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TEXTO Y FOTO: M. J. CRUZADO
Sábado, 2 de febrero 2008, 02:46
CADA vez más personas utilizan la bicicleta para hacer deporte, pero no son tantas las que la usan diariamente como medio de desplazamiento. Suvi Hannele Kauranen, concejala de Extranjeros Residentes de Fuengirola, es una de esas pocas excepciones y parte de esa revolución silenciosa que se mueve con una idea muy simple: recuperar el espacio robado por el automóvil. Monta en bicicleta desde los cinco años, aunque no fue hasta hace ocho cuando decidió promover en Fuengirola el uso del pedal como medio privilegiado de transporte.
Desde que salió elegida como concejal en las últimas elecciones municipales, esta finlandesa de 50 años acude todos los días al Ayuntamiento en bici. «Es un estilo de vida; el respeto al entorno y al medio ambiente es uno de los signos de identidad de Finlandia. Los niños saben montar en bicicleta y nadar antes de entrar en el colegio».
Hay reacciones para todos los gustos. Más de uno le ha comentado que una concejal debería ir en coche porque la bicicleta es de «pobretones». Es un problema de mentalidad, sostiene. «Yo siempre digo que soy tan rica que puedo permitirme el lujo de ir en bicicleta. Soy una privilegiada». En los países más desarrollados han optado por la bicicleta en la ciudad porque «es respetuosa con las personas y el medio ambiente, no emite gases de efecto invernadero ni otros gases contaminantes, no emite ruidos, su utilización es saludable, tanto desde un punto de vista físico como psíquico, ayuda a convivir y se aparca fácil».
De compras
Kauranen pedalea por las calles para ir a trabajar, pasear o ir a la compra. Sí, a la compra. «Tengo carné desde hace 32 años y me encanta conducir, pero no saco el coche si voy a recorrer pocos kilómetros. Es la forma más cara de viajar». Desde su casa en Los Boliches tarda seis minutos en llegar al trabajo; en coche, un mínimo de 15. Y sin carril bici. «En mi país hasta la planificación urbanística gira en torno al uso de la bicicleta como medio de transporte. Aquí no existen esas facilidades, y en Fuengirola, dado su tamaño, menos».
Los cuatro miembros de su familia utilizan la bicicleta. «Cuando mis hijos eran pequeños los llevaba en bici a todas partes con sillines adaptados. De hecho, la primera persona que conocí que no sabía montar en bicicleta fue en Fuengirola», ciudad en la que reside desde hace 15 años.
En la localidad costasoleña los ciclistas son una pequeña comunidad. «Nos miramos cuando pasamos cerca y sonreímos. Nos conocemos todos», afirma.
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