

Secciones
Servicios
Destacamos
Regina Sotorrío
Jueves, 3 de marzo 2016, 01:24
Si la mayoría de los músicos tienen en casa un pequeño estudio para sus grabaciones, él no. En su lugar, reserva un espacio para pintar. Si lo habitual es tener hoy al menos un móvil, él no tiene ninguno. Prefiere la llamada al fijo de siempre y vivir con «menos tensión». Y si muchos artistas buscan la foto, el reportaje o el programa que le mantenga en lo más alto de los índices de popularidad, él rehuye la fama. «Y cada vez más». Luis Eduardo Aute confiesa sentirse algo «raro» entre sus congéneres, un Giralunas, como se titula el disco homenaje en el que las nuevas generaciones de la música le cantan (desde Vanesa Martín a Natalia Lafurcade y Leiva pasando por Rozalén, Xoel López y Miguel Poveda). Este sábado estará en el Cervantes en una de las contadas ocasiones en las que se deja ver y oír para repasar sus temas más emblemáticos: Al alba, Rosas en el mar, Las cuatro y diez, Cine cine, Pasaba por aquí, Una de dos...
Una curiosidad, ¿de verdad que no tiene móvil?
No, no tengo. Y hasta aquí he llegado sin ese aparato (ríe).
¿Y cómo se vive desconectado?
Pues bien, con menos tensión.
Un Giralunas es aquel que tiene criterio propio, que cuando todos miran por inercia al sol decide mirar a otro lado. ¿Se siente un giralunas en esto de la música?
Algunas veces sí, y cada vez más. En estos tiempos que estamos viviendo, cada vez me siento más raro y más extraño entre mis congéneres.
Su condición para publicar Giralunas era que no se hiciera por marketing. ¿El afán comercial pervierte el sentido de un homenaje?
Sí, porque un homenaje tiene que ser de verdad. A la discográfica únicamente le puse dos condiciones. Una era que los que estuvieran allí fueran músicos que de verdad hubieran sentido algún afecto por mis canciones, que les hubieran ejercido algún tipo de influencia, que no fuera el típico disco de marketing de juntar nombres de gente con fama que no tuvieran nada que ver conmigo. Y la otra era que cada uno eligiera la canción que quisiera, que la rompiera por completo y la rehiciera como la viniera en gana. Y creo que se ha logrado.
¿A usted nunca le ha importado el número de ventas?
No trabajo las canciones pensando que vayan a gustar a la mayor cantidad de gente posible. Me importa sobre todo que me gusten a mí.
Es un hombre que siempre ha rehuido la fama, no se prodiga en fiestas ni grandes eventos...
Y cada vez más. Ya solamente salgo de mi casa porque tengo que cantar en algún sitio o por alguna cosa puntual. Todo el tiempo que pueda quedarme en casa y estar con mis cosas, lo hago. Tengo ya una edad, me queda menos tiempo en este planeta, y tengo que aprovecharlo al máximo.
«No pretendo fortalezas ni fortunas», canta en la canción que acompaña al corto de animación Vincent y el Gira Luna (dibujado, musicado y dirigido por el propio Aute), que se lanzó junto al disco.
Hombre, si la fortuna viene porque vendo muchos libros, cuadros o discos, no le voy a hacer ascos. Pero mi intención en la vida no es ser rico, sino vivir coherente con mis ideas y trabajar con rigor en lo que me gusta.
¿Le obsesiona el paso del tiempo?
Tanto como obsesionarme no, pero antes no pensaba en el paso del tiempo para nada, y de unos años a esta parte ya empieza a preocuparme un poco el desaprovecharlo.
La pintura ha sido una constante en su vida. Da la sensación de que podría dejar los escenarios, pero no la pintura.
Podría perfectamente no hacer conciertos, pero no puedo impedir ponerme a componer canciones. Igual que pintar. Eso forma parte de mi vida. No la entiendo si no me meto en esos líos. Escribir poemas, pintar o componer es algo que necesito por pura supervivencia. Ahora, lo de hacer conciertos es otra historia. Cada vez me da más pereza.
Me recordaba un compañero que usted hizo un cameo en una película que se rodó en Torremolinos en los años 60, Días de viejo color.
¡Madre mía! Sí, pero tengo que decir que esas patillas de roquero con las que salgo no eran mías. Pedro Olea me pidió que participara en su primera película de hippy, con melenas y medio tirado. Se me olvidó el tema y me corté el pelo. Cuando llegué al rodaje, estaban todos como locos buscando pelucas pero no había. Entonces, la maquilladora empezó a ponerme esas patillas. Yo le dije que no eran de hippy, que eran de roquero. Y me decía: «¡Es lo mismo, lo mismo!». Fue tan desastre que me prometí no hacer ningún cameo nunca más.
Conoció una Costa del Sol muy diferente a la que hay hoy, ¿queda algo de aquel Torremolinos de los 60?
Aquello ahora es Manhattan, no tiene nada que ver con el pueblito precioso que era en aquellos años. Ya empezaba el monstruo del turismo a devorarlo un poco, pero nada que ver con lo que es ahora.
Se acaba de celebrar el debate de investidura. Usted se declara un escéptico pero, ¿cree que vamos por el buen camino?
Sé lo mismo que tú. Estamos viviendo la agonía de un sistema capitalista que es un auténtico desastre. Hemos sobrepasado tanto el capitalismo que estamos inventando el Medioevo, con señores feudales que son quienes tienen todo el poder y todos los derechos, y nosotros somos los súbditos que pagamos los diezmos y no tenemos ningún derecho. Vuelven las cruzadas contra el infiel, las epidemias que ya incluso se prefabrican, los alquimistas vuelven con la obsesión de convertirlo todo en oro... Esto tiene que acabarse y tiene que empezar otra época que tenga más en cuenta la dignidad del hombre.
En esa visión tan pesimista...
Es lúcida, que no tiene nada que ver...
¿Queda hueco para la esperanza?
Tendrá que haberla porque, si no, ya me dirás cómo paramos este desastre. Veremos cómo, cuándo y quiénes.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
La juzgan por lucrarse de otra marca y vender cocinas de peor calidad
El Norte de Castilla
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.