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PPLL
Viernes, 9 de octubre 2015, 00:29
El mayor de los pecados del golf es sin duda su imagen elitista. Desde el sector esgrimen que el esquí, que podría compararse en coste diario para el aficionado, consume también ingentes recursos en terrenos siempre muy sensibles y no tiene esa mala fama. Aunque muchos de los proyectos de golf se construyeron para hacer viables urbanizaciones de hasta 4.000 viviendas, es necesario huir del tópico del binomio que equipara golf y urbanización. También existen otro tipo de proyectos cuyos fines son más deportivos y buscan su oportunidad en terrenos baldíos y degradados. Un campo de golf puede recuperar terrenos destruidos. En España existen ejemplos. En el extrarradio de Logroño, en pleno camino de Santiago, hoy se puede disfrutar del Parque Natural de la Grajera. Hace diez años era un inmenso erial donde se habían abandonado los cultivos y que había sido aprovechado parcialmente como vertedero municipal. El campo de golf, que ocupa unas 60 hectáreas, fue construido sobre este vertedero y el proyecto incluía la plantación de 400.000 árboles y la construcción de varios senderos y áreas recreativas en un parque de más de 300 hectáreas. Algo parecido ocurría en Benalmádena Golf, que recuperó otro vertedero municipal que había quedado, merced a la expansión urbanística, en el centro del municipio. Hoy es una escuela municipal y ha reincorporado a la ciudad un espacio de 144.000 metros cuadrados.
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