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María Eugenia Merelo
Domingo, 17 de julio 2016, 13:57
Es uno de los gestores del patrimonio histórico más veteranos de la Junta de Andalucía. La protección de los bienes culturales ha marcado todos y cada uno de sus pasos profesionales. A lo largo de 30 años de carrera, ha desempeñado un buen número de cargos en la Consejería de Cultura: director general de Bienes Culturales, director del Conjunto Monumental de la Cartuja, viceconsejero de Cultura o secretario general de Políticas Culturales. Este arqueólogo de Casabermeja formó parte de los equipos pioneros que defendieron la planificación urbanística y la salvaguardia y tutela del legado arqueológico y participó en los 80 en el diseño y construcción de la nueva administración autonómica del patrimonio histórico. Experto en el mapa prehistórico de la provincia de Málaga, director de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera, gestionó el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera entre 2004 y 2010, responsabilidad que retomó en 2012. Muchas horas de su trabajo están detrás del triunfo de la candidatura del conjunto megalítico, que el pasado viernes ingresó en la Lista de Patrimonio de la Unesco. Ahora, los monumentos se enfrentan a nuevos retos. Y, asegura, le preocupan.
La candidatura a la Unesco ha recorrido un camino largo y complicado. ¿Ha sido su desafío más difícil?
No. Ha sido un expediente complejo que ha contado con mucha gente y muchos elementos del mundo de la investigación, del derecho y urbanístico. Me ha tocado el papel de armonizador de equipos. Como expediente administrativo, probablemente si haya sido el más complejo. Pero, por ejemplo, el proceso de rehabilitación de un monasterio-fábrica como el Conjunto Monumental de la Cartuja de Santa María de las Cuevas, fue un expediente de mayor complejidad. Comportó la inversión de 11.000 millones de pesetas, una de las operaciones culturales de mayor inversión económica de la Expo 92, que fue reconocida con el Premio de Conservación y Restauración de la Real Fundación de Toledo. Significó el uso inmediato para pabellón real y las grandes exposiciones temáticas, para convertirse el año 93 en la sede de tres instituciones señeras de la Junta: la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) y el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.
La candidatura del conjunto se ha cocinado a lo largo de 30 años. ¿Ha echado algo de menos?
Sí. Un apoyo continuado en el tiempo. No todos los equipos políticos que han estado en la consejería han sabido ver la importancia del Sitio de los Dólmenes de Antequera, tanto en una fase inicial como en las siguientes, en las que yo estaba en otras competencias. Y muchísimo menos en periodos más recientes, como con el equipo que sucedió a Juan Antonio Griñán como presidente y a Paulino Plata como consejero. Estamos hablando de fechas muy recientes. Y en ese momento, la candidatura corrió peligro.
¿Por qué?
El expediente de Dólmenes estaba hecho y el monumento en la Lista Indicativa de la Unesco, una lista previa a la declaración en la que hay que permanecer al menos dos años. En aquel momento, se intentó poner la candidatura del yacimiento de Medina Azahara de Córdoba por delante de la de Málaga. Ni siquiera se atendía la argumentación, que repetimos hasta la saciedad, de que en el territorio andaluz, en ese momento, Málaga y Cádiz eran las únicas provincias que no tenían bienes en la lista. Y parece que era justo que ingresasen bienes antes de que otra provincias incorporasen nuevos bienes, si haces política autonómica y quieres cohesionar los territorios de la comunidad. Córdoba ya tenía la Mezquita en la lista, una protección que luego se amplió al centro de la ciudad. Tenía además la Fiesta de los Patios en la Lista de Patrimonio Inmaterial.
Pero la candidatura al final se salvó y ahora los Dólmenes ya están en esa nómina. Las visitas se han multiplicado, ¿cuentan con los medios materiales y humanos necesarios para esta nueva etapa?
No, en absoluto. Está infradotado. Tiene una relación de puestos de trabajo que data del año 93, con una pequeña reforma en 2005, absolutamente insuficiente para asumir la gestión de un conjunto.La gestión
¿Y qué necesitaría?
Una plantilla con una dirección facultativa mínima y, aunque no es una practica administrativa muy considerada, con externalizaciones sectoriales en seguridad, mantenimiento, jardinería o limpieza. Pero sí un equipo facultativo que represente los intereses públicos. Yo ahí soy beligerante con los modelos de gestión privada al cien por cien, implantados, por ejemplo, por el Ayuntamiento de Málaga. Creo que la dirección facultativa de un museo como el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) debería ser pública. Externalizar servicios, pero la creación de una colección o las líneas estratégicas de la institución deberían estar en manos de funcionarios. En el caso de la Junta de Andalucía son los conservadores de museos o del patrimonio histórico.
¿Y cómo se gestionan ahora los Dólmenes?
Mediante un servicio administrativo que se llama de gestión diferenciada. Como no tiene medios para llevar a cabo su gestión, la gestión se lleva en la Delegación de Cultura de Málaga y no en Antequera, que es dónde, según el decreto de Gobierno, se debería llevar.
¿Toda la gestión?
Toda. El dinero que asigna al conjunto la consejería se recibe en la Delegación de Málaga. Si yo tuviese medios propios para gestionar una unidad administrativa, desde las nominas hasta los contratos se llevarían en Antequera, porque así se decidió en el Consejo de Gobierno. Como la Alhambra o el Conjunto Arqueológico de Medina Azahara. La RPT (Relación de Puestos de Trabajo) de Dólmenes no tiene parangón en su rango con otros conjuntos arqueológicos o museos en lo infradotado de su estructura.
Y esa dotación precaria, ¿se cumple al menos?
