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DANIEL LÓPEZ
Lunes, 18 de mayo 2009, 04:00
Miguel Ángel Valverde es el orientador del Instituto de Enseñanza Secundaria Mar de Poniente de La Línea de la Concepción. Es licenciado en pedagogía y ha trabajado como maestro durante 30 años, aunque lleva una década dedicado a la orientación. Actualmente compagina sus labores con la administración de dos 'blogs' (http://orientaponiente.blogspot.com y http://entrepasillosyaulas.blogspot.com), mediante los que asesora a personas de todos los rincones de manera desinteresada en sus ratos libres y sirven de punto de información para alumnos, profesores y padres.
- ¿Cuál es la figura del orientador dentro de un centro educativo?
- El orientador es una persona que trata fundamentalmente de ayudar en un centro educativo al alumnado, al profesorado y a la familia. Es una labor que se puso en marcha en los años sesenta con la puerta en marcha de la Logse, y creo que se ha consolidado y es algo necesario dentro del centro.
- ¿En qué se basan las labores del orientador?
- Somos como una especie de bomberos, para cualquier cosa recurren a nosotros, al menos esa la sensación que tengo, pero la ayuda se centra en tres aspectos fundamentales, aunque estamos un poco para todo. Uno es el ámbito de la acción tutorial, tratar de poner en marcha mecanismo de seguimiento del alumnado y de los problemas que pueda tener, mediante la coordinación con el profesor tutor, con un seguimiento muy detallado juto al tutor correspondiente.El segundo ámbito de trabajo importante es el de la atención a la diversidad, poner en funcionamiento las medidas que el sistema establece, y poner en marcha otras que nos 'inventamos' ante problemas que no están previstos para ayudar a alumnos con problemas de estudios o con necesidades educativas especiales. Esto se hace sobre todo con el alumnado con un desfase importante, desde algún alumno superdotado, con necesidades educativas que necesitan un plan de enriquecimiento, hasta a alumno con cierto retraso o con un trastorno general del desarrollo que necesita una atención especial.Por último, el tercer ámbito es la atención académica y profesional o vocacional. Ayudamos al alumnado a que pueda tomar las decisiones que tengan que tomar en cada momento de manera razonada, es decir, que no decidan por lo que elijan sus amigos sino por lo que a ellos les convenga.Esto se hace mediante el aporte de información y el control de una enorme información que hay en el sistema. El problema no es que les falte información sino tienen exceso y hay que buscar mecanismos para que esa información les llegue en el momento adecuado. En la orientación hay una gran cantidad de trabajo y siempre hay cosas, donde dependiendo de las características de los centros, haces mayor énfasis en una que en otras.
-¿Suelen acudir los alumnos a demandar la ayuda, o son más los casos en los que los orientadores buscáis a los estudiantes?
-Yo no pongo trabas a que vengan. Hay procedimientos por parte de los orientadores. Los alumnos pueden pegar siempre en la puerta y venir. Yo no tengo ni horas ni protocolo de acceso, quien tiene una necesidad me lo dice y yo le digo la fecha en la que pueden venir. Estás siempre liado, pero le das a los chavales una sensación de accesibilidad. La gente que viene nueva a veces se cree que a los departamentos de orientación sólo vienen los alumnos con problemas y no es así. En años anteriores hacía estadísticas sobre quién venía y el resultado era que a veces por aquí pasaba más del 20 por ciento del alumnado general.
- ¿Qué tipo de ayuda es más demandada: la académica o la personal?
-De todo tipo y depende del momento. Ahora una gran parte de la demanda es vocacional, aunque siempre hay una demanda sobre temas de conducta. Sobre esto tengo un trabajo constante con una tarjeta de seguimiento con la que los profesores controlan durante varias horas lo que hacen, y ayuda a quien se comporte bien y a que trabajen en casa para que tengan una trayectoria educativa normalizada. En temas académicos también actuamos. Tengo un grupo de estudiantes con el que trabajo temas de habilidades sociales y educación emocional, así como la planificación y organización del estudio. Tratamos que aprendan a que tengan un hábito de estudio y controlar los problemas de desconcentración que tienen.
