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VENTURA GARCÍA
Domingo, 19 de abril 2009, 13:37
El presidente de la Ciudad se pronunció ayer sobre el caso de los 63 bengalíes que desde hace tres años residen en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Melilla (CETI), y lo hizo para llamar la atención sobre el hecho de que el Gobierno central «se haya olvidado de que aquí tenemos ese problema». Juan José Imbroda reprochó también a quienes «tienen la responsabilidad» en Melilla que no acudan al Ejecutivo central para poner en evidencia cuál es la situación de ese colectivo así como para «darle una solución».
El jefe del Gobierno autonómico reconoce que no alcanza a entender por qué «otros salen y ellos no», en referencia a los subsaharianos y argelinos que a lo largo de los últimos tres años han ido abandonando el CETI rumbo a la península. «No lo comprendo», apuntó el presidente, «no tiene sentido que los dejen en Melilla, una ciudad con menos recursos y más limitada».
«¿Qué pasa aquí?», se preguntó Imbroda, «¿es que otros inmigrantes tienen más derechos?». En declaraciones a Onda Cero, el líder del Ejecutivo local animó al Gobierno central a «ponerse a trabajar por los derechos humanos».
Ayuda
El colectivo de inmigrantes de Bangladesh inició el pasado mes de febrero una campaña de recogida de firmas para reclamar al Gobierno de España que se legalice su situación antes de que se ejecute la orden de expulsión que pesa sobre ellos. Sostienen que, contra lo que ha sucedido con argelinos y subsaharianos, ellos llevan muchos años esperando que se regule su estatus. Los 63 bengalíes aseguran que desde 2005 han pasado por el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes cientos de personas que, en apenas unos meses, lograron salir de Melilla rumbo a la península. Ellos están «condenados», afirma uno de ellos, a ver cómo los demás se van y ellos se quedan. Lamentan también que no se tenga en cuenta ni su exquisito comportamiento ni su intachable conducta, actitudes que valoran tanto los profesionales que trabajan con ellos en el CETI como el conjunto de la ciudadanía.
Para los inmigrantes de Bangladesh, resulta frustrante comprobar que todos los sacrificios hechos hasta llegar a Europa no sirven más que para prolongar su incertidumbre. La mayoría de ellos tuvo que vender todas sus posesiones para emprender un camino largo y lleno de dificultades. Después de dos años de viaje, de ser engañados por los traficantes y de ver morir a muchos compañeros en el Sáhara, los bengalíes se encuentran con un insalvable muro legal. «Preferimos la muerte que volver a nuestro país», afirman con la esperanza de que desde el Gobierno se les escuche y se les atienda.
Los bengalíes, que han recogido más de 12.000 firmas de apoyo, seguirán concentrándose cada sábado por la tarde en la Plaza Menéndez Pelayo.
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