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VALOR. La literatura israelí es una de las más interesantes del siglo. / E. MORENATTI. EFE
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Los autores judíos han reflejado la lucha de un pueblo que el 14 de mayo cumple el sesenta aniversario del nacimiento del Estado hebreo

MARIO VIRGILIO MONTAÑEZ

Viernes, 9 de mayo 2008, 03:57

HACE sesenta años, el 14 de mayo de 1948 debieron nacer dos estados al ser descolonizados por Gran Bretaña. Esa fecha, sólo uno proclamó su independencia, y se llamó Estado de Israel. El otro, musulmán, sigue a la espera de su creación. En todo caso, según el calendario hebreo, esa fecha histórica fue el 5 de Iyar de 5708. Por las variaciones entre ambos calendarios, el 60 aniversario del nacimiento del Estado de Israel es el 10 de mayo. Una ocasión especial para dar a conocer la literatura de ese país que en España es escasamente conocida pero, aun así, muy bien valorada.

Aunque estrictamente la literatura israelí es la del estado israelí, su literatura surge antes de 1948, pues durante décadas se fue produciendo el fenómeno de la aliyah (literalmente, 'subida'), que no es sino la llegada de personas dispuestas a forjar la nación, por lo que puede hablarse, en justicia, de pioneros también en el ámbito literario, que aparte de los hechos políticos, diplomáticos e incluso militares, fueron creando una tradición literaria que tendría sus primeros frutos importantes con anterioridad a la declaración de independencia. Este elemento peculiar de la literatura israelí no es, con todo, el más importante, pues éste no es otro que el idioma, sujeto también a una historia peculiar. En el curso de las diferentes oleadas de aliyah que se dieron en el último tercio del siglo XIX, azuzadas por las persecuciones y matanzas de que eran víctimas los judíos dentro del imperio ruso, el lingüista Eliezer ben Yehudá (1858-1922) se planteó, una vez instalado en Jaffa, que él y su esposa hablaran entre ellos únicamente en hebreo.

El dato parece irrelevante, pero el hebreo había dejado de hablarse como lengua cotidiana en la Antigüedad, reemplazada en el uso por el arameo y solamente conservada en la liturgia hebrea. Así, el hijo de la pareja, Ben Zion, fue el primer niño de habla hebrea desde la Antigüedad. El milagro de la resurrección de esta lengua, que es junto al árabe el idioma oficial de Israel, le da al hebreo una flexibilidad especial, ya que según el escritor israelí más famoso de la actualidad, Amos Oz, permite a los autores israelíes sentirse como los contemporáneos de Shakespeare, forjando un idioma en cada obra, adaptándolo, renovándolo, fijándolo.

Un himno nacional

A esta etapa pionera, previa a la independencia, pertenece Naftalí Herz Imber, cantor de la vida de los pioneros, de la restitución del pueblo de Israel. Fallecido en 1909, tuvo una vida vagabunda regada de alcohol, fue sionista y laico y autor del poema 'Hatikvá' ('La esperanza'), musicalizado como himno nacional del Estado de Israel. Es el primer poeta de Israel según criterios estrictamente sentimentales, por la fuerza emotiva de su himno y su significado, pero al haber estado sometido en vida a agrias disputas en las que se esgrimieron acusaciones de trabajar encubiertamente a favor de intereses extranjeros, su figura es objeto tanto de controversia como de leyenda.

Pero si hay un poeta nacional en Israel éste es Jaim Nachman Bialik (1873-1934), autor de poemas de dolorosa belleza y un uso imaginativo del idioma. Un ejemplo ilustrativo de su poesía es el sobrecogedor poema 'A mi retorno', en el que narra la visita al lugar de su origen, pleno de deterioro, de pesadumbre, olvido y silencio, y concluye con un expresivo «Hermanos: nada cambiasteis; lo viejo / envejeció con terquedad... / Entro a haceros compañía, a pudrirnos / juntos hasta apestar». Bialik, con un eco romántico e introspectivo, no renunciaba a dedicar sus poemas al enaltecimiento de la causa sionista, llamando a superar la etapa de los ghettos, a la vez que participaba personalmente en la creación de nuevas organizaciones que sirvieran al futuro de la futura nación. Junto a él, las grandes figuras de esta época serán los poetas Saul Chernijovsky (1875-1943), de espíritu panteísta y lleno del espíritu de las culturas mediterráneas, y Natan Alterman (1910-1970), de componentes tan cultos como populares.

