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marina rivas
Lunes, 20 de febrero 2017, 00:17
Los vecinos de Málaga se han despertado sorprendidos por los destrozos que ha causado esta nueva tromba de agua, sin embargo, la peor parte les ha tocado a los que la vivieron en plena madrugada. Sábado y de celebración con motivo de los carnavales. El centro de la ciudad estuvo copado anoche de personas que salieron a disfrutar de la noche malagueña, aunque la fuerte lluvia optó por cambiar los planes de muchos de ellos. «Mucha gente que estaba en las discotecas salió a la calle a ver lo que pasaba y todo el mundo empezó a hacer fotos y a grabar vídeos», comenta uno de los testigos de la riada que se creó en las calles, Antonio Navas.
Unos que salieron de los locales y otros que se vieron obligados a hacerlo. Este fue el caso de una de las discotecas más populares de la zona centro, que tuvo que desalojar a los clientes en torno a las cuatro y cuarto de la madrugada. Antonio Ramírez estuvo allí y explica: «Rondando las tres de la mañana comenzó a caer agua del techo de la sala principal. Los del local empezaron a poner cubos de agua y abrieron la sala anexa y la gente de trasladó a esta. Pero luego comenzó a salir agua también de la segunda sala», recuerda. A lo que añade: «Sobre las cuatro aquello ya parecía una piscina y nos tuvieron que desalojar porque aquello era insostenible».
Una situación caótica que ha conseguido que algunos de los vídeos que grabaron los propios clientes se hicieran virales. Además, después de esos instantes, Ramírez asegura: «Había mucha gente de fuera de Málaga y no paraban de preguntarse dónde irían ahora». Algunos hoteles del Centro abrieron sus recepciones para que las personas que no tenían adónde ir pudieran cobijarse mientras duraba el aguacero. Otros, como a Irene Espada, les tocó vivirlo desde el coche. «Pénsabamos que no sería para tanto pero de repente empezó a caernos una granizada y el coche se nos caló varias veces por el agua», comenta. «Estuvimos a punto de aparcarlo en el párking de La Marina, pero menos mal que no lo hicimos». Y es que esta resultó ser una de las zonas más afectadas de la noche, tanto la propia plaza como sus alrededores, donde las alcantarillas más cercanas volvieron a rebosar, al igual que sucedió con las lluvias torrenciales de diciembre. Además, Navas añade: «Pasé por allí andando con mis amigos para ir a por el coche y el agua nos llegaba a la altura de las rodillas, fue increíble».
Pasaban los minutos y cada vez más gente se acumulaba bajo el techo de portales e incluso sucursales bancarias. Los más valientes acabaron por salir corriendo bajo la manta de lluvia a comprobar el estado de sus vehículos. «Salí de fiesta con mis amigos y fui al Centro en moto, luego no podía volver a mi casa», asegura otro de los afectados, Juan Fernández. Se mantuvo más de una hora y media esperando a que la tromba cesara y finalmente, se decidió a buscar su vehículo. «Yendo por Álamos, la riada me llegaba a las rodillas... Temía que el agua pudiera llevarse mi moto. Una vez montado en ella me resultaba muy difícil llevarla, sobre todo porque los granizos me chocaban en el cristal del casco».
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