacionados con las tecnologías que serán necesarios de aquí a 2020.
Pero los responsables educativos parece que no quieren tomar conciencia de este grave problema. La LOMCE ha maltratado las asignaturas relacionadas con las tecnologías (Tecnología Industrial y Electrotecnia). Incluso desaparecieron de los exámenes de selectividad, aunque finalmente en Andalucía se ha decidido mantener la opción de Tecnología Industrial II. Con la LOMCE, Tecnología Industrial en primero de Bachillerato ha pasado de 4 a 2 horas semanales. Como ha sucedido con Electrotecnia, asignatura de segundo, que además esta sí, se ha quitado de selectividad. Por lo que respecta a Secundaria, a Tecnología le pasa como al Guadiana, que aparece y desaparece en el curriculo: es optativa en primero y obligatoria en segundo y tercero.
Y en cuarto curso la LOMCE la contemplaba solo para las enseñanzas aplicadas (los que en teoría van para FP) y no para las académicas (los que quieren seguir Bachillerato). Aunque en Andalucía se logró que sean elegibles en ambos itinerarios, lo cierto es que pocos institutos las imparten por no tener profesores o, cuando los hay, por falta de estudiantes interesados.
Faltan alumnos
En los institutos no resulta fácil montar un Bachillerato Tecnológico. «Saben que es una asignatura difícil, y los estudiantes van por otras más fáciles», apunta César Trujillo, del IES Huelin. «Estudiar ingenierías es muy difícil y no se fomenta. Es necesario hacer un gran esfuerzo y eso en España no está bien remunerado ni reconocido», afirma. En Tecnología Industrial de primero de Bachillerato tienen 30 alumnos. Pero la clase de segundo está medio vacía: son 13 estudiantes. Vanessa Cuberos es la profesora de este grupo, todos chicos. Es además la primera mujer que da esta asignatura en el IES Huelin: «Quizás las alumnas, erróneamente, han visto la tecnología como algo masculino», señala. Rafa Moret, Nicolás Navarro y Adrián Beigveder quieren estudiar Informática. Mohamed Chahid se va a atrever con un doble grado, el de Diseño Industrial e Ingeniería Mecánica. Otro chico, Fidel Muriel, está haciendo en un mismo curso Tecnología Industrial de primero y segundo para llegar bien preparado a la universidad.
En otros centros los profesores de Tecnología no han tenido la misma suerte. El número mínimo para formar grupo en asignaturas optativas es de 15, aunque con menos se puede ofertar si no hay incremento de horas docentes. Es lo que ha pasado en el IES Salvador Rueda, donde, después de cinco años con el Bachillerato Tecnológico este curso se ha dejado de impartir por no llegar a ese mínimo. «Las optativas no suelen llegar al mínimo de 15. Yo he dado Electrotecnia con 8, 9 y 10 alumnos. Este curso tenía 9 para Tecnología Industrial de segundo y 10 para Electrotecnia, pero el centro decidió no ofertar las materias. A estos chicos se les ha negado la posibilidad de ser futuros ingenieros», lamenta Ana Arzola. Recuerda que algunos de sus alumnos han tenido 10 en selectividad en los exámenes de esas asignaturas y otros que hacen carreras técnicas le han agradecido la buena preparación con la que llegaron a la universidad. «Toda esta situación es muy penosa, y encima en los centros tenemos que pelear con los equipos directivos para que se reconozcan y valoren estas asignaturas», comenta Ana Arzola.
Pero el Salvador Rueda no es el único centro con este problema. En el IES Mayorazgo no hay Tecnología en 4.º de la ESO ni en Bachillerato (tampoco Electrotecnia). Tampoco hay Bachillerato Tecnológico en Sierra Blanca de Marbella o el Cánovas del Castillo de la capital. En el IES Torre Atalaya hay en cuarto de la ESO (aplicadas y académicas) y en 1.º de Bachillerato, pero no lo dan en segundo, una situación que se repite en centros con el IES Al Baytar o la Laboral, curiosamente uno de los institutos más grandes de la provincia y que no imparte las asignaturas tecnológicas en segundo. Con el Huelin, el Martín de Aldehuela o el Campanillas son otros centros con Bachillerato Tecnológico.