Sería la lucha por la independencia, liderada por el Palmach (cuerpo de choque creado en 1941 ante el temor a un ataque nazi contra Palestina y más tarde dedicado a combatir la ocupación británica), la que marcará la primera generación literaria del nuevo Estado. Este cuerpo militar dará lugar a la generación de escritores que comienza a formarse en la década crucial de 1940. Entre sus autores, el principal es S. Yzhar (1916-2006), que desde 1938 intentó forjar en las letras el carácter israelí, que él quería aparte de las nostalgias de la diáspora y comprometido, a base de fortaleza y decisión, con la construcción del país.

Este mismo tipo de héroes positivistas será retratado por sus compañeros de la 'Generación Palmach' como Moshe Shamir, Ygal Mossinsohn, Aarón Megged, Nathan Shaham y Hanoch Bartov. Las novelas de este grupo fueron extremadamente populares en las décadas de 1940 y 1950, en consonancia con el espíritu de su tiempo y el compromiso histórico que se exigía. Será en los años cincuenta cuando la épica ceda su lugar a la experimentación y el individualismo.

En torno a la prensa

Así, esta nueva etapa tiene su origen en la fundación del periódico Likrat (Hacia) en 1952, que nuclea a su alrededor a una serie de poetas como Natán Zaj, Moshe Dor, Yehuda Amijai y David Avidan, que pasan a expresarse desde la experiencia individual de cada uno, abandonando los temas políticos e ideológicos, influidos tanto por la poesía inglesa contemporánea como por el existencialismo francés.

Entre ellos, Zaj, nacido en 1930 y aún en ejercicio, introdujo el humor, la ironía, las imágenes sobrecargadas y la ruptura con la solemnidad profética. Puede afirmarse que si Bialik fue el mayor poeta israelí de la primera mitad del siglo, es a Zaj a quien corresponde ese honor en la segunda mitad, o al menos el de haber supuesto una revolución en la poesía hebrea contemporánea.

Esta evolución de las letras, desde lo patriótico a lo individual, se plasma también en la ficción a través de o que se denomina como 'generación del estado' o 'nueva ola' y que surge a mediados de los años sesenta. De ella proceden autores como Benjamín Tammuz, autor de una espléndida novela, 'El minotauro' publicada en España por Destino, así como Amos Oz, Aharon Appelfeld y Abraham B. Yehoshua, todos ellos presentes, junto a los posteriores David Grossman y Etgar Keret, en el mercado editorial español, a los que habría que añadir a una delicada autora de relatos, Amalia Kahana-Carmon, encontrable solamente en las pocas antologías de literatura israelí editadas en español.

En esta época se produce también el reconocimiento oficial de las letras israelíes merced al Premio Nobel concedido en el año 1966 a Shmuel Yosef Agnon (1888-1970), recordado principalmente por su novela 'Huésped para una noche' y que se caracteriza por un sentido musical de la escritura, con historias intimistas que parecen casi susurradas y un delicado sentido de compasión hacia sus personajes.

Esta tradición, reciente, es la que ha hecho posible que las letras de Israel sea una de las más interesantes de nuestro siglo, a la vez que los hechos históricos, sujetos a controversias por lo común cargadas de rabia (el reciente boicot al Salón del Libro de París, que tenía a Israel como país invitado es un ejemplo elocuente), han hecho que la fama de esta literatura pujante, intensa y rica no sea lo suficientemente conocida entre nosotros.

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