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NURIA TRIGUERO
Viernes, 3 de octubre 2008, 04:04
«Hasta un pobre puede invertir en un huerto solar». Con frases como esta, la empresa malagueña Sifa Fotovoltaica convenció a más de cien personas para que le confiaran sus ahorros. Es la inversión de moda: plantas fotovoltaicas ubicadas en el campo y promovidas por grupos de inversores con el fin de vender la energía 'cosechada' a compañías eléctricas y así obtener rentabilidades fijas cada año.
Sifa desembarcó en este negocio en septiembre de 2007, anunciando la construcción de cinco huertos solares en las provincias de Málaga, Granada y Murcia. Por sólo 10.000 euros, aseguraban sus responsables, se podía acceder a esta rentable inversión. Un año después, ninguno de sus proyectos tiene visos de hacerse realidad y la compañía no ha devuelto el dinero supuestamente captado, por lo que 22 de sus clientes presentaron el viernes pasado ante el juzgado de guardia en Málaga una querella por estafa contra la empresa y sus responsables.
Este periódico se ha puesto en contacto con representantes de Sifa Fotovoltaica, que se limitan a manifestar que no ha habido «ningún engaño», y que todo se debe a un «problema de financiación» debido a la crisis económica mundial.
Los afectados que han acudido a los tribunales invirtieron un total de 559.700 euros en los proyectos de la compañía, aunque el presunto fraude podría ascender a varios millones, pues el número de clientes supera los cien. Desde el bufete Martínez-Echevarría, Pérez y Ferrero Abogados, que representa a los denunciantes, anuncian que próximamente ampliarán la querella para incluir a más víctimas.
En los contratos que firmó con sus clientes, Sifa se comprometía a la puesta en marcha de las plantas fotovoltaicas, así como a conseguir los permisos y la financiación bancaria. El precio de la inversión quedó fijado en 650.000 euros para cada huerto solar de cien kilowatios, pero la compañía prometió a los primeros clientes que sólo deberían aportar un primer pago de 10.000 euros, pues el proyecto «se autofinanciaría», según reza la querella.
Estructura piramidal
Además, Sifa ofrecía a los inversores la posibilidad de trabajar a su vez como comerciales a cambio de una comisión. De esta forma, muchos introdujeron en la inversión a familiares y amigos. «Esta forma de actuación les permitía crear una estructura piramidal en la que cada cliente podía convertirse en comercial que atraía a nuevos clientes, y así sucesivamente», afirma Carlos García-Manrique, letrado de Martínez-Echevarría.
Ante el aumento de clientes, la empresa empezó a exigir más dinero para entrar en la inversión: desde 32.000 euros hasta 130.000 en algunos casos. García-Manrique destaca que las condiciones eran «cambiantes, sin atender a un criterio homogéneo». «El caso era coger dinero como fuera», apunta.
Según los inversores, cuando preguntaban por el estado de las obras, los responsables de Sifa aseguraban que estaban muy avanzadas, pero prohibían la visita a las mismas. Eso hizo sospechar a varios clientes, que se desplazaron hasta Zújar y Gor (Granada), donde estaban proyectados dos de los huertos solares. Allí no había nada. Su perplejidad aumentó cuando contactaron con los propietarios de los terrenos, que dijeron no conocer a Sifa Fotovoltaica.
El único huerto solar que empezó a construirse es el de Jumilla, pero las obras quedaron paralizadas en seguida por impago a los proveedores. De hecho, una de las empresas contratadas por Sifa Fotovoltaica, Grupo Iman, ha acabado en quiebra, con la circunstancia añadida de que sus dueños se habían hecho a su vez clientes de la compañía denunciada.
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