-¿Cómo afronta un orientador los problemas de violencia en los institutos?
-Tienes que afrontarlo de forma preventiva. Organizamos en el primer trimestre tutorías sobre prevención del acoso escolar. Tenemos una guía que se llama 'Tratémonos bien' en la que abordamos el tema en positivo, para no verlo desde el punto de vista del acoso escolar. Intentamos hacer ver que nos trataríamos bien usando determinadas cosas. Informamos qué conductas no son normales, porque muchas víctimas se acostumbran a normalizar que otras personas les traten mal, y qué puedo hacer si pasan estas cosas.
- Y qué es lo primero que hay que hacer en estos casos.
-Denunciarlo. No se le puede aconsejar a una víctima que lleve en silencio su victimización.También trabajamos para los espectadores, ya que hay que hacerles ver que no es de chivatos decirlo, es de tener sentimientos. No hay que le la gracia a la persona que lleva a cabo el acoso. Luego tratamos de estar atentos a las situaciones que se producen. Es fundamental que llegue a nuestro conocimiento. No tenemos demasiados casos de acoso, entendiéndolo como una situación de maltrato que se repite en el tiempo, pero cuando vemos conatos que pueden ser iniciales, actuamos rápidamente y le damos prioridad absoluta.
¿Cómo actuáis respecto al agresor?
-La persona que maltrata es una persona que está en período de aprendizaje y hay que tratar primero lo educativo. Le intentamos hacer ver que hay una persona que lo está pasando mal porque le está haciendo algo que lo perjudicas, y hay chavales que entran en la lógica, y si esto no lo conseguimos entraría la posibilidad de la expulsión.
-¿Suele acudir la víctima a demandar la ayuda o son más los casos en los que los profesionales del centro detectáis el problema?
-En nuestro último caso fueron los padres lo que pusieron en evidencia porque vieron un moratón en el brazo del hijo. No era un caso de acoso como tal porque no había esa repetición en el tiempo que comentaba anteriormente. En otros casos son los tutores los que se dan cuenta o los compañeros y en otros casos la víctima, que la mayoría de las veces por temor se lo calla, por eso hay que trabajar con los espectadores.
-¿Cuál es el nivel de implicación de los padres?
-Es como todo, la botella está a la mitad, si el padre se implica, la ves llena, y si no se implica, vacía. Probablemente tengamos más padres que se impliquen, aunque también los hay, que no estén educando a sus hijos de manera adecuada, que no hagan una supervisión adecuada con niños que se van a la calle después comer y no vuelven hasta por la noche, están siendo educados por sus iguales. También hay casos de sobreprotección de padres que están están más atentos a las quejas de los niños que a que puedan tener los hábitos mínimos y la educación mínima para no tener problemas en el instituto. Hay padres que creen antes al hijo que al profesor.Los padres tienen que saber decir «no» y pelearse con ellos, pero ese es el camino adecuado. Al principio no te lo va a valorar, pero 10 o 15 años después lo va a entender, que gracias a eso puede tener unos estudios.También los hay que porque a lo mejor no entra en su cultura tener a los hijos supervisados y dejan a los niños hacer lo que quieren, son los casos más peligrosos, porque están siendo educados por los amigos.
-¿Puede ser de aquí de donde provengan mayormente los agresores en los casos de violencia?.
Hay de todo, pero normalmente los niños que están más educados, donde la familia les está transmitiendo una idea de lo que pueden y no hacer, creando una conciencia sobre lo que está bien y mal, si es un adulto en condiciones el que educa a un niño en esa dirección estará bien, pero si esa dirección moral o ética la ponen en manos del grupo de iguales, ese no está en condiciones en saber lo que le conviene y lo que no, actúan por lo que desean.Es difícil el trabajo de ser padre, ya que para llevar la dirección correcta hay que enfrentarse a ellos. Ser padre y madre es ser pesado. Si uno dice «no» de vez en cuando y te dicen los hijos que eres pesado, estás haciendo bien el trabajo, si no te dicen nada, a lo mejor no lo estás haciendo bien. Es el mito del padre amigo: padre y madre son eso, para amigos ya tienen muchos, hay que hacer el trabajo aunque llevándose bien con los niños.
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