No. Hasta ahora hemos hablado en un plano teórico. La RTP es un decreto que aprueba el Consejo de Gobierno y publica el BOJA, es el catálogo de puestos que se le asigna a un sitio. Esa RPT tiene que ir acompañada con una lista con los efectivos reales, las plazas que están dotadas ocupadas y las plazas que no están dotadas o vacantes. La RPT teórica tiene diez plazas. Cinco están vacantes.
¿Cuáles?
Por ejemplo, el equipo de seguridad, lo componen cuatro vigilantes y están vacantes. El servicio de seguridad no se presta en el conjunto.
¿Y el resto de plazas?
Una quinta plaza, que corresponde a una ayudante de patrimonio histórica que estuvo ocupada por una profesional joven, una arquitecta, que ante plazas similares o mejor dotadas en capitales de provincias, pidió su trasldo. Es el peligro que tiene la RPT de Antequera, que tiene una infradotación en los puestos y no es capital de provincia. También tenemos una plaza de arqueólogo, que desde su ingreso en la función pública en el año 93 no ha prestado sus servicios en conjunto arqueológico, que es de quien recibe la nomina.
¿Y dónde presta ese servicio?
El la Delegación Provincial de Málaga, pero percibiendo la nómina del conjunto arqueológico. De la misma manera, cuando yo me incorporé a la dirección en 1994, sabía de la existencia de un administrativo, porque estaba en la nómina del conjunto. Prestaba servicio en la Biblioteca Municipal de Antequera desde el año 93. Lo reclamé, me costó, pero al final se trasladó a la plaza por la que recibía su nómina y ahora es administrativo del conjunto arqueológico.
¿Y cuáles son ahora los retos?
Ahora se trata de cualificar la gestión patrimonial para cumplir los compromisos que hemos adquirido ante la Unesco. Y para ello es imprescindible resolver el tema de los recursos económicos y humanos, para poder hacer una gestión solvente, de calidad, que nos permita contratar los diferentes trabajos a llevar a cabo en el conjunto desde el propio conjunto. En este momento no hay unidad de gestión alguna. Pongo el acento en la cualificación. Ya se nos ha colapsado el conjunto con la llegada de autobuses con visitas escolares. Nos hemos quedado sin folletos. Hay que cualificar, hay que ampliar las estructuras y los medios económicos para dar respuesta a la avalancha que se avecina. Es lo que nos dijo Amadou-Mahtar MBow, entonces director general de la Unesco, cuando nos visitó en el año 86: «Tenéis que trabajar para cuando lleguen las masas de turistas para poder organizar la visita a estos frágiles monumentos». De ahí el museo, que es imprescindible para acoger y reedistribuir la masa de visitas que hemos tenido esta primavera. No podemos dar el espectáculo de unos momentos, saturados, colapsados, desatendidos y si protección.
Los Dólmenes de Antequera, ¿siguen guardando sorpresas?
Sí. Por ejemplo, el cerro del Marimacho es un auténtico reservorio arqueológico. La propia Vega es una reserva arqueológica de primer nivel, puesta al descubierto por la obra pública: las obras del AVE, de la circunvalación de Antequera y de las autovías. El Cerro del Marimacho es privado y habría que conseguir una permuta con los propietarios para poder investigar en esos suelos. Ese cerro podría dar sorpresas. Tiene una estructura excavada en la arenisca, en la roca, con tres compartimentos, uno central y dos laterales, que los profesores de Granada, el arqueólogo Manuel Gómez Moreno y todo su equipo, valoraron a principios del siglo XX como un cuarto enterramiento de esta necrópolis, con una tipología distinta. Pero no terminaron la investigación. Hemos podido encargarle al Instituto de Astrofísica de Canarias la orientación de los ejes dominantes de esta construcción. Coinciden con la orientación solar equinocial de Viera. No es concluyente que esta excavación en roca la podamos filiar como prehistórica. Pero eso ya le pertenece al futuro.
- ¿Qué personas han sido claves para llegar a la Unesco?
Los hermanos Viera. Dos hermanos que estaban en paro y salieron de Dos Hermanas en Sevilla. En Antequera consiguieron un empleo de jardinero y de personal de mantenimiento de la red de saneamiento local. Por las tardes, a principios del siglo XX, se pusieron a investigar un cerrillo que estaba junto al de Menga, porque tenían la intuición de que era otra cueva. La descubrieron en 1903. Al año siguiente, descubren otro cerrillo en la vega, que es el tholos de El Romeral. Esta familia ha sido clave, porque incorporó dos bienes fundamentales para la necrópolis. Y clave es la comunidad científica en general, la que vino tras esos descubrimientos: la comunidad científica de esa incipiente arqueología de principio de siglo con Gómez Moreno y Hugo Obermaier, el primer catedrático de Historia Primitiva del Hombre, un profesor de origen alemán, catedrático de la Universidad Central. En los años 30, antes de la guerra, Obermaier constituyó una comunidad científica de los monumentos prehistóricos de Antequera. Hay documentos y actas de este órgano de asesoramiento de la administración local para cuidar los tres monumentos. Y clave, la Universidad de Málaga, que en los años 80, en los inicios de la autonomía, realizó unos primeros trabajos intensos de investigación en la necrópolis, dirigidos por los dos profesores del Departamento de Prehistoria, Ignacio Marqués y José Enrique Ferrer Palma. Y el arqueoaostrónomo británico Michael Hoskin. No sólo para nuestra necrópolis, sino para todos los dólmenes conocidos e investigados por los arqueólogos. Él se puso manos a la obra para constatar la orientación de cada uno de ellos y permitió conocer la orientación anómala de los nuestros.
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