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Francisco Griñán
Lunes, 15 de mayo 2017, 00:33
Hay palabras que abren puertas como si fueran una llave. Y a Paloma Romero sólo hay que mentarle «Málaga» para que responda con un entusiasta «Hola, boquerón», aunque no conozca a su paisano interlocutor. Más conocida en el mundo de la música como 'Palmolive', responde a la llamada de SUR desde Hyannis (Massachusetts, EE UU) donde vive desde hace casi tres décadas. Hasta allí le ha llegado la noticia publicada por este periódico del rodaje de &lsquoLa residencia&rsquo, una película de Antonio Hens que se inspira en su vida y su revolucionario legado musical. No es la única producción en marcha. En Gran Bretaña ultiman el documental 'Here to be heard', que retrata la creación y trayectoria de The Slits, el primer grupo punk femenino de la historia de la música que fundó la batería malagueña. Un movimiento musical y contestatario en el que irrumpió con su entonces pareja, Joe Strummer, líder de The Clash, y que Romero y sus compañeras de banda convirtieron en un grito feminista. «No pretendíamos ser salvajes... éramos salvajes», subraya la que fue protagonista de la efervescente escena contracultural del Londres de los 70.
Pero antes de que naciera Palmolive, llegó Paloma, una niña con coletas y sonrisa picarona que se sigue asomando al rostro de esta mujer de 62 años. Por algo tiene esta imagen infantil en su perfil de redes sociales. «Fui la octava de nueve hermanos», relata Romero, que contradice la Wikipedia para puntualizar que nació en Melilla en 1954, aunque sus primeros recuerdos son malagueños: su casa de Monte Sancha y su vecino colegio de las Teresianas, hasta que toda la prole se mudó a otra residencia en calle Córdoba. Después de clase, la adolescente Paloma se encerraba en su cuarto a escuchar canciones de Joan Manuel Serrat y Paco Ibáñez. Nada que ver con el punk. Salvo en lo del espíritu crítico.
Aquellas canciones alimentaron su conciencia libertaria, aunque, sin saberlo, también lo hizo su padre, que fue empresario de la construcción. «Se traía a casa a hippies mochileros que se encontraba por la calle y escuchándolos supe que había otro parte del mundo en la que existía libertad», recuerda Palmolive que, tras terminar COU en San Estanislao, cogió el petate y se fue a Londres con apenas 17 años. «Aquello me cambió».
«Tenía sentido de la justicia y el rol de las mujeres en aquella España no me gustaba nada. ¿Por qué mis hermanos podían hacer lo que querían y yo no?», se queja Romero, que admite que estaba «politizada» y rechazaba todo lo que Franco representaba, aunque, con la perspectiva del tiempo, se observa como «una niña que no tenía ni idea». Pero esa rebeldía la llevó a la capital británica y a cruzarse con un tal Woody, más tarde rebautizado y conocido como Joe Strummer. «Veníamos de dos mundos muy diferentes y nos influimos mutuamente. Yo compartí mi conciencia social y él esa búsqueda de un mundo interior y una voz propia», admite la artista que vivía con su pareja y varias decenas de colegas en una comuna hippie, en la que no faltaban las drogas. «Era parte de esa atmósfera de exploración personal», explica.
Todo por un cerdito
Y en 1975 estalló el punk. Strummer se tiró de cabeza. «Muchos de nuestros amigos hippies lo rechazaron y él creía que yo también me negaría, pero me gustaba la filosofía punky», relata Paloma Romero que, por entonces, cambió de nombre. El culpable fue el bajista de The Clash, Paul Simonon. «Me preguntó como me llamaba y le dije: 'Paloma'. Él me contesto: '¿Palmolive?' -una famosa marca de la época de productos de higiene-. Le dije que sí y con ese nombre me quedé», rememora la intérprete que por entonces se encontró con una chica de 14 años que abroncaba a su madre a la salida de un concierto. «Le llamó la atención mis pendientes de cerdito, comenzamos a hablar y coincidimos en que las dos queríamos formar un grupo», señala. Aquella chica era la cantante Ari Up y allí arrancó la historia de The Slits.
Sin tener ni idea de lo que era un pentagrama, Palmolive comenzó a aporrear platos y tambores. «No hacía falta saber música o cantar para hacer punk», admite la artista, que hizo entonces una trascendental llamada a Málaga. Telefoneó a su padre para pedirle 100 libras para comprar una batería. «Y me contestó: «¿Una batería de cocina?», se ríe todavía a carcajadas cuando lo recuerda. Pese a la oposición de su padre, el dinero llegó.
Con baquetas en las manos y cantante, al dúo se les unió la bajista Tessa Pollitt y la guitarrista Viv Albertine. Y The Slits irrumpió en 1977. En apenas un mes ya eran teloneras de Sex Pistols y, además, les pagaban. «Era poco, pero para una chicas okupas que habían vivido de la Reina y su seguridad social, aquello era mucho», explica la intérprete que añade que la banda supuso «una ruptura absoluta porque no había grupo de mujeres». Y sus espectáculos eran rabiosos. Tanto que incluso Palmolive le llegó a tirar las baquetas a Ari cuando se pelearon en un concierto. «La gente creía que estaba preparado, pero éramos así», revela Paloma.
La evolución de The Slits se puede seguir por las letras que escribió la malagueña. Desde 'Number One Enemy', en el que «la sociedad era el enemigo», a «every body snifing 'clockaine' y 'televisine'» con esa ciudad en la que todo el mundo está enganchado a la droga de los horarios y la televisión. «El inglés no era mi lengua y por eso me sentía libre para inventar palabras», rememora la batería que, en una de sus últimas canciones para The Slits, sacaba sus raíces para hablar del «sueño de Don Quijote y su lucha contra dragones de hormigón». «'Adventure close to home' -aventura cerca de casa- es una letra importante porque expresa mi cansancio de aquel ambiente y que la relación con el grupo comenzaba a estropearse», revela Romero que se opuso a que el manager de los Sex Pistols, el autoritario Malcolm McLaren, las representara.
«No nos habíamos liberado y convertido en punkys para tener un manager que nos manejara», afirma la guerrillera Palmolive. Poco después firmaron con una casa de discos y ésta les propuso posar desnudas para la portada del primer LP, a lo que Paloma también se negó. «Yo podía enseñar lo que me diera la gana, pero no quería utilizar eso para vender discos», mantiene la artista sobre el hecho que le hizo abandonar The Slits. En 1979 se unió a un nuevo grupo, The Raincoats, y grabó un disco, pero se dio cuenta de que su búsqueda interior iba por otro sitio.
Para entonces ya conocía a Dave, con el que ha tenido tres hijos y con el que vive en Hyannis, donde la conocen como Paloma McLardy. Un largo camino la llevó hasta EE UU, pasando por la India, España y de nuevo Gran Bretaña, con esa búsqueda de sí misma en la que ha tenido también mucha importancia su fe. «He visto grandes cosas en nombre de Jesús y otras que me dan vergüenza, pero también viví ambas cosas en la música», reconoce Palmolive que, en este momento, dice tener ley al Cristo del madero que canta Serrat. Un cantante que también pone en sus clases de español. Enseña el idioma a niños, a los que igual les habla de la Alhambra que del Real Madrid y el Barca. Y cuando se portan mal, les dice: «Cuidado que fui una punky».
Entrevista a Palmolive en los años 70:
Entrevista y actuación The Slits
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