En algunos casos son los propios profesores los que suplen estas carencias aportando su tiempo y dedicación a los niños. En la hora del recreo, chicas y chicos del IES Torre del Prado, en Campanillas, cambian el patio por el aula de tecnología. Participan, uno o dos días a la semana, en el club de programación y robótica que impulsa el profesor José Carlos Clavijo. «Cuanto más jóvenes, más pasión les despierta la tecnología», comenta el profesor. A Natalia Lozano, estudiante de tercero de la ESO, lo que más le apasiona es «poder hacer cosas que sirvan para la vida diaria». Joaquín Fernández ya ha aprendido a programar con Arduino y no descarta estudiar algo relacionado con la robótica. «Si no hubiera sido por este club, creo que nunca se me hubiera ocurrido», dice el joven. Y Clavijo a un dato: Más del 60% de los alumnos que pasan por el club hacen luego el Bachillerato Tecnológico, y algunos están en la universidad estudiando ingenierías.
En esta misma línea, llevar la programación a los más pequeños, se sitúa el proyecto formativo MalagaByte, que impulsa el Ayuntamiento de Málaga y prevé unos 400 talleres de robótica en 110 colegios y una participación de unos 10.000 escolares durante este curso. El problema es la falta de continuidad de estos proyectos si luego los jóvenes no pueden estudiarlo en los institutos.
Abandono y fracaso
El vértice de la pirámide formativa lo constituye la universidad. Y la escasa base tecnológica con la que llegan muchos alumnos termina pasándoles factura: uno de cada tres alumnos de carreras técnicas abandonan o cambian de grado por la dificultad de los estudios. La tasa de abandono es superior al 60% en el grado de Ingeniería Telemática y en torno al 50% en Ingeniería Informática y en la de Computadores.
La dificultad de los estudios la han podido comprobar alumnos como Javier Alcaide, cordobés, o Carlos García, de Pozo Blanco, de primer curso de Tecnología de Telecomunicaciones y que no han aprobado ninguna asignatura en el primer cuatrimestre. «Tendremos que apretar en este segundo, porque si no aprobamos dos no podremos seguir en la universidad», comentan. La beca la dan por perdida. En ambos casos se decidieron por estos estudios «a última hora». En cambio, Dani Rosón, malagueño, sí tenía interés en estos estudios, aunque no cursó ni Tecnología ni Electrotecnia porque su instituto ofertaba Dibujo Técnico. Pero ha aprobado dos de cinco asignaturas del primer cuatrimestre. Mejor le ha ido a Andrea Mendoza, que en el Pablo Picasso sí cursó Tecnología. Sistemas de Telecomunicación fue su primera opción y ha aprobado cuatro asignaturas.
Cuatro escuelas técnicas
Las carreras técnicas no son un paseo para los universitarios, como prueban algunas cifras: En la ETSI Informática entraron este curso 335 alumnos, y se graduaron solo un centenar (incluidos títulos a extinguir). En Telecomunicación, con 340 de nuevo ingreso, terminaron los estudios 120. Y en la de Ingenierías Industriales han sido 910 alumnos de nuevo ingreso, y 303 los egresados. Es decir, en todos los casos terminan un tercio de los que empezaron.
La UMA cuenta con cuatro escuelas técnicas. La de Ingenierías Industriales, con más de cuatro mil alumnos, es el centro más grande de la UMA. Su director, Alejandro Rodríguez, es consciente de que uno de los principales problemas de la escuela es la elevada tasa de abandono, y dice que tienen planes específicos para corregir casos de desviaciones llamativas. Pero también pone el foco de atención en la preparación con la que llegan los alumnos: «Posiblemente haya que trabajar en el perfil de los estudiantes, para que los que lleguen estén más acordes con las exigencias de las titulaciones de esta escuela», afirma.
Para el director de la ETSI de Telecomunicación, Fabián Arrebola, «es un hecho contrastado que las empresas y la sociedad en general tienen cada vez más necesidades de perfiles tecnológicos y éstos son cada vez más difíciles de cubrir». Ernesto Pimentel, director de la ETSIInformática, apunta que la falta de vocaciones científicas no es un problema exclusivo de Málaga: «Es algo que se repite a nivel nacional e internacional; y también en otras ingenierías». Y es un problema que se remonta a casi una década atrás. «En mi opinión, esto puede deberse a que se trata de estudios difíciles (o al menos dan esa impresión), y que han perdieron cierto prestigio social». Pimentel apunta a otra posible causa, muy comentada por lo que respecta al Parque Tecnológico: la oferta existente corresponde en su mayor parte a puestos con escasa responsabilidad y salarios «muy moderados».
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