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La historia de Málaga está repleta de casos de personajes que llegaron a triunfar y a colocar su nombre en lo más alto de las artes y otras disciplinas de la época. Hombres y mujeres nacidos en Málaga, muchos de ellos de origen humilde, cuyo talento les permitió dar un giro a sus vidas y que quedarán por siempre ligados a la memoria colectiva de varias generaciones. Quizás uno de los casos más conocidos en el baile -la historia que hoy nos ocupa- fue el de Anita Delgado, la joven que llegó a ser maharaní de Kapurthala por su matrimonio con el marajá; pero igualmente fascinante aunque más oculta resulta la trayectoria de otra de las bailarinas que alumbró la ciudad en el corazón del Perchel y que logró incluso que sus maneras sobre el escenario acuñaran términos propios en idiomas como el checo. Se trata de Pepita Durán, una niña nacida en el seno de una familia gitana que revolucionó los teatros de media Europa a mediados del siglo XIX y a quien hoy aún se recuerda en esas latitudes con un término propio para los pantalones que usaba (los 'pepitahosen') o las telas que empleaba en su vestuario ('pepita' o 'pepito', que hacían referencia a los diminutos cuadrados blancos y negros dispuestos a modo de ajedrez). Su imagen aparecía hasta en las cajas de cerillas...
Pero la fascinación por la historia de Pepita trascendió su propia figura y alcanzó a sus descendientes, en especial a su hija Victoria y a su nieta Vita, convertida en la protagonista de la inmortal novela de Virginia Woolf 'Orlando', en la que se describían los amoríos entre ambas y que terminaría siendo el argumento de la película 'Vita & Virginia'. Entre las tres generaciones sumaron los hijos ilegítimos que tuvo Pepita Durán con el barón lord Lionel Sackville-West, la guerra por las herencias que mantuvieron en vilo a la sociedad de media Europa y una vida repleta de lujos a caballo entre castillos ingleses y palacios franceses.
El origen de esta fascinante saga familiar se sitúa en el corazón de El Perchel, en la calle de La Puente, donde Pepita vio la luz en el seno de una familia de origen gitano y que quedó huérfana de padre cuando aún era una niña. Las malas lenguas de la época decían que la pequeña era fruto de una relación ilegítima de su madre -hija de un alpargatero- con el duque de Osuna, aunque esta historia está aún hoy a medio camino entre la leyenda y la realidad.
Sea como fuere, desde muy pronto Pepita Durán destacó por su talento con el baile, de modo que su madre decidió apostar por su carrera y desplazarse a Madrid para probar fortuna. Allí, la joven conoció al famoso bailarín Juan Gabriel de la Oliva, de quien se enamoró y e incluso llegó a tomar el nombre artístico (Pepita de la Oliva) después de la boda. Aquella unión apenas superó el viaje de novios a Ocaña, Toledo y Valencia; y tal y como recuerda la exarchivera municipal y miembro de número de la Academia Malagueña de Ciencias en artículo publicado en el boletín de la propia institución, Mari Pepa Lara, el abandono del hogar del marido fue un escándalo monumental en la época pero paradójicamente puso a Pepita en el trampolín de un éxito arrollador que poco después llegaría hasta Europa.
Sus actuaciones en Francia, Inglaterra Dinamarca o Rusia generaban tal delirio y respeto que la joven bailarina tuvo hasta una marcha militar propia ('Marcha Pepita') y a la salida de uno de los teatros alemanes en los que actuó el público desenganchó los caballos de sus carruajes para pasearla por la ciudad. Su carrera fulgurante vivió un episodio definitivo cuando conoció en París a Lord Lionel Sackville-West, segundo barón de Sackville y diplomático de prestigio que no tardó en caer rendido a los encantos de aquella joven de origen gitano. La historia de amor (él, 25 años y ella, 22) también representó un escándalo en la alta sociedad de la época, no sólo por la condición humilde de la bailarina, sino porque Pepita nunca llegó a divorciarse de su primer marido y los siete hijos que nacieron de esa relación fueron considerados ilegítimos y se convirtieron con los años en los protagonistas de una batalla legal por la herencia y los títulos del barón.
Las crónicas de la época retratan la unión como una relación feliz y repleta de lujos, viajes por todo el mundo gracias a la carrera de Pepita y a la condición de diplomático de su amante y una vida cómoda y relajada en la fabulosa mansión de Arcachon (Francia) que Lionel recuperó para su familia. La mala fortuna quiso, sin embargo, que en 1871, en el alumbramiento de su séptimo hijo, Pepita cayera víctima de la fiebre puerperal, tal y como recuerda Lara, y muriera a los 41 años. Fue enterrada en el jardín de su casa y desde entonces la vida de Lionel comenzó a derrumbarse y a entrar en los interminables pleitos con el resto de su familia por la manutención -excesivamente cara, decían-, de los hijos ilegítimos de la pareja.
El diplomático decidió poner un océano de por medio y se marchó a Buenos Aires, dejando a sus hijos al cargo de una familia francesa; al mayor en un internado y a Victoria -otra de las protagonistas de la saga- en un convento. El paso de los años convirtió a la chiquilla en una joven fascinante, hasta el punto de que abandonó la clausura y viajó con 19 años a Washington para acompañar a su padre, que había sido nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Estados Unidos por el gobierno británico. De la belleza y la arrolladora personalidad de Victoria dejan constancia no sólo las crónicas de la época, sino también historias que han llegado hasta nuestros días y que recuerdan cómo personalidades de la talla de J. P. Morgan cayeron rendidos a sus pies. Hay quien llega más allá y afirma, incluso, que llegó a recibir una propuesta de matrimonio del presidente de los Estados Unidos, Chester A. Arthur. Así se recoge en el blog sobre presidentes norteamericanos y primeras damas ('American Presidents Blog') que elaboran profesores de historia y que dan el relato como cierto: la escena habría tenido lugar durante un banquete en la Casa Blanca y, durante el brindis, el presidente Chester (ya viudo) le hizo la propuesta a la joven Victoria. La escritora Barbara Holland, en el libro 'Hail to the Chiefs' (2003) recoge la contestación literal de la joven, que despachó al presidente entre risas: «Señor presidente, tiene un hijo mayor que yo y usted es mayor que mi padre» (…).
Al finalizar su estancia en Estados Unidos, padre e hija se instalaron en el fabuloso castillo de Knole, aún hoy uno de los monumentos más visitados en Gran Bretaña, y allí conoció Victoria a su primo Lionel Edward (hijo del hermano de su padre), con quien se casaría para alegría de su padre ya que al menos esa unión daría legitimidad a su hija Victoria -su favorita entre el resto de los ilegítimos que tuvo con Pepita Durán.
Sin embargo, la tranquilidad del matrimonio, que ya había tenido a su hija Vita, no duraría mucho, ya que uno de esos hermanos de Victoria, Henry, reclamó los derechos sobre la herencia de su padre. El litigio lo enfrentaba de lleno a su marido-primo Lionel, ya que éste argumentó que su tío había fallecido sin dejar descendencia legítima y que por lo tanto era él, y no Henry, el depositario de todo ese legado.
La batalla legal se libró durante años en varios frentes y países (sobre todo Inglaterra y España) y acaparó las portadas de toda la prensa europea de la época: Mari Pepa Lara recuerda en su artículo que diarios españoles como 'Abc', 'El País', 'El Imparcial' o 'La Vanguardia' «prestaron una gran atención a las variadas denuncias y al juicio posterior». Después del litigio, los tribunales británicos declararon hijos ilegítimos a los cinco hijos vivos de Pepita Durán y todo quedó en manos del marido de Victoria.
Sin embargo, este no fue el único juicio al que tuvo que enfrentarse lady Victoria, a quien las malas lenguas tachaban de ser una mujer caprichosa y algo interesada en las relaciones con hombres mayores que ella. La familia de uno de sus mejores amigos, sir Murray Scott, uno de los hombres con más fortuna de Europa, la llevó a los tribunales cuando el potentado dejó a Victoria parte de su inmensa fortuna y su entorno la acusó de haber actuado con malas artes. La hija de Pepita ganó la batalla legal y según se recoge en una amplia información publicada en 2016 con motivo de la regata de vela clásica Puig Barcelona decidió invertir parte de esa fortuna en la fastuosa embarcación Sumurun, que regaló a su marido y que aún hoy se conserva con el mismo mobiliario de principios de siglo con el que fue construida. De hecho fue una de las 'joyas' que participó en las mencionadas regatas y a lo largo de los años ha recibido a huéspedes célebres como Mick Jagger, el cantante de los Rolling Stones, o el exsecretario de Estado de EEUU, John Kerry.
Más allá de las peripecias de su madre, fallecida en 1936, la tercera gran protagonista de esta historia fue Vita. Nacida como Victoria Mary Sackville-West, fue conocida sin embargo con ese diminutivo y considerada la figura central del denominado Grupo de Bloomsbury: poetisa, novelista y diseñadora de jardines, tampoco quedó exenta del escándalo social que ya habían protagonizado su abuela y su madre por llevar un 'matrimonio abierto' y tener sexo con mujeres. De ahí precisamente surge el vínculo sentimental con Virginia Woolf, que la convirtió en la protagonista de su novela 'Orlando' y posteriormente en el argumento de una película. La relación entre Vita y otra de sus amantes, Violet Trefusis, también fue llevaba a la pequeña pantalla por la BBC en 'Portrait of a Marriage'.
Para los que pudieron pensar que las herederas de Pepita Durán habían olvidado el vínculo con la cuna de su abuela, la propia Vita realizó una visita a Málaga en el año 1949 para conocer el lugar en el que nació. Sin embargo, el viaje resultó decepcionante para todos aquellos que habían seguido los pasos de la familia y que esperaban una respuesta más cálida por parte de Vita, que apenas pudo avanzar por las callejuelas del barrio de su abuela por el revuelo que allí se montó. Así lo confirmaba Ángeles Rubio-Argüelles en un artículo publicado en SUR el 17 de marzo: «Una mañana deambulando por el centro me di de frente con una señora altísima, rarísima, nada agraciada: en fin, una inglesa 'extraviá' de las muchas que andan por Málaga». 'Extraviá' o no, aquel viaje de Vita a Málaga devolvía a la ciudad de manera simbólica parte del brillo de Pepita, la joven huérfana de origen humilde que fue capaz de construir su propio futuro. Y el de su saga